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El Plan

El Plan Nacional de Descarbonización (PND) es una declaratoria con intenciones y metas a la que debe aspirar el país y es un ejemplo que también deben proponerse todos los países. Se aprecia el esfuerzo y compromiso de quienes realizaron la tarea. Pero el PND también posee características y puntos que ameritan debate.

La primera reflexión proviene de si la propuesta es, en realidad, un plan, política, proyecto o guía. Los temas que abarca, las metas, referencias, elementos y evaluaciones lo presentan como una mezcla de todo lo anterior y sin conclusiones en ninguno de ellos, lo que lo hace difuso. La meta u objetivo supremo de que Costa Rica, se “descarbonice” y sea “libre de misiones”, ya establece un camino cargado de desafíos, considerando nuestro tamaño, diversidad, capacidades, recursos y expectativas de desarrollo.

Pensar que Costa Rica no emita contaminantes a la atmósfera es irreal, aún si el horizonte temporal es 2050. No es fácil que el ciclo de vida, insumos, economía circular, huella ambiental del tejido social, proceso de consumo y disposición de desechos puedan saldarse “en ceros”. La sostenibilidad del proceso se vuelve una quimera y existe el peligro de que las buenas intenciones sean solamente retóricas.

Balance energético y ambiental del PND

El proceso de producción, oferta y demanda de las fuentes energéticas y cómo sustituirían a los combustibles fósiles, sobre todo para el parque automotor, no parece suficientemente meditado. La propuesta se centra en utilizar energías “renovables” para transformar el transporte público y privado: de motores de combustión interna a la tracción electromotriz. Sin duda, es el objetivo ideal y forma parte de la agenda de muchos países del “primer mundo”, pero con economías diferentes a las de Costa Rica. Cabe preguntarse: ¿se cumplirá en 2050?

Para que carros, camiones, autobuses, motos, trenes se impulsen con motores eléctricos se requiere de electricidad en cantidades suficientes y estables. Por ello, debe aclararse la cesta de fuentes productoras, su naturaleza, factores de planta, energía firme y de punta requeridas y modelos económicos que las respaldan ¿Se han realizado simulaciones de oferta y demanda eléctrica, de las variables econométricas de los costos y valores del kw-h y Tw-año?

En algunos párrafos se mencionan los biocombustibles, pero sus conflictos con el uso de la tierra, cobertura forestal y producción agroalimentaria apenas se insinúan de manera tangencial ¿El Gobierno los considera como fuentes adecuadas, sostenibles y complementarias para el Sistema Interconectado Nacional? Ya vimos en qué paró el fiasco del metanol…

Intriga la forma cómo será enfocado el equilibrio entre oferta y demanda futuras, pues la Administración Alvarado mostró su negatividad a la construcción de plantas hidroeléctricas nuevas. ¿De qué manera se pretende ofrecer energía firme en un sistema interconectado sin Diquís? ¿Cómo aumentará la oferta hidroeléctrica?, si el ministro del Ambiente y Energía manifestó que es hora de demoler plantas hidroeléctricas para “liberar ríos” ¿Qué se prevé para seguir aprovechando la geotermia de alta entalpía? Si sus fuentes principales están los volcanes, en su mayoría en parques nacionales. ¿Se propondrá modificar la ley de Parques Nacionales?

MINAE deberá también plantearse el desafío de la energía eólica como opción y resolver la irregularidad del viento en Costa Rica, cuyos factores de planta (FP) varían entre 0,25 a 0,55 y de que la mayoría de sitios, con FP superiores a 0,30 están en divisorias continentales y dentro de parques nacionales ¿Se ha resuelto la complejidad de incorporar la electricidad eólica en el sistema y redes nacionales interconectadas?, ¿tomaron el parecer del Centro Nacional de Control de Energía?

Pareciera un hecho consumado que la energía solar es “carbono-neutral” y “limpia”, pero esto no es así. No está resuelta su economía circular ni ciclo de vida, más allá de que “…se está trabajando en el tema de la disposición de residuos”. Recuérdese que, para alumbrarse y circular por las noches, son necesarias las pilas voltaicas, compuestas, entre otras cosas por ácido sulfúrico, plomo, cadmio, litio, selenio, cobre, plásticos… ¿y cómo se manejarán sus residuos? ¿Se han tomado en cuenta los daños al ambiente en su extracción y procesamiento, fabricación, distribución, transporte, manipulación, uso, reutilización y disposición final y que, además, afecta los derechos humanos en los países de origen?

Modelos, escenarios, respaldo económico

En la página 65 se indica que el análisis de los costos económicos y financieros “…ha comenzado…”. ¿No hubiera sido más sensato y serio publicar el PND teniendo claro un tema tan trascendental?

Los temas económicos y financieros no tienen el mismo grado de detalle que los otros tópicos tratados. No se han calculado, ni en borrador, las externalidades positivas y negativas, relaciones de beneficio/costo, costo económico y capitalización, costo marginal de largo plazo, tasas de retorno, valores agregados netos, costos de oportunidad, flujos de caja, valores y primas de opción y cuasio-pción, para tan solo citar algunas métricas elementales. También sería interesante comparar su beneficio/costo con un plan nacional de descontaminación de ríos, minimización de residuos, etc.

