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Más allá de lo político-militar-estratégico que abordé en el comentario anterior, hay otros ámbitos que fueron igualmente relevantes.

A lo largo del decenio que recién terminó, el tema ambiental centró los focos del mundo. Así surgió lo que se ha dado en denominar el “fenómeno Greta Thunberg”, que constituyó el rostro visible de la crisis y la protesta climática. Pero la cuestión es mucho más grave de lo que la mayoría de la gente piensa.

Las inundaciones en Venecia y los incendios en Australia fueron una pequeña muestra de la magnitud de la crisis ambiental que amenaza la existencia, a mediano plazo, de la humanidad. Muchos dirán que soy pesimista, pero desde mi perspectiva, el mundo superó los límites para revertir el deterioro ambiental. Esto porque desde la primera revolución industrial la acumulación de dióxido de carbono en la atmosfera y otros gases de efecto invernadero no ha dejado de crecer en forma exponencial y en algún momento alcanzará niveles que son incompatibles para el ser humana.

Y no hay que perder de vista el chasco en la cumbre del clima en Madrid. La COP25, celebrada a inicios de diciembre pasado, resultó un paso atrás en los esfuerzos para aminorar el impacto del cambio climático. Fue afectada por el nacionalismo y el populismo de gobernantes como Trump y Bolsonaro, para citar solo dos nombres conocidos.

Pero las protestas no fueron solo por el ambiente y el descontento por la democracia, puesto que, a lo largo del decenio, aumentó el reclamo por la discriminación de la mujer, ante el incremento de los feminicidios y las actitudes patriarcales y machistas. Un hecho concreto que muestra la magnitud del problema fue el himno “El violador eres tú”. Mientras tanto, se produce una reacción, que muchas veces no es percibida o se ignora. Hay crecientes tensiones entre la masculinización del gobernar y las luchas feministas. Es decir, a mayor presión de los movimientos feministas en demanda de igualdad y equidad, gobernantes como Putin, Trump, Bolsonaro y muchos más aumentan la masculinización del ejercicio del poder.

Hay otras fracturas que ahondan la crisis alrededor del mundo, sobre todo por el incremento de distintas brechas. No es solo lo económico, lo cual la gente siente de manera directa. También está lo social y lo cultural. En este sentido la protesta es por la falta de oportunidad para superar las actuales condiciones. No es que la desigualdad hoy sea mayor, sino que, a diferencia del siglo pasado, ahora la gente percibe menos oportunidades para cambiar la situación. Esto le estrecha el margen de maniobra y no le deja otra vía que la protesta, cuya violencia ha ido en aumento. Y no se puede obviar el negativo rol de la religión, que busca imponer sus criterios a toda la sociedad, como si fueran los detentadores de la verdad.

El 2020 no muestra un horizonte halagador, porque hay hechos concretos que tienden a profundizar la gravedad de la situación. Por ejemplo, la caída significativa de la tasa de natalidad en muchos países ofrece pocas posibilidades para el cambio, porque -solo para mencionar una situación puntual- pone más peso sobre los sistemas de pensión, creando más incertidumbre sobre el futuro; sino que lo digan los y las francesas.

Y no puedo terminar este segundo comentario sobre el decenio 2010 y el año 2019, sin retornar a lo político-estratégico. La situación en el Medio Oriente y en particular en Irak, Siria e Israel, incrementará la fragilidad de esta región y amenaza con nuevos conflictos armados.

Tampoco se puede dejar de mencionar la guerra más prolongada de las últimas décadas: Afganistán. Lo que Washington creyó hace casi 20 años que sería una operación militar de corto plazo, se convirtió en una situación a la cual no se le ve el final. Y como este hay otros puntos álgidos en el sistema internacional que mantienen vigentes las tensiones a favor de una guerra sistémica.

Repito, este comentario puede resultar, a muchos, una perspectiva pesimista para comenzar el año y el decenio de 2020; pero lo veo como una oportunidad para realizar un análisis minucioso de lo que nos puede esperar en los próximos meses.

Y por supuesto, hay muchos más hechos que debería mencionar como parte de la herencia del decenio de 2010; pero ellos se pueden resumir en que sin duda el decenio que comienza será determinante en la construcción de un nuevo orden mundial. Esperemos sea mucho más próspero para la humanidad que las últimas tres décadas.