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En situaciones críticas emergen matices y aspectos positivos. La humanidad al estar enfrentada a situaciones límite ha encontrado, en incontables ocasiones, respuestas para salir adelante. Esta vez no será diferente, y la ventana de oportunidad nos puede llevar a tiempos de grandes posibilidades y nuevas respuestas para replantear la naturaleza de las cuestiones humanas, los vínculos, las subjetividades, el Estado y el gobierno, el mercado, y el rol de la tecnología.

Llevamos muchos años en los que el ruido de las olas conservadoras y las agendas populistas se han ido imponiendo a las razones, han sido tiempos de pocas posibilidades para el desarrollo social, para el sostenimiento en los gastos en salud y en educación, para el bienestar general.

Detrás de esas agendas reaccionarias, estaban en apariencia “ocultos y desprestigiados” muchos saberes útiles y logros históricos de la humanidad, disminuidos en importancia por algunos discursos del poder que han asolado al mundo orientándonos hacia la desigualdad rampante, la exclusión y la vulneración de los derechos de la mayoría.

Así en las últimas semanas ha vuelto a tener protagonismo, la potencia positiva que tiene la ciencia y su rol en el mundo moderno. De esa forma, la comunidad científica se ha abocado anónimamente, de manera generosa y con entusiasmo, a comprender y dar respuestas a un evento pandémico que se vislumbra como un punto de posible cambio de época.

En esta coyuntura, ha indicado acertadamente Manuel Castells:

“Ahora nos damos cuenta de la importancia de la ciencia y la tecnología para protegernos como especie de los desastres que nosotros mismos hemos generado”

El mundo está expectante a las noticias que pueden surgir para su propio bien, su autoconservación y certidumbre psíquica; y para ello, no han faltado las informaciones, los artículos, las bases de datos abiertas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los datos en Tableau, el uso de los Sistemas de Información Geográfica, las grandes bases de datos en tiempo real, los Barómetros de información, las Gráficas actualizadas en tiempo real, los mapas de evolución en el tiempo, todas formas de representación del mundo buscando ordenar el caos y la complejidad mediante métodos como el Big Data, la Inteligencia Artificial (IA), la cibernética, la Ciencia de Datos (Data Science), cuya finalidad está orientada a la acción y a nuestra propia supervivencia.

De la misma forma las comunidades científicas en sus múltiples denominaciones han estado buscando explicaciones, investigando curas y encontrando razones. En la práctica vemos en el día a día el sacrificio del personal médico extenuado y expuesto a la enfermedad. También se ha fomentado el debate y la crítica intelectual desde diversas perspectivas: Agamben, Mike Davis, Byung-Chul Han, Chomsky, Žižek, Castells, Yuval Noah Harari, Badiou. Todos esos autores repensando, proyectando e imaginando para bien o para mal el mundo post-Coronavirus.

Esa renovación de la razón lo ha sido bajo un régimen de necesidad (enfermedad)[1], y se ha encontrado con un obstáculo muy actual, como es, la emergencia de los populismos, basados en las más bajas pasiones: la apuesta por las soluciones sencillas, las opiniones, los fanatismos religiosos, los negacionismos, las soluciones radicales (de izquierdas y de derechas), las apologías de la desigualdad, los nacionalismos, entre muchísimas otras características.

En este contexto de crisis, la retórica populista emerge simplificando el evento y sus consecuencias, a modo de una política oscurantista enfrentada e interpelada por una cuestión compleja como es el COVID-19. Se observa como algunas de las elites políticas y sus caras visibles en los distintos gobiernos —Estados Unidos, Brasil, Inglaterra, Nicaragua, México— han puesto en duda la seriedad de los acontecimientos.

Tal situación, de simplificación, negacionismo, falta de conocimiento e inercia burocrática, en el peor de los escenarios, podría retrasar las capacidades para atender estratégicamente la crisis y la subsecuente afectación en la vida de las poblaciones y los sistemas de salud. El escenario dispuesto estará por verse en las próximas semanas.

La retórica populista enfrentada a los hechos y a los datos, ha tenido que cambiar de opinión y de acciones en muchos países. Se toma conciencia de la existencia de una situación de excepción por un cálculo de riesgo político, luego del riesgo económico y social, y la posterior obligación a escuchar la voz experta (científica) para la protección de las personas en riesgo.

Finalmente, esta coyuntura evidenció que, en los momentos donde la vida de la mayoría y de las propias elites se ve en peligro, ahí los grandes intereses se rinden “noblemente” ante el Estado, la ciencia y la razón.

[1] “No se trata de una comedia, es una necesidad impuesta por la difusión de un proceso mortal que cruza la naturaleza (de ahí el papel eminente de los científicos en este asunto) y del orden social (de ahí la intervención autoritaria, y ella no puede ser otra cosa, del Estado).” Badiou