¿Cuánto costará la sustitución del parque automotor? A menos de que se deseche conforme alcance su obsolescencia ¿Cuál será la disposición final de estos vehículos? ¿A quién le tocará cubrir ese costo? ¿A cuánto ascienden los incentivos proclamados? Dado que habrá costos incrementales ¿cómo se afectará la ya maltrecha competitividad? ¿Cómo se alineará con la crisis fiscal? ¿Y los volúmenes de subsidios proclamados, cómo se financiarán? ¿Será mediante más impuestos? Es ilusorio creer que será suficiente el apoyo financiero de las donaciones bilaterales, Fondo Verde y recursos de algunos organismos multilaterales. ¡Lástima que el oro de Crucitas —que se pierde por robo y contrabando— no será aprovechado como financiera del PND!

La transición no toma en cuenta otros recursos energéticos nacionales

El PND no aclara el cómo ni con cuál línea base realizó la comparación entre opciones energéticas. La demanda de combustibles seguirá aumentando, aun por varios decenios y por consecuencia la factura petrolera, que asciende entre 5 y 8% del PIB y esta tendencia no será revertida de la noche a la mañana. Paradójicamente, el Gobierno prohibió la exploración y explotación de los recursos hidrocarburíferos hasta 2050. Entonces no podremos saber si tenemos o no, cuánto ni qué calidad. La prohibición también incluye al gas natural, mucho menos contaminante que el petróleo y del que ya se sabe de su existencia y calidad elevadas en nuestro subsuelo.

No hay manera de transitar inteligentemente por la ruta del PND sin una evolución energética paulatina ¿Por qué se rechaza al gas natural? ¿Por qué no es parte de la “transición justa”? Por qué se le califica como “lock-in” —es decir, como callejón sin salida para las inversiones— lo cual contradice el criterio racional y realista de “flujo de caja”, sobre todo en un país crónicamente al borde de la quiebra fiscal.

Desafíos tecnológicos

La descarbonización deberá ir de la mano de la innovación tecnológica, pues las fuentes alternas y renovables de energía eléctrica poseen desarrollo y costos heterogéneos: los kw-h solar y eólico son, por ahora, más ineficientes y caros que los de otras fuentes. Apareado a esto está el desafío de si Costa Rica puede ser parte de la vanguardia tecnológica requerida, pues no tenemos capacidad para enfrentar la innovación ni hemos resuelto cómo ofrecer apoyo viable y contundente a nuestra ciencia, tecnología, industria y capital humano, el cual no encuentra horizontes ni estímulos y prefiere emigrar. El escenario más plausible es que Costa Rica se resigne a esperar que la tecnología se desarrolle en otros países y luego importarla.

Gestión del riesgo y CGA

El PND no diferencia el impacto de la variabilidad climática (VC) del cambio climático (CC) y los desastres derivados del primero le atribuyen al segundo. Tampoco admite que la causa de esos desastres se debe más bien al aumento de la vulnerabilidad humana y a la expansión de la exposición y fragilidad de la infraestructura. El CC se convirtió en la excusa perfecta para disimular los desaciertos e inacción en la gestión integrada del riesgo y es más cómodo echarle la culpa de todo que reconocer la inacción, negligencia e incompetencia prevalentes. El PND no menciona, una sola vez, a la ocupación inadecuada del territorio como una de las principales causas de los desastres y tampoco cómo ha planteado sus modelos, escenarios y métricas en la proyección de los efectos e impactos futuros del CGA.

Llama la atención que el PND solamente se menciona que el CGA se origina en los “gases” a efecto de invernadero y el enfoque sea casi exclusivo en el CO2, al cual se le sustituye coloquialmente por “carbono” (C). Solamente hay menciones tangenciales sobre el metano (CH4) y quedaron excluidos otros gases, vapores y partículas (GVP): SO2, NOX, NH2, O3 troposférico, hollín y aerosoles, CFC -cloro-flúoro-carbono-, quienes también “capturan y guardan” energía calórica de la radiación solar. Tampoco se mencionan otros GVP que más bien “repelen” la radiación solar y que por lo tanto “enfrían” la atmósfera: ozono (O3) estratosférico, sulfatos metálicos, aerosoles, cenizas volcánicas, el albedo, natural y antrópico.

El análisis del impacto del CGA se fundamenta, exclusivamente, en su aspecto “negativo”; el “positivo” no se menciona. Aunque es claro que los impactos negativos eventuales son mayores y peligrosos, aunque sean mitigables y evitables, los positivos también deberían analizarse y aprovecharse estratégicamente, como ya se hace en algunos otros países.

