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Este escrito no busca justificar ninguna práctica violenta o de intimidación contra ningún/a profesional del periodismo, solo intenta explicarlas.

En la que quizá sea la protesta más numerosa de los meses que llevamos de pandemia, se registraron actos de intimidación contra colegas que trabajan en medios masivos de comunicación. ¿Por qué?

¿Dónde estaba la orientación de los liderazgos de políticos “experimentados” que se supone acompañaban a quienes se manifestaban?

Decía el oportunista del sombrero que: “estaban ahí defendiendo a la clase trabajadora”, y la persona profesional del periodismo ¿qué es según ellos?

También es una persona trabajadora que no es responsable por las líneas editoriales (acertadas o no) del medio para el que trabajan. Líneas editoriales, que al parecer y según los insultos de “prensa vendida”, ahí estuvo la motivación de quienes intimidaron con fuertes palabras y gestos a quienes cubrieron la manifestación.

En Costa Rica como en la gran mayoría de medios de comunicación del planeta, estos se financian con publicidad que pagan marcas de comida, bebidas alcohólicas, bancos privados o públicos, partidos políticos, instituciones del Estado, o básicamente cualquiera con la cantidad suficiente y que sea del interés del medio.

Desde hace años la ciudadanía sabe lo que eso puede significar: que las informaciones que se generan desde esos medios y con esos patrocinadores, produzcan informaciones que sean de ventaja para quienes pagan la fiesta.

¿La solución imperfecta a esto? Balances justos. Al estudiar periodismo, en las academias universitarias nos enseñan que se deben presentar las informaciones con base en mínimo dos fuentes, entiéndase por “fuentes” a personas que tiene alguna expertiz en determinado tema. A la presentación de ambas versiones de la misma moneda se le llama balance.

Según el medio que se consuma, podrán ver entrevistas sobre temas donde solo hay un invitado y, por tanto, una única versión de los hechos es la que se presenta. A veces se disimula haciendo una inserción de pocos segundos de la otra versión, para decir: “damos espacio a todas las voces”. Pero lo cierto es que se le dio menos tiempo para que desarrollara su propuesta a la fuente que participó por medio de inserción. ¡Injusto y peligroso!

También pasa que invitan a una entrevista con mucho más anticipación a una persona que a otra, se da más detalle de qué se abordará en la entrevista a algunas personas, fácil se descarta a una fuente que cuyos tiempos de agenda no son de mucha disponibilidad. Se da la facilidad de ir hasta donde está alguna de las fuentes mientras a otras se les hace ir a algún lugar en particular.

En fin, prácticas desbalanceadas son sencillas de aplicar y con cierta sensibilidad social, nos damos cuenta de eso y lo decimos.

¿Cuál es el problema? Se preguntarán algunos ingenuos. Bueno, que en ese amorfo que llamamos “imaginario colectivo”, se empieza a generar una única versión de los hechos. Un intento perverso de generar una sociedad monolítica que excluye cualquier intento de diversificar las voces críticas de la opinión pública.

Para quienes ayer se manifestaban (con razón o no), habían visto lo que ocasionó una cobertura mediática desbalanceada sobre el plan fiscal o el derecho a huelga, y que, por ejemplo, años atrás se había dado con el TLC. Es que han estado estirando la liga por muchas décadas y pareciera estar a punto de reventar.

No, no se justifica la violencia contra colegas, pero deberían pedirle cuentas a quienes toman las decisiones de las líneas editoriales sobre a cuáles motivaciones e intereses están respondiendo y cómo aportaron a esta inestabilidad social.

“Esteban, pero hacer eso es posiblemente quedarse si trabajo”. ¿No se supone que eso es lo que hace nuestra profesión, cuestionar sin importar qué? ¿Entonces? ¿Usted quiere ejercer un periodismo valiente y crítico, o solo ser una oveja más que asiente con la cabeza y cada mes ver números ingresando a su cuenta bancaria? Es legítimo, hágalo así, pero sepa que en su entorno está pasando mucho y usted tiene parte responsable en su acción u omisión.

Y eso si es que le pagan justamente, pero ese es tema para otra.

Estamos llegando a puntos críticos y no es solo el gobierno quien está jalando la liga; también los medios, cámaras empresariales, partidos políticos, las iglesias irruptoras en la política, las fundaciones con intereses económicos. La falta de trabajo, la enfermedad, el hambre. Habilitar una página web dónde enviar recomendaciones al gobierno no es un diálogo nacional. Como tampoco lo es conformar una mesa con solo el sector empresarial carente de representación real y que pareciera estar mayoritariamente compuesta por solo hombres.

O buscan bajarle la tensión a la liga, o no les quedará democracia y paz que pregonar.