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¿Cómo debe Costa Rica recordar el Armisticio de la Primera Guerra Mundial? La Gran Guerra (1914-1918) —como también se le conoce— fue uno de los eventos más traumáticos de la historia contemporánea, el cual está próximo a cumplir 100 años de haber culminado. Durante esos cuatro años, Costa Rica se vio sumergida en su propia crisis interna, motivada por una economía resquebrajada, la presencia de un gobierno totalitario y la amenaza de la represión política e incluso, del asesinato.

La memoria del Armisticio en Costa Rica debería recuperar ese episodio sombrío de nuestra historia que fue la dictadura de Federico Tinoco Granados (1917-1919), ya que su origen y su eventual caída, estuvieron ligados a la Gran Guerra. Fue esta y la crisis económica que originó, lo que motivó al gobierno de Alfredo González Flores (1914-1917) a impulsar una reforma fiscal. Y fueron las componendas personales, los intereses políticos y económicos, que pusieron a Tinoco en el poder y que evitaron, entre otros aspectos, la correcta ejecución de dicha reforma.

Fake news y demonios imaginarios. Aunque el tinoquismo logró capitalizar el apoyo de la mayoría de los políticos liberales y empresarios, no logró tanto éxito con los sectores populares, quienes vieron disminuir su poder adquisitivo producto de la especulación de los alimentos de primera necesidad. Frente a este problema, el régimen tinoquista impulsó la Ley de Abastos pero a la larga, solo fue una plataforma para limitar la libertad de expresión y de reunión.

Desde el periódico La Información, se incentivó la persecución política. Los opositores al régimen tinoquista, fueron culpados de difundir “noticias falsas” —sí, fake news de antaño— entre las cuales figuraba la existencia de la crisis económica. Los que lo hicieron fueron tachados de “germanófilos”, es decir, afines al Káiser y se les hizo responsables, más bien, de la crisis. El presidente depuesto González Flores y diversos opositores, fueron tildados de “germanófilos”, entre ellos el periodista Rogelio Fernández Güell y algunos fueron obligados al exilio.

Este demonio “germánico”, fue la etiqueta que legitimó el aparato represivo tinoquista, actitud que podemos ver actualmente en gobiernos y políticos de extrema derecha quienes estimulan el miedo  a un “enemigo” en pos de restringir o violar los derechos fundamentales del ser humano o de la ciudadanía. La declaratoria de guerra al Imperio Alemán en mayo de 1918, profundizó la paranoia tinoquista y se intervinieron el correo y los telégrafos, se prohibió la entrada de la prensa extranjera opositora, se instalaron cortes marciales, se fortaleció el servicio de detectives (llamados popularmente esbirros) y se limitó el derecho de hábeas corpus. La violencia de Estado, traspasó el límite, cuando se asesinó brutalmente a Fernández Güell y a sus compañeros en Buenos Aires de Puntarenas, el 15 de marzo de 1918.

Armisticio y movimientos sociales. El final de la Gran Guerra, fue la primera oportunidad de expresión pública y masiva en contra del régimen tinoquista. El 12 de noviembre, el líder de la misión diplomática estadounidense Stewart Johnson, pronunció un discurso donde preveía la caída del kaiserismo de América, un no tan sutil ataque al tinoquismo. José Joaquín Tinoco —ministro de Guerra de su hermano— advirtió a Johnson que sus palabras fueron un acto deliberado para sublevar a la multitud, algo que negó completamente el diplomático norteamericano. No obstante, el 13 de noviembre, en medio de una manifestación que también celebraba el Armisticio, surgió la primera revuelta popular en contra de la dictadura, la primera de muchas que llegarían en 1919. En esa ocasión y recurriendo a la etiqueta “germanófila”, la policía reprimió a los manifestantes a punta de palo.

Lo que no logró una rebelión armada, liderada por Julio Acosta García, lo hicieron las huelgas de artesanos y obreros y por último, un movimiento de docentes y estudiantes, quienes en tres jornadas cívicas, entre el 11 y el 13 de junio de 1919, desarticularon la dictadura, motivados por la indignación hacia los asesinatos de Fernández Güell y Marcelino García Flamenco, muertos en pos de proteger las libertades civiles.

La conmemoración del Armisticio de la Gran Guerra, debe recordar no solo el fin de este traumático evento internacional, sino también lo que engendró: el fascismo. Actualmente, la extrema derecha va escalando posiciones, se hace más mediática y cautiva con discursos populistas, mientras que, paralelamente, va creando etiquetas para identificar a sus “enemigos” o detractores. La crisis económica que vive actualmente el país, ha incrementado el riesgo de una opción de extrema derecha. Hoy más que nunca, debe prevalecer la apertura hacia lo que González Flores llamó “democracia social”: que no puede haber progreso económico, sin justicia social. Las opciones “neo-redentoristas” que están presentes en nuestro entorno, ciertamente nos alejarán más de este objetivo y pueden dejarnos nuevamente en el umbral del totalitarismo.