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El 11 de marzo del 2011 ocurrió un terremoto de magnitud 9,0 en la costa Pacífica del Japón que provocó un tsunami. Los científicos subestimaron sus dimensiones y esta información errónea fue enviada a la población. Sin embargo, un grupo de estudiantes tomaron sus propias decisiones y salvaron a toda la comunidad. ¿Cómo unos jóvenes “desafiaron” lo anunciado por las autoridades y sobrevivieron? Aquí el caso conocido como el Milagro de Kamaishi.

Poco después de este terremoto, las alertas anunciaban que un tsunami venía en camino. Los estudiantes del colegio de la ciudad de Kamaishi decidieron salir por iniciativa propia. Al ver esto, los niños de la escuela de enfrente que estaban evacuados en el tercer piso, toman la decisión de seguirlos. Conforme iban en su escape, los vecinos se unieron a la evacuación. Al llegar al primer refugio, varios estudiantes vieron que el tsunami seguía en aumento y el lugar de evacuación podía deslizarse, de ahí que decidieran seguir corriendo hacia el segundo refugio. En su camino, ayudaron a otro centro educativo de niños pequeños junto con sus maestros, tomando a cada uno de la mano, hasta llegar al segundo sitio de evacuación. El primer refugio quedó destruido por el tsunami. En esta ciudad cinco niños murieron y un total de 3000 niños se salvaron por esta acción.

Al otro lado de la acera, la escuela Okawa de Ishinomaki, ubicada 100 km al Sur de Kamaishi, decidió no evacuar, porque su escuela era un sitio de refugio según el mapa de alcance de tsunami. En total, 70 de los 78 estudiantes murieron, así como 10 de los 11 profesores.

El secreto está en el esfuerzo local

Kamaishi se ubica en la costa Pacífica del Japón e históricamente ha sido afectado por tsunamis. En 1896 murió más del 65% de su población por un tsunami. A inicios del siglo XXI, se anunciaba en el Japón la posibilidad de la ocurrencia de un gran terremoto, que afectaría esta ciudad.

El gobierno local comenzó a trabajar en una nueva metodología de educación en prevención de desastre. Usualmente, la educación en desastres se enfoca en la tragedia pasada y en crear un temor para la reacción humana, así como seguir con regla los mapas de peligros. Caso contrario, la comunidad de Kamaishi buscó trabajar en la actitud propia para salvarse a uno mismo y con ello ayudar a los que lo rodean.

Este método consiste en la constante realización de simulacros, identificación de sitios de evacuación y ante todo trabajar para que el estudiante y la comunidad tengan la capacidad de salvarse a sí mismos. Para ello se introdujeron tres nuevas maneras de pensar:

  1. No creas en las estimaciones: Si bien es información científica importante, no es perfecta y la naturaleza no se puede subestimar.
  2. Hazlo de la mejor manera: Basado en el principio uno, pensar cual es el mejor lugar para evacuar.
  3. Toma la iniciativa: en situaciones de emergencia puede inspirar o impulsar a otros a seguir la evacuación.

¿Cómo se prepara Costa Rica?

Recientemente se ha implementado una política de realizar simulacros en nuestro país para avanzar en este tema. El repetir y crear este entrenamiento de buscar un sitio seguro en caso de un desastre, es clave para el momento de actuar. Si bien es cierto se han dado avances, el Gobierno Central debe crear políticas reales de cara al próximo desastre, que involucren a la niñez como tomadores de decisiones y no es para menos, ya que se calcula que entre 30-50% de las víctimas por desastres naturales son niños.

Sin embargo, esto no depende sólo del Gobierno Central o Local, sino también de la iniciativa propia de los centros educativos, comunidad, así como del mismo círculo familiar.

En nuestro proyecto educativo sobre amenazas naturales llamado “Monte Olimpo” hemos detectado que el aprendizaje constructivo, crea en los niños nuevas capacidades y conocimiento sobre el tema, y lo afronta como una oportunidad de aprender sobre un tema rodeado de mitos colectivos. El conocer la amenaza, el tomar la iniciativa y conocer los lugares donde evacuar es la diferencia entre sobrevivir como los niños de Kamaishi o morir como el caso de Okawa.