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El cambio climático no debe ser un tema de moda dentro de las agendas discursivas y políticas a nivel nacional, regional y global, sino es un tema que realmente necesita la atención y los esfuerzos de los actores sociales que interactúan en sus diferentes niveles de acción, debido a las consecuencias en todas las dimensiones de la vida natural y social tal como la conocemos. El agua como recurso es un tema realmente importante en el presente y futuro para nuestro país, así como para la región latinoamericana y caribeña.

Para nadie es un secreto que el recurso hídrico es fundamental para nuestras vidas como seres vivos, al igual que lo es para la flora, la fauna y en general, para la biodiversidad natural de nuestro planeta. En el pasado se consideraba un recurso inagotable, sin embargo, pecamos de ingenuos, y es nuestra responsabilidad —gobiernos, gobiernos locales,  empresas privadas, organizaciones no gubernamentales, organismos internacionales, academia, sociedad civil—, asumir con criterios técnicos actuales y con estudios serios que brinden proyecciones acerca el recurso hídrico, para tomar las decisiones acertadas, no solo para proteger el acceso del recurso como derecho humano a la población actual, sino también por la responsabilidad que tenemos como sociedad con las futuras generaciones.

La inseguridad hídrica es una de las llaves que abre la puerta o profundiza una serie de desigualdades para la sociedad y nuestro entorno. Estas desigualdades son analizadas en el último informe presentado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en el 2019.  Las dimensiones de estas desigualdades son: la desigualdad relacionada con la alimentación y nutrición, desastres naturales y desplazamientos humanos, equidad de género, la producción agroalimentaria, y las consecuencias en salubridad.  Lo anterior, aparte de mostrar lo multidimensional que es la inseguridad hídrica en nuestras vidas, muestra las formas en las que se viola de manera indignante día tras día el derecho humano de las personas a tener acceso a agua potable y saneamiento.

El estrés hídrico también es otro aspecto para considerar al momento realizar proyecciones, sin embargo, es necesario contextualizar la importancia de este indicador y lo que omite en ocasiones al momento de generar recomendaciones.

En el siguiente mapa global (figura 1: Nivel estrés hídrico físico*) se observa cómo el estrés hídrico se está presentando en las distintas regiones del mundo.


Figura 1: Nivel de estrés hídrico físico*

Fuente: ONU (2018a, pág. 72, basado en datos de AQUASTAT).

Las regiones que poseen mayor estrés hídrico (mayor al 10%, según el mapa anterior) presenta situaciones en donde la sostenibilidad del recurso hídrico como también su acceso, se convierte en un tema de potencial conflictividad entre los sectores usuarios del recurso.

Asimismo, es importante considerar tres elementos (puede haber más) para complementar este indicador. Los meses de mayor escasez del recurso hídrico, varían de país en país, además las zonas con mayor escasez o con mayor disponibilidad de agua no son similares dentro de los territorios de los Estados, como también el elemento de que existan fuentes disponibles de agua, pero existe la escasez económica tanto para construir la infraestructura de acceso al recurso, como también para distribuirla, aunado al costo que posee la distribución, y en ocasiones al extremo de llegar a la mercantilización del agua.

Nuestra región latinoamericana enfrenta grandes retos pasa asumir de manera responsable la garantía de este derecho humano fundamental para el desarrollo integral de las personas. En la figura 1, se muestra a la región latinoamericana en su mayoría, que está entre 0% al 10% de estrés hídrico físico, excepto México que posee de 25% a 70%, aunado al impacto que está teniendo en el Caribe, que oscila entre el 0% o más del 70% dependiendo del país caribeño. Por otra parte, para el año 2015, el 65% de la población de la región tenían acceso a recurso de agua potable, y solo un 22% a servicios de saneamiento, ambos gestionados de manera segura, según datos de la Organización Mundial de la Salud y UNICEF. El porcentaje restante, se distribuye en la población que tuvo acceso a ambos servicios de manera básica o, por el contrario, aun están en condiciones adversas para su acceso, activando las vulnerabilidades que esto conlleva.

Son números que deben de llamarnos la atención, pero son las personas que son víctimas directas de estas condiciones, las que nos debe de llevar a la acción. La inseguridad hídrica, así como sus causas, no entienden fronteras. Las soluciones deben de nacer conociendo las realidades locales de las comunidades, pasando por discusiones y acuerdos nacionales y regionales, que permitan la participación de diferentes actores sociales, para lograr la articulación política, económica, técnica y social para atender oportunamente este desafío global desde lo regional con acciones en lo local.