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A partir de irrupción del grupo MEDSE en la escena pública nacional —a punta de bloqueos de calles y cierres de centros educativos— una pregunta que puede rondar en la cabeza de muchas personas es: ¿Qué piensan los adolescentes?

Dicha pregunta no deja de ser adultocéntrica, ya que, parte del supuesto de que los (as) adolescentes piensan diferente o que actúan de maneras extrañas e incomprensibles para las personas adultas, por colocarse lejos de lo que “deberían ser los adolescentes”, calificación que se hace desde una visión idílica de la adolescencia “correcta” —usualmente la propia—.

Justamente, sobre el tema de la adolescencia, el recién publicado libro Biopoética de la Adolescencia del doctor Javier Tapia-Balladares se hace una pregunta que sería más apropiada: ¿Cómo se piensan a sí mismos los adolescentes?

El tema es que reconocemos que las personas adultas de la actualidad somos diferentes a las de otras épocas, dado que, el contexto social, económico, cultural y tecnológico en el que nos desarrollamos ha cambiado significativamente, pero a su vez esperamos tácitamente que las y los adolescentes permanezcan inmutables, y que deberían ser como fuimos nosotros.

Si bien el libro es claramente de carácter académico, no se trata de un manual sobre la adolescencia o el desarrollo psicológico en la adolescencia, más bien, es un libro que tiene “a las personas adolescentes y su desarrollo como su principal referencia concreta y real”, es entonces un libro sobre la función del adolescente como autor de una identidad en construcción.

En su libro, Tapia aborda la construcción de la identidad personal dentro de una tensión dialéctica con tres elementos claves —las creencias religiosas, los vínculos afectivos y el diálogo— para tratar de aportar al conocimiento del desarrollo psicológico en la adolescencia y cómo estos se entretejen como parte del proceso de construcción del sí mismo durante la adolescencia.

El libro presenta, además, tres aportes que valen la pena rescatar: uno metodológico, uno teórico y por último el reto pendiente de cómo llevar todo lo aprehendido a la práctica.

Empezando por el método, Tapia se atreve a alejarse de la seguridad de algunos tradicionalismos académicos de encasillar ciertos temas como objeto de estudio exclusivamente cuantitativo o cualitativo, y presenta el resultado de cuatro investigaciones (dos cuantitativas, una cualitativa y una mixta) donde se estudia una misma temática —la identidad, las creencias y los vínculos en adolescencia— desde diferentes estrategias metodológicas.

Esta ruta metodológica lo lleva por el complicado camino de tratar de dar un sentido de unidad a cosas que no parecieran querer mezclarse, pero que se deben equilibrar para estudiar una misma idea desde diferentes perspectivas metodológicas.

El segundo aporte del libro es en cuanto a los hallazgos que introduce al conjugar bajo una la relación entre identidades, creencias y vínculos pero, adicionalmente, la introducción del concepto de biopoética, como herramienta conceptual para comprender la construcción de la identidad durante la adolescencia.

En las investigaciones se encontró para los grupos estudiados que la identidad es “permeable a la presencia variable de las creencias religiosas”, y esta presencia no distorsiona la identidad personal al ser subjetivizante ya que puede ofrecer un marco protector “donde situar el sufrimiento”.

Además, los hallazgos señalan que en la adolescencia la formación de la identidad personal se acopla a los vínculos afectivos mediante la exploración afectiva y la incertidumbre, es decir, entre una afirmación del sí que da seguridad a la exploración y la incertidumbre que vuelve la exploración más insegura. Por último, en relación al desarrollo de la identidad, se señala que el desarrollo de la identidad y autonomía es complejo y dinámico, y se da en una simultáneamente entre acciones de vinculación —en el contexto familiar— y acciones de separación —con los pares—.

Adicionalmente, el libro introduce así en qué consiste la biopoética del sí mismo para las y los jóvenes adolescentes:

En la adolescencia hay un proceso que transita por la identidad, las creencias y los vínculos. Estas son experiencias concretas de las personas adolescentes, las cuales configuran la historia biográfica. Hacerse a sí mismo por esas experiencias, aunque no solamente por ellas. Hacerse a mí mismo es, pues, un acto de creación biopoética; representa crearse como autor, es la identidad del autor, desde la cual puede sostenerse y potenciarse la subjetivación.

Por último, el tercer aporte del libro es el llamado a la orientación práctica del tema de estudio. Es así como, en su intento de llevar lo investigado a esa dimensión práctica, el libro reconoce el trabajo reflexivo sobre la vida propia de los adolescentes como el camino más fértil para poder hacer un trabajo biopoético —entiéndase trabajar sobre lo que se narra de sí mismo— reconociendo que al sujeto se accede a través de la reconstrucción de su historia y es desde ahí desde donde se puede realizar algún aporte desde la intervención en contextos clínicos o educativos.

Así, aunque el libro no nos va a dar respuestas de qué piensan los y las adolescentes, si da unas primeras luces de los procesos por los que los adolescentes se piensan a sí mismos, sobre cómo se convierten en autores de su propia historia narrada, y es por eso lectura recomendada para quienes trabajan (o quieren trabajar) con personas adolescentes.