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Ha perdido la lucidez, se preguntará… Quizás, sí y no quiero ser tratado. Porque en este momento no me enfocaré en los 6,6 millones de contagios registrados o las cerca de 393.000, lamentables, muertes; porque aún no encontramos la cura para el dolor de asimilar que la vida es tan solo una chispa en el tiempo y vivimos como si nunca se acabara preocupados y ocupados por adquirir cosas para estar mejor con el costo, irónicamente, de dejar de estar mejor. Pero, el reflejo de una pandemia silenciosa, hoy, nos demuestra que somos tan frágiles y que el estatus social de nada sirve ni el límite de la tarjeta, porque son incapaces de protegernos.

En estos momentos, los estantes están llenos de productos que realmente no necesitábamos y antes moríamos por tener. Cuando no ocupamos más "chunches" sino conexiones o elementos que sumen.  La ciencia neurológica nos muestra que el no tener contacto con las personas nos deteriora el cerebro tanto como no comer o quizás en MIT también perdieron la lucidez con su último estudio.

Yo, el otro poco lúcido, definitivamente no quiere volver a la normalidad; al menos aún. La razón, hoy, veo como nos preocupan los ancianos, nuestros sabios abuelos que están en paz compartiendo con nosotros con las herramientas digitales y computadoras, sí el aparato que antes les hacíamos ver muy sofisticado y no utilizable para su generación. Además, porque ellos, con sus canas, nos demostraron que ocupaban más tiempo con gente, espacio con su familia, hijos y nietos y no solo un batallón de personas en las fechas importantes que solo los recodaba para Navidad o día del padre... O qué vanamente, solo los quería para un selfie y listo. ¡Pa´ver cuántos likes o vistas logro! Pero, todos se quejan cuando debemos llevar el viejo a la cita médica.

No quiero volver a la normalidad porque con esta pandemia parece que el mundo está entendiendo que de nada sirve si no estamos unidos todos para salir adelante y protegernos. Porque la cuestión acá es: ¿cuándo estuvimos lucidos? En que momentos pensamos que lo correcto era darle más importancia a un título que al conocimiento o la ubicación del centro educativo antes que el aprendizaje integral.

¿Qué tan lucidos estuvimos para que la marca o año de un vehículo fuera más importante que el destino?  Bajo la misma línea, que tan lucidos estuvimos antes de la pandemia por COVID-19 que dimos más valides a cuatro ruedas bajo una lata que a un hogar…

El consumo ha cambiado…Seguramente usted sabrá que el precio de un producto no tiene nada que ver con el costo de producción sino con el valor de cuanto estas dispuesto a pagar, el COVID-19 hoy le ha dado más valor a una buena taza de café que al último pantalón, gran oportunidad para que las empresas sean irruptoras y se enfoquen en una nueva economía que da valor a la persona sobre las cosas.

Ahora, por primera vez, damos más importancia al Ministro de Salud y el gabinete que al chisme de la nueva relación de la Miss que es atacada por la perdedora que le dice ganó la corona solo por abordar un helicóptero...Algo así era, quizás usted lo conozca mejor...

Porque qué tan locos estábamos como para pensar que estar fuera del hogar era un resguardo o que un beso y un abrazo se le podía dar a cualquiera…Hoy, no quiero volver a la normalidad, gracias a la COVID-19 para seguir pensando que no hay mejor lugar que estar bajo el mismo techo con los tuyos o que incluso, mí país no se desgastó peleando en las redes y en medio por la legalización de lo que hace mucho tiempo era cotidiano, las uniones de personas del mismo sexo y los cristianos en paz en sus hogar enfocados en lo importante, en su familia y no la de otros.

Estoy tan poco lúcido que disfruto como una nación poderosa que, hace unos años, en sus urnas decidió por un racista. Pero hoy, ese mismo pueblo, se levantó en las calles para clamar justicia sin color. Es tan extraña esta maravillosa anormalidad, en algunos aspectos, que vi un alto jefe militar decir que las revueltas no se controlan con el peso de un ejército acorralando su pueblo…

Finalmente, creo que ya entiendo el conflicto de todo: ¿Sabes cuál es el problema de este mundo? “Todos quieren una solución mágica a los problemas, pero todos se rehusan a creer en la magia”, como dijo el Sombrerero Loco. Agrego, la magia somos nosotros cuando valoramos y agradecemos lo que antes vimos como común y no tiene precio. Que este episodio de COVID-19 sí termine y ya; pero antes que nos transforme para bien con su magia.