PND vs. Otras prioridades nacionales

El PND no especifica el procedimiento por medio del cual se categorizó su prioridad de cara a las otras situaciones que también requieren atención de políticos y del sector empresarial. Muchas de esas situaciones fueron eclipsadas, aunque ya estén causando costos, muertes y deterioro ambiental, y otras, hasta la pérdida de credibilidad en el sistema democrático (lista no exhaustiva):

  1. Marco legal ambiental y social: Finalización de la usurpación de la Secretaría Técnica Nacional del Ambiente por parte del MINAE y su recuperación institucional…
  2. Seguridad: Criminalidad, delincuencia, violencia de género, accidentes y muertes en las carreteras (entre 300 y 400 al año, solo para motocicletas); oferta, demanda y tráfico de drogas…
  3. Riesgo derivado de las amenazas naturales: Desastres y pérdidas recurrentes y crecientes, improvisación crónica ante eventos intensos “sorpresa”, debilidad de la infraestructura, “pasivo” del riesgo asociado con las situaciones de Puriscal, Ciudad Neilly, Taras, la próxima erupción del volcán Irazú, el próximo terremoto…
  4. Riesgo derivado de las amenazas antropogénicas: Manejo de desechos sólidos y líquidos, cíber-ataques; movimientos antivacunas, tensión política y social, corrupción, desempleo, peligro de quiebra de los fondos de pensiones y de la Caja Costarricense del Seguro Social, colas para atención médica, deterioro de la educación, secuestro por los sindicatos de la vida nacional, politización de la religión; Poder Legislativo sin rumbo y estancado en debates insulsos e invadido por personajes incompetentes; encubrimiento del abuso sexual de curas y pastores evangélicos; dudas acerca del desempeño y transparencia del Poder Judicial; la Fuerza Pública, mientras sus jerarcas ostentan uniformes, condecoraciones y actitudes militarizadas, parece perder la guerra contra la delincuencia y se empantana en debates sobre la tenencia de las armas, mientras que la población sigue desprotegida…
  5. Atraso en inversiones para el desarrollo nacional: Infraestructura vial retrasada 40 años o más, puertos marítimos y aeropuertos insuficientes, desorden territorial, ferrocarriles decrépitos…
  6. Deterioro ambiental: abuso de los agroquímicos, contaminación de los ríos, rellenos sanitarios saturados; los casos de Crucitas, La Trocha, Sifón-La Abundancia, etc. sin solución.

Y mientras tanto, el país se concentrará, de lleno, con todas sus fuerzas y entusiasmo, en un proceso que no verá los frutos materializados sino hasta dentro de 50 años… Si tan solo se pudiese copiar este esfuerzo de planificación futurista, para aplicarlo en todas las prioridades.

Operatividad, gestión y realismo para el PND

La distribución de las responsabilidades y autoridad sobre el PND no está clara, pues no posee el respaldo de una figura jurídica ¿Quiénes y cómo supervisarán y evaluarán el proceso del PND?; los indicadores de desempeño no están adecuadamente formulados ¿Cuál es el protocolo de ejecución en cada caso? ¿Habrá auditoría y “due diligence” del desempeño y evaluación? ¿Con qué frecuencia?

Surge la duda de que, si la tarea de liderar el proceso recae sobre el MINAE y que, si este aplica la misma calidad de su trabajo que en el caso de Crucitas o ante el problema del aleteo de los tiburones, para solamente citar algunos ejemplos, pues el PND no parece tener un futuro promisorio.

Tomar al PND como un hecho consumado, merecedor de premios de campeones, o algo que simplemente suena “lindo” o “verde”, no es suficiente mientras no se vea como una propuesta democrática de incumbencia nacional. Así, será difícil que el PND se convierta en una política pública, de Estado, que trasciendan ampliamente sus buenas intenciones, adquiera valor como uno de los instrumentos que guíen el desarrollo nacional y que sea tomado en serio por todos los sectores de la ciudadanía.

La realidad de lo que es posible pretender con la descarbonización debe ser aclarada y basada en el hecho de que solamente aspiraremos a convertirnos en un ejemplo, adquirir reputación, distinciones y quizás, obtener una pequeña ventaja comparativa dentro del sector turismo, pero no mucho más. Será muy halagador que el valor agregado neto del proceso de descarbonización sea que a Costa Rica se le destaque como una nación preocupada por la reducción del impacto ambiental de su atmósfera, pero habrá que ser conscientes de su relación beneficio/costo. Al público debe quedarle claro que las acciones que podamos ejecutar en Costa Rica, más allá de su ejemplaridad y buenas intenciones, no contribuirán con una reducción significativa del calentamiento global.

El PND fue publicitado con bombos y platillos y está creando una imagen idealista, lo cual en sí no está mal, pero también hay que empezar a ponerlo en marcha, pero el realismo nos indica que la barra fue colocada en un nivel excesivamente elevado. Es encomiable el optimismo a su alrededor, pero habrá que tener cuidado los costos de oportunidad y sacrificios que habrá que hacer para cumplir con sus metas, pues sería trágico que, por ser excesivamente elevadas y complejas no sean alcanzadas, por lo que el PND podría estancarse y converse en un descrédito para el país, para su imagen y credibilidad.