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Vamos a ser francos, si alguien va a una farmacia y paga por su tratamiento, muy posiblemente consideraría descabellada la idea de adquirir más medicamentos de los que realmente necesita. Sería una actitud irracional y a todas luces una locura que atentaría contra el bolsillo propio.

No obstante, la realidad del sistema de salud costarricense parece señalar que ese sentido de proporcionalidad y sensatez económica no es tan usual cuando se trata solicitar medicamentos a la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) ya que, en términos generales, la mitad de los medicamentos proporcionados se usan inadecuadamente (OMS, 2003) y peor aún, muchos de ellos se desechan tal cual han sido retirados. Este hecho, además de tener un peso económico, también tiene un impacto ecológico debido a que, por su carácter, las medicinas no pueden ser desechadas descuidadamente en el ambiente porque implican grandes riesgos para los ecosistemas naturales.

Este desperdicio e impacto ecológico de los medicamentos han sido demostrado por el Programa Punto Seguro, el cual, tiene como objetivo gestionar adecuadamente los desechos de medicamentos por parte de sus usuarios. Así, entre los fármacos más desechados se incluyen la Lovastatina (para el control del colesterol), Propranolol (para el control de la presión alta), el Ácido acetilsalicílico (para la prevención de infartos al corazón), la Carbamazepina y Amitriptilina (contra la depresión y el dolor crónico), la Furosemida (para la atención de la presión alta), y la Metformina y Glibenclamida (para tratar la diabetes).

Si bien, alguno podría apuntar que nuestra Seguridad Social logra precios muy beneficiosos, debido a los volúmenes de compra; no se debe perder de vista los costos asociados a la atención médica que derivaron en la entrega de los fármacos, un costo que supera, por mucho, el medicamento en específico.

Para ampliar esta idea, hay que tener claro que el despilfarro no se resume solo a los medicamentos o a la preparación de recetas desperdiciadas. Al reflexionar sobre esta irracionalidad se vislumbran otros costos implícitos en las entregas, tales como, el mantenimiento de una estructura de despacho de productos, el costo real de las consultas médicas generales o especializadas, y probablemente se incluyeron costos de exámenes de laboratorio; en algunos casos, incluso, pudo haber días de hospitalización. En general, estamos ante una variedad de “fugas de dinero” que permiten tener una idea bastante aproximada del desperdicio de recursos que significa la utilización inadecuada de una institución tan valiosa para la salud pública.

Tomando en cuenta esta situación y partiendo del contexto actual de la pandemia de COVID-19, tanto el programa ecoins como Punto Seguro planteamos que hay una enorme oportunidad de contribuir con la economía del sistema de seguridad social si, como colectivo de usuarios de medicamentos, adquirimos la conciencia de que es posible ahorrar grandes costos a la CCSS si tan solo se hace un uso eficiente y responsable de los servicios de salud social que brinda la institución.

Así, además de seguir las recomendaciones de las autoridades sobre distanciamiento social y protocolos de seguridad y desinfección, podemos reducirle a la CCSS presión sobre sus recursos para que los dedique concentradamente a la tarea de atender la pandemia.

Quien dude del poderoso impacto económico de usar racionalmente los medicamentos de la CCSS, basta con que tome nota de la progresión en su demanda. En la década de 1980, por ejemplo, se entregaron casi 18 millones de tratamientos a la población. En 1990 se entregaron poco más de 22 millones de tratamientos, en el año 2000 se entregaron casi 41 millones, en el año 2010 se entregaron 72.5 millones y en el año la CCSS -último año de estadísticas publicado-2017 entregó a la población casi 85 millones de tratamientos.

Los costarricenses disfrutamos de muy buenos indicadores demográficos tales como la esperanza de vida al nacer, que es superior al promedio mundial y que se ubica en 81.7 años para las mujeres y de 76.7 años para los hombres (ONU, 2019). Muchos de estos logros se han alcanzado gracias a buenas decisiones institucionales como potabilizar el agua y socializar la salud. En este camino, es innegable la labor de la CCSS tras 79 años de brindarle a las personas la posibilidad de acceder a un sistema de salud que se preocupa por ellos.

Para que esta labor en beneficio del bienestar social siga en pie por muchos años más, es necesario que, como usuarios, también mostremos solidaridad hacia la institución. Por eso, contribuyamos desde nuestra racionalidad en el uso de medicamentos para darle un respiro a los recursos de la Caja durante esta coyuntura histórica de pandemia de COVID-19. Es nuestra responsabilidad cívica ofrecerle nuestra ayuda para que continúe muchos años más brindado su valioso servicio a la comunidad.