Una vez me dijo el exdiputado don José Miguel Corrales Bolaños que el honor mas grande que había recibido en la vida fue de parte del anterior dictador de Nicaragua, Anastacio Somoza Debayle, cuando durante una visita oficial lo expulsó de ese país y lo declaró non grato.

La revocatoria sin precedentes de la visa para ingresar a EEUU a don Oscar Arias Sánchez, por tratarse de alguien que fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz, no es otra cosa que un claro mensaje al mundo respecto del valor que le da el presidente Trump a la Paz.

Por diversas razones, muchos estadounidenses han apoyado y hoy apoyan el belicismo de su país, entre ellas, no haber tenido que sufrir, durante los últimos 150 años, las consecuencias de una guerra que se hubiera peleado en su propio suelo.  Es muy diferente involucrarse en una guerra que sucede a miles de kilómetros, que haber vivido en el pasado reciente una en su territorio. Entendamos por reciente, un período que al menos permite a una parte de la población haber escuchado a parientes cercanos narrar esas vivencias, como es aún el caso de los abuelos europeos.

Por otra parte, para nadie es un secreto que la educación estadounidense nunca ha hecho énfasis en el conocimiento del resto del mundo. Tener temor de lo desconocido es una reacción natural de los seres humanos y apoyar un conflicto armado en contra de un "enemigo" desconocido, más allá de lo que le dicen sobre él los interesados en provocar o participar en una guerra, también resulta natural.

Otro fenómeno social, el racismo, resabio de la esclavitud y más recientemente del apartheid, tampoco es cosa menos que normalizar la violencia en la cultura. Para muestra, los mensajes que recibieron algunas personas negras el día siguiente a las últimas elecciones presidenciales estadounidenses, en los que se les ordenaba "presentarse en la plantación el día siguiente", porque se volvería a instaurar la esclavitud.

En resumen, es entendible que una parte muy considerable, por no decir mayoritaria, de la población estadounidense, apoye una política armamentista y apruebe el involucramiento de su país en diversos conflictos bélicos, todos fuera de su territorio. Conocedor y partícipe de esa idiosincrasia, el presidente Trump se lanza ahora con otra medida disruptiva más, esta vez en contra de una persona que representa el reconocimiento internacional de un valor universal.

Toca hoy a los costarricenses unirnos en apoyo a don Oscar, quien encarna más que nunca nuestra muy preciada y declarada paz, reafirmar nuestro compromiso en contra de la violencia y, así, poder continuar cantando orgullosos: ¡Vivan siempre el trabajo y la paz!

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