¿Qué pasaría si te dijera que la empresa que fundaste, tu proyecto de vida… tiene que morir para poder evolucionar? Esa fue la pregunta que me hice después de 18 años de liderar una agencia de comunicación estratégica. Una empresa que nació de una necesidad muy personal: conciliar mi vida laboral con mi vida familiar. En aquel momento, con un hijo de 4 años, sentía que el mercado laboral estaba diseñado para que las mujeres tuviéramos que elegir entre ser madres o ser profesionales. Y yo no quería elegir.

De esa decisión nació Próxima Comunicación. Una agencia distinta, construida con valores distintos: Feliquilibrio, Comprofianza y Creatibertad. Con los años, aprendimos a ser pioneros. En el 2013 nos convertimos en la primera agencia 100% teletrabajo en Costa Rica, mucho antes de que la pandemia lo normalizara. En el 2015 alcanzamos la certificación de Carbono Neutralidad, extendiéndola hasta los hogares de nuestro equipo. Creamos ecoins, el programa regional de economía circular que hoy conecta a gobiernos, empresas y personas en varios países. Cada paso era una declaración: sí, se puede hacer empresa de otra manera.

Pero un día llegó la pregunta inevitable: ¿de qué sirve hablar de sostenibilidad si seguimos atrapados en un modelo económico que concentra riqueza en unos pocos, que convierte a las personas en recursos y que ignora los límites del planeta? Esa incomodidad nos llevó a una decisión audaz: convertirnos en una cooperativa de autogestión.

¿Por qué cooperativa? Porque es un modelo democrático, solidario y resiliente. Porque pone a las personas en el centro y reparte los beneficios de forma justa. Porque permite preparar a la organización para los desafíos sociales, económicos y ambientales que ya vivimos y que seguirán marcando este siglo. Y, sobre todo, porque entendimos que no se trata de escoger entre lucro o impacto. El cooperativismo no renuncia a la rentabilidad ni a los ingresos suficientes para llevar vidas de calidad. Lo que rechaza es la acumulación excesiva de riqueza en manos de pocas personas.

En una cooperativa, quienes son dueños también trabajan en la organización, lo cual rompe con una de las distorsiones más grandes del capitalismo contemporáneo: accionistas ausentes que compran participaciones en empresas que nunca pisan. Aquí todos los socios aportan, todos aprenden y todos crecen. El modelo cooperativo, además, brinda capacitación, apoyo continuo y reconoce que cada persona gana en proporción a su contribución real.

No fue una decisión fácil. Sentí miedo: miedo de que los clientes no lo entendieran, miedo de enfrentar un proceso administrativo burocrático, miedo de soltar el control de algo que había creado. Pero también sentí ilusión: la ilusión de ver a mis colegas convertirse en co-dueños, de imaginar a las nuevas generaciones aspirando no solo a un empleo, sino a una pertenencia real. Este cambio también responde a algo muy personal: asegurar una sucesión ordenada que garantice la continuidad de la empresa sin depender de mí, y liberar tiempo para nuevos proyectos sociales y políticos.

Lo que estamos viviendo en Próxima podría convertirse en ejemplo para otras empresas costarricenses que quieran retar el business as usual y explorar formas de organización más humanas y solidarias. Porque ciertamente el modelo cooperativo debe fortalecerse en Costa Rica para sectores tan cruciales como la energía, el agua, la producción de alimentos, el transporte público, el cuido, la educación y la salud. Nuestros bienes comunes necesitan una nueva forma de gestión. Si no queremos un Estado enorme, lento y burocrático, pero tampoco un mercado dominado por empresas privadas que muchas veces se quedan con las ganancias y trasladan a la sociedad los costos de sus impactos ambientales y sociales, debemos buscar un punto de equilibrio. Ese punto saludable está en las empresas cooperativas: organizaciones que generan riqueza, pero al mismo tiempo la distribuyen de manera más justa y transparente.

La sostenibilidad no se predica en campañas: se diseña en la forma en que trabajamos, en cómo tomamos decisiones y en quién se beneficia de lo que generamos. Nuestra historia demuestra que otra forma de hacer negocios es posible. No se trata solo de Próxima; se trata de abrir camino para que más empresas entiendan que pueden ser competitivas sin dejar de ser solidarias, rentables sin dejar de ser justas, exitosas sin dejar de ser humanas.

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