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La oportunidad de Costa Rica reside en convertir el tema ambiental en un elemento propio de su modelo de desarrollo, no aislarlo y mucho menos limitarlo al tema complementario de la conservación de los recursos naturales. En sí, el ambiente es un vehículo que permite alcanzar: competitividad, valor agregado, eficiencia de la inversión pública, y dignidad humana en los diversos medios de vida.

La inversión hecha a la fecha por el país en materia de la agenda verde (conservación) y amarilla (energía) es cuantiosa, y nos ha posicionado como un referente a nivel internacional. No obstante, sabemos que existen tareas pendientes a nivel doméstico para que ambas agendas se consoliden y sean generadoras de valor en la economía, actual y futura, de nuestro país. Complementariamente, en la agenda azul (aguas y mares), café (desechos) y gris (ambiente urbano), el país está rezagado y requiere procesos transformacionales.

En los próximos cuatro años Costa Rica puede limitarse a seguir abordando la agenda ambiental desde la zona de confort que ha generado la reputación internacional alcanzada. O puede arriesgar y capitalizar a partir de la aplicación de esos atributos que tiene y da por sentado (buen nivel de educación, generación de información, institucionalidad, e inclusive capital económico), en el marco de las nuevas condiciones globales, la cuarta revolución industrial, y acuerdos internacionales de alta ambición, para generar un modelo de desarrollo donde el ambiente sea un elemento generador de empleos, de mayor valor económico (aspirando a una economía circular) y bienestar social.

Menciono varias lineas de trabajo, algunas más avanzadas que otras, en este sentido:

  • Eficiencia de inversión pública a través de la resiliencia y reducción de vulnerabilidades a nivel territorial. Permite prepararse para gestionar el riesgo y fomentar un modelo de desarrollo que tome en cuenta la variabilidad climática. Esto será posible a través de modelos que integren líneas de inversión ligadas a las municipalidades, con líneas de inversión orientadas por los planes de desarrollo rural, así como esquemas de inversión privada. Existe ya un prototipo en marcha, el proyecto Sarapiquí Resiliente, que se debe consolidar y llevar a otras zonas vía política pública y efectiva coordinación con plataformas de inversión ligadas a Municipalidades, al INDER y a la Comisión Nacional de Emergencias entre otros.
  • “Descarbonificación” de Costa Rica como un modelo de negocio que da valor a la economía verde nacional por medio de esquemas de inversión público-privados. Aplicación y articulación de modelos de transporte colectivo limpio, movilización vehicular eficiente, construcción sostenible y la consolidación y diversificación de la matriz energética -con avances ya delineados como los son el Tren Interurbano y Rutas Naturbanas- a partir de parámetros claros, orientados a mejorar la calidad de vida de la mayoría, del establecimiento de esquemas generación de valor con el sector privado, del desarrollo de tecnologías verdes, encadenamientos a partir de la marca país y del posicionamiento internacional de Costa Rica.
  • Potenciando la productividad a partir de la articulación del consumo nacional con la oferta local para el desarrollo de cadenas de valor desde lo rural. Potenciar una oferta de bienes nacionales y servicios ambientales que se generen en nuestras áreas rurales que sean retribuidos en consumo urbano. Para esto, se invertiría en procesos de cadenas de valor por medio de la aplicación de plataformas tecnológicas ágiles y costo-efectivas, de manera que las economías de escala florezcan. Puesto en términos sencillos, lograr que la persona que se come la “Churchileta” se preocupe y fomente, a partir de sus preferencias, que la paleta de madera sea producto de un modelo de manejo forestal sostenible desarrollado bajo los más alto parámetros en las áreas rurales de Costa Rica, generando mayores cadenas de valor nacionales.
  • Gestión del recurso hídrico por medio de instrumentos económicos y mecanismos financieros basados en la ciencia como elemento articulador de las alianzas público-privadas. Por medio de la consolidación de Agua Tica, primer fondo de agua en Costa Rica, se puede generar política pública que permita replicar este modelo en zonas como Guanacaste, San Carlos y Pérez Zeledón, de manera que se genere eficiencia, transparencia y trazabilidad que conlleve a una co-inversión en la gestión de recursos hídrico para asegurar su calidad y cantidad.
  • Ciencia ciudadana como mecanismos de participación directa de la población en la arquitectura y diseño del modelo resiliente a riesgos e impactos del cambio climático. La política pública puede invertir sistemáticamente en consolidar e integrar ejercicios llamados “hackatones” en lo urbano y “mapatones” en lo rural. Estos logran generar conocimiento aplicado y orientado a soluciones bajo un enfoque costo-efectivo, información que permite identificar vulnerabilidad ante eventos meteorológicos, generar nuevas tecnologías verdes entre otros. Este proceso de generación de conocimiento tiene un efecto de empoderamiento local, especialmente cuando la información es canalizada y articulada con plataformas institucionales como por ejemplo los Comité Local de Emergencias para planear estrategias de evacuación. De esta manera, las “Upalas” (zonas muy vulnerables) de Costa Rica caminarían por adelantado, por medio de los pasos de sus propios habitantes y con la frente en alto.
  • Dignidad humana con la consolidación de esquemas de participación local y procesos de empoderamiento comunitario. Consolidar y potenciar modelos como El Camino de Costa Rica, iniciativa dinámica de turismo rural comunitario vía la actividad económica de senderismo (en crecimiento internacional) que inicia en la costa Pacífica y culmina en la costa del Caribe de nuestro país. El Camino de Costa Rica se desarrolla a partir de lo que las comunidades están dispuestas a ofrecer, y generan valor agregado alrededor del sistema nacional de Áreas Protegidas en la cual el país ha invertido. Esto permite que el conocimiento local, definido directamente por la gente en el medio rural, sea el activo principal de la propuesta, y que adquiera enorme valor al complementarse con el conocimiento de otros actores (instituciones, operadores turísticos, técnicos, etc.) que permiten que nuevas fuentes de ingresos se concreten. La partitura en armonía con el ambiente viene desde abajo, no desde arriba.
  • Competitividad por medio de liderazgo en producción de energías renovables. Potenciar la capacidad instalada en materia de energías renovables de bajo costo para generar un frente articulador entre sector privado, inversión extranjera e instituciones como ICE, CINDE, EARTH, AdAstra y el TEC, denominado Centro de Innovación en Energía que sirva como una incubadora que busque: aplicación y puesta en escala de modelos energéticos eficientes, planteamientos de modelos de negocio compartido, generación de productos de valor agregado exportables a nivel internacional, consolidación del modelo de energía renovable como eje articulador del desarrollo del país.
  • Valor Agregado a través de la transferencia de conocimiento. Concretar la iniciativa “the Costa Rica Green Hub”, con su debido modelo técnico/estratégico y propuesta de valor, para que Costa Rica por medio de la transferencia y aplicación de su conocimiento ambiental genere valor agregado bajo modelos de economía verde. A partir de elementos como el hecho de que más del 50% del país contiene cobertura forestal, podemos transformar nuestras experiencias en servicios exportables. Así como Singapur lo hace con su conocimiento en logística portuaria y Holanda lo hace con el tema de manejo de diques, Costa Rica puede transferir conocimiento de manera que atiende demandas de un mercado en los 54 países de bosque tropical que andan buscando soluciones a su agenda de uso de la tierra, y a los más de 100 países que se interesan por esquemas de servicios ecosistémicos.

En el país ya se han plantado las semillas, y hay tierra fértil para que iniciativas como las mencionadas, pueden generar una cosecha cuantiosa de manera rápida y lograr que en la celebración del bicentenario los cimientos de esta nueva visión estén sólidamente en pie.