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Tanto en diferentes latitudes como en nuestro país se contempla la protección de la violencia contra las mujeres en la legislación interna, misma que responde a un instrumento internacional como lo es la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, es decir la “Convención Belém do Pará”, ratificada por parte de Costa Rica desde 1995.

De dicha Convención, específicamente en su ordinal segundo, se desprende que la violencia contra la mujer implica que esta sea de índole física, sexual, así como psicológica, sin embargo, este último ámbito, desde mi perspectiva, debe ser objeto de detenimiento y análisis acerca de la manera en que se configura y la normalización que la misma sociedad le ha dado.

Debemos tener consciencia que al hablar acerca de la violencia contra las mujeres, lo que pensamos es en una fémina golpeada, y la generalidad de campañas publicitarias, evidencian casos de dicha población en donde la mujer ha sufrido agresión física, y por ende propician la reflexión, prevención y tratamiento al respecto, lo cual me parece excelente, ya que cumple la función informativa, así como formativa, sin embargo, ¿qué pasa con la violencia de índole emocional? ¿Por qué se evidencia tan poco?

Es lamentable, pero debemos aceptarlo, la violencia de índole psicológico es la más frecuente, la vemos todos los días en las calles, entre parejas de diverso tipo, además es objeto de protección, pero muy pocas personas se alarman de su perpetración, no la notan o la encuentran “normal”, y esto considero se debe a los patrones patriarcales con los que las niñas y los niños han crecido.

En observancia de algunos casos, es posible construir el criterio de que un menor de edad educado por figuras de autoridad que consideran normal que el hombre sea superior a una familiar por el sólo hecho de ser hombre, aunado al crecimiento dentro de una sociedad patriarcal a partir de diversas instituciones, es frecuente que al convertirse en personas adultas perpetren agresiones de índole emocional y se comporten conforme a parámetros machistas, evidenciándose esto a través de manifestaciones que debemos ser capaces de identificar y nunca normalizar, tal como expresar el deseo de que la mujer use una ropa distinta a la elegida por ella, dudando de todo lo que se le exprese, culpando a la mujer y victimizándose, o simplemente hablarle a su pareja de forma golpeada en cada situación que se presente en el devenir de una relación.

Ante dichas manifestaciones de la agresión psicológica, paulatinamente se vulneran derechos como la dignidad e integridad dispuestos en los ordinales 5. 2) y 11. 1) de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, razón por la cual, en el marco de lo dispuesto en la Convención Belém Do Pará en los numerales 7 a 9, deben hacerse mayores esfuerzos por parte de los Estados, y de los mismos hogares, procurando la formación de nuevas masculinidades y concientización a los menores de edad acerca de la necesidad de comprender que además de la agresión física, también existen lesiones de índole emocional generadas a partir de gestos y palabras —de manera presencial o de forma escrita— que lastiman y perduran aún más tiempo que un moretón, por lo que debe hacérseles ver la importancia de un cambio desde las concepciones programadas, así como también orientar a las futuras mujeres para que sean capaces de empoderarse, identificar dichos indicios y alejarse de aquellas relaciones en donde los mismos se presentan antes de que sea tarde.

De esta forma es preciso analizar, y modificando un poco la conocida frase, a nadie se le debe golpear ni con el pétalo de una rosa, tampoco a ninguna persona se le debe tratar con las espinas que protegen a esta, aspecto que debe ir puliéndose desde edades primarias, cambiando patrones de conducta, rompiendo los actos tan normalizados en el trato hacia la pareja, que generan lesión a lo más inherente de cada ser humano como lo es su dignidad e integridad emocional, y que se ponga un alto a la culpabilización de quien ha sido víctima de agresión psicológica y que esta última no la acepte más.