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Recuerdo cuando en el colegio nos llevaron a ver el documental Una Verdad Incómoda al Cine Magaly.

Desconocía quién era el señor que hablaba o la importancia de lo que decía. Pero recuerdo muy bien que, en un momento hacia el final del documental, giraba su mirada hacia la pantalla que proyectaba su presentación. Se enseñaba una balanza donde a un lado estaban varios lingotes de oro (la economía) y al otro lado el planeta (está de más mencionar que la imagen me quedó grabada hasta hoy).

“Hmmm…”, musitaba Al Gore mientras se ponía su manto en el mentón y veía a la audiencia con una sonrisa burlona. Quienes le acompañaban en el anfiteatro rieron. La elección parecía obvia. Sin embargo, 14 años después, parece que no hemos aprendido a balancear ambas variables.

El coronavirus que ocasiona la enfermedad COVID-19 es solamente uno de varios virus similares por venir, según la experta en salud global Alanna Shaikh. Recientemente, la organización TED publicó su charla titulada El Coronavirus es nuestro futuro, donde la experta detalla que “este no es el último brote importante que veremos. Habrá más brotes, y habrá más epidemias. Eso no es un tal vez; eso es un hecho.”

Con más de 20 años de experiencia en sistemas de salud global y cómo estos se afectan al enfrentar amenazas como el actual coronavirus, amplía diciendo: “Esto es un resultado de la manera en que nosotros como seres humanos interactuamos con el planeta”. Explica que el cambio climático y el calentamiento global crean ambientes más “hospitalarios” para el brote de nuevos virus y bacterias. Además, el riesgo de nuevas epidemias también aumenta cuando entramos en los últimos espacios naturales del planeta o cuando se tiene contacto con las últimas especies animales. Por ejemplo, cuando el año anterior se entró al Amazonas para hacer terreno para la actividad ganadera o cuando en China se cazan animales salvajes hasta el borde de la extinción.

Estos niveles de explotación implican el riesgo de nuevas enfermedades, lo cual tiene sentido si consideramos que los coronavirus, como el que produce la enfermedad COVID-19, el SARS (Severe Acute Respiratory Sindrome) y MERS (Middle Eastern Respiratory Sindrome) de años anteriores son zoonóticos; virus que se transmiten de animales a personas. El virus que enfrentamos actualmente se transmite también de persona a persona, lo cual hace que se propague de manera más rápida y a mayores distancias. “Mientras continuemos haciendo nuestros lugares remotos menos remotos, los brotes van a seguir viniendo”, sentencia Shaikh.

Y mientras nuestra economía se asfixia, nuestro planeta respira, Lauri Myllyvirta, analista en el Centre For Research on Energy and Clean Air, determinó que los niveles de dióxido de nitrógeno en China disminuyeron en un 37%. Esto, unido a otra serie de cambios como la demanda de materiales y usos energéticos (quema de petróleo para el funcionamiento de fábricas, uso de carbón) hizo que las emisiones de C02 hayan disminuido en un 25% en China, comparado al mismo período en el año 2019. Esto significa una reducción de aproximadamente 100 millones de toneladas de CO2, lo cual representa el 6% de las emisiones a nivel global en el mismo período. La Agencia Espacial Europea y el Earth Observatory de la NASA se unen a otro par de entidades que han detectado este comportamiento.

Estos hallazgos deberían hacernos entender que somos los causantes de todo esta pandemia. Deberían hacer que apreciemos este momento en la historia como el punto de inflexión que es; primero para nuestro estilo de vida y segundo en la manera en que tratamos al planeta.

Con respecto al primero, un reciente estudio del Imperial College de Londres, explicado en el MIT Technology Review, determinó que de ahora en adelante la mejor estrategia para frenar la pandemia de coronavirus requiere que nos confinemos dos de cada tres meses. Esto se debe a que mientras haya una sola persona en el mundo con el virus, los brotes pueden seguir ocurriendo. De esta forma, la mejor manera de retomar nuestras vidas y evitar más propagación consiste en imponer medidas de alejamiento conforme los ingresos en las unidades de cuidados intensivos (UCI) aumenten. Cuando el número de personas en las UCI se reduzcan, asimismo se pueden suavizar las medidas de alejamiento.

Con respecto al segundo, hay que tener claro que las acciones que tomemos como inquilinos de la Tierra no la afectan a ella, sino a nosotros mismos. George Carlin, comediante y activista estadounidense aclara este punto en su standupJammin' in New York” de 1992, específicamente en la sección The Planet is Fine (El planeta está bien); el planeta no depende de nosotros, sino que nosotros dependemos de él.

“¿Salvar al planeta? ¡Ni siquiera sabemos cuidarnos a nosotros mismos! Cuidarnos los unos a los otros. ¿Y vamos a salvar al planeta?” “El planeta no va a ningún lado; ¡nosotros sí!”, continúa diciendo. “El planeta va a seguir aquí por mucho tiempo y se va a curar a sí mismo, se va a limpiar a sí mismo porque eso es lo que hace. Es un sistema autocorrectivo.”

De todos los escenarios negativos que van a salir de esta pandemia; la economía, el aislamiento  social, las muertes… el peor escenario sería no aprender. No aprender a estar listos para anticiparnos a estos brotes y poder reaccionar de manera más rápida, como concluye en su TED Talk, la charlista Shaikh. No aprender a balancear nuestra actividad en la Tierra con el cuido de la misma. No aprender que, como decía George Carlin, el planeta va a seguir aquí.

La verdadera pregunta es si nosotros queremos seguir en él.