El 15 de mayo se celebra en el mundo el Día Internacional de las Familias, así decretado por la Organización de Naciones Unidas en 1993, con la resolución A/RES/47/237, “con el fin de dar a conocer las cuestiones relativas a las familias y reflexionar acerca de cómo les afectan los procesos sociales, económicos y demográficos”.
En Costa Rica, es claro el acelerado envejecimiento demográfico. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) en el año 2024 el 11.4% del total de la población costarricense son personas mayores de 65 años, en 10 años, 2034, será el 16.5%.
Desde la Asociación Gerontológica Costarricense (Ageco), durante 45 años de existencia, hemos denotado la necesidad de fortalecer los lazos entre generaciones y de valorar el conocimiento que las personas mayores pueden transmitir a las más jóvenes, ya que, en la mayoría de las familias se experimenta esta intergeneracionalidad. Es indispensable promover un papel protagónico para las personas mayores como portadoras de legado y de tradición.
“Las relaciones intergeneracionales son las relaciones entre personas de distintas generaciones, lo cual enriquece a ambas. La relación intergeneracional es un instrumento inigualable para reducir los estereotipos negativos que a menudo separan a las generaciones”, dice la doctora Sacramento Pinazo-Hernandis.
Estos espacios para compartir fortalecen los lazos familiares, enriquecen a la sociedad y fomentan el aprendizaje mutuo entre personas de diferentes edades; a su vez, permiten la transmisión de conocimiento, incentivan el respeto y la empatía y brindan apoyo y contención emocional.
Las personas mayores tienen un legado importante, son portadoras de tradiciones esenciales para la identidad y la cultura del país. La interacción entre generaciones permite rescatar y preservar saberes que, de otra manera, podrían perderse con el tiempo. Su aporte, por ejemplo, es trascendental para el rescate de la gastronomía tradicional costarricense, la medicina natural ancestral y los conocimientos sobre la naturaleza; partiendo del hecho que las personas mayores se han desarrollado en un mundo mucho menos tecnológico que el actual y en el cual la conexión con el medio ambiente, las terapias naturales y la sabiduría herbal tenían gran preponderancia.
También, cada familia tiene una historia única y propia que merece ser preservada. Documentar relatos, conservar fotografías, mantener las tradiciones y fomentar las conversaciones entre personas de todas las edades fortalece los vínculos familiares y garantiza que las futuras generaciones tengan un sentido de pertenencia y raíces sólidas.
Nada enriquece más a una familia que las historias contadas por las personas mayores. Los relatos y recuerdos de infancia, las experiencias de vida, las dificultades superadas y las anécdotas son un tesoro invaluable. Si esto se extrapola al país, las personas mayores también han sido testigas de la historia de Costa Rica. A través de sus testimonios, las personas más jóvenes pueden conocer de primera mano sucesos importantes que han construido la identidad costarricense y ayudan a comprender la evolución que se ha tenido como sociedad para no repetir vicios pasados. Estas narraciones permiten a las personas más jóvenes aprender de los errores y aciertos, fomentando la empatía y el respeto intergeneracional, en el entendido que todas las sociedades han tenido oportunidades y limitaciones distintas.
La premisa de las relaciones intergeneracionales es que suman, son importantes en todas las vías, de esta forma, las generaciones más jóvenes también deben acompañar a las personas mayores en los vigorosos cambios del mundo de hoy y los retos de la era digital.
En este Día Internacional de las Familias, es fundamental reflexionar sobre la importancia de la intergeneracionalidad e intencionar espacios de conversación en los cuales reconocer el rol de todas las personas en sociedad.
Valorar el conocimiento de las personas mayores y permitir que continúen compartiendo sus saberes con las nuevas generaciones es la mejor manera de honrar su legado y consolidar una imagen positiva y desmitificada de la vejez. De la mano con esto, se fortalecen los lazos familiares y se aprende de las personas jóvenes y de su forma de ver la vida en este mundo con vertiginosos avances.
