El domingo 23 de febrero en una elección histórica con una participación del 83,5% del padrón, de casi 60 millones de personas que se encontraban en el padrón electoral, se efectuaron elecciones parlamentarias en la República Federal de Alemania, la coalición de partidos de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) y la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), denominada Partidos de la Unión, han ganado la mayoría parlamentaria con al menos 208 de los 630 escaños que se disputaban. Esta coalición compuesta por partidos conservadores de centroderecha tiene como su principal figura a Friedrich Merz (CDU), quien podría asumir próximamente como canciller del país en sustitución del socialdemócrata Olaf Scholz.

Hasta ese punto, parece un proceso electoral normal, y lo sería si no estuvieran en la carrera política el partido Alternativa para Alemania (AfD), segunda fuerza política en estas elecciones con cerca de 151 escaños parlamentarios obtenidos pero que cuenta en sus filas con algunas figuras con tendencias hacia la extrema derecha e inclusive en algún momento con grupos como Der Flügel (el ala) con guiños favorables al neonazismo, lo que causa preocupación entre aquellos que vuelven su mirada en la historia de lo negativo que ha sido este radicalismo para el país.

Mientras, el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) pasó al tercer lugar de votos válidos durante la elección, perdiendo cerca del 9,2% de los votos en este proceso quienes posiblemente hayan decidido decantarse por la posición de centroderecha del CDU quienes lograron aumentar 4% de los votos, así como el resto pudieron diluirse entre el partido Die Linke, considerado de “ultraizquierda”, los Verdes e inclusive, en menor medida que algunos optaran votar por AfD.

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El SPD y su líder Scholz serán los llamados a encabezar a la oposición principal del país por cuanto será complejo que el partido AfD logre capitalizar coaliciones importantes con partidos de ala más progresista y es que salvo algunos temas en los cuales pueda no chocar, hasta ahora el partido ultraderechista no ha logrado formar coalición en el parlamento alemán, por lo que pese a su gran caudal electoral, no serían considerados en todas las votaciones las mayorías necesarias para aprobar ciertas leyes que requieren de mayoría simple. Cabe señalar que para leyes constitucionales y también para federales, se requiere al menos dos tercios de los votos del Consejo Federal (Bundesrat) y el parlamento para aprobarlas.

Ahora bien, más allá de explicar el complejo sistema político alemán, llama a la reflexión el crecimiento de los partidos con tendencia ultraconservadora en los países europeos y con mucha fuerza política. Por ejemplo, en Francia se encuentra la Agrupación Nacional, liderada hoy por Jordan Bardella que fue la segunda fuerza política francesa en las elecciones presidenciales de 2022 mientras lideraba Marine Le Pen, quien incluso logró llegar a 41,5% de los votos reflejando un aumento sin presedentes en la aceptación de sus políticas ultraconservadoras incluyendo tendencias islamófobas, antimigración, euroescépticas, etc.

En Italia, por otra parte, el Partido Fratelli d’Italia es hoy la principal fuerza política con Giorgia Meloni como primera ministra del país, si bien, es considerada ultraderechista e inclusive con miembros que son descendientes del líder fascista Benito Mussolini, como su nieta Rachele Mussolini, muchas de estas figuras radicales han abandonado a Meloni por tener discrepancias en ideas sociales e incluso en algunos temas en los que difieren ideológicamente. Es importante señalar que el gobierno actual se ha dado por una coalición entre Lega Nord y Fratelli d’Italia, los primeros con una posición mucho más radicalizada que el partido de Meloni.

Otros ejemplos de este crecimiento en partidos de ultraderecha en la contexto europeo se encuentran en España con VOX y en Austria con FPÖ entre otros que se puedan analizar, aunque cada uