Ante la inseguridad e incertidumbre que cunden, el temor por el futuro cercano y un estancamiento palpable, la ciudadanía requiere una actitud renovada que posibilite conducir el país a buen puerto.
La presentación del libro “Don Juan Rafael Mora Porras”, del autor Fernando Villalobos Chacón, en el Salón de jefes de Estado y presidentes y presidenta de la República, fue oportuna para reflexionar desde la sede del Poder Legislativo sobre la pertinencia del espíritu morista en la hora actual.
El Libertador y Héroe Nacional encarna valores, virtudes e ideales quintaesenciados de la costarriqueñidad. Levantar la mirada y otear más allá de las dificultades coyunturales. Confiar en nuestras propias fuerzas. Unir a la ciudadanía en una causa nacional. Jamás doblegarse. Extraer esperanzas hasta del desaliento.
Mora personifica la prudencia, virtud política fundamental: sensatez, buen juicio, capacidad de orientación en el tiempo y en el espacio. Actuar de manera justa, adecuada y moderada. Capacidad de comunicación con lenguaje claro, literal y cauto, respetuoso de sentimientos, vida y libertades de las demás personas.
Quebrado el tesoro nacional. Enterrado el 10% de la población, víctima de la epidemia del cólera. Superado apenas un intento de golpe de Estado, mientras las tropas triunfaban en Santa Rosa, Sardinal y Rivas. Prensa y políticos usamericanos ufanos por “la victoriosa americanización de Centroamérica”. Y aún así, Don Juanito nunca desistió. En el fondo del pozo de la desventura encontró ánimos para reanudar la lucha y ganarle al expansionismo esclavista procedente de la Unión Americana, expectorado de Centroamérica para siempre.
En su despacho del Palacio Nacional, el presidente Mora laboraba a deshoras por el porvenir, la libertad, la prosperidad y el bienestar de la patria que hoy tenemos, cuando se produjo este brevísimo diálogo con uno de sus ayudantes:
— ¿Qué hora es, don Juanito?
— Es medianoche, pronto amanece.
Tal el santo y seña de hoy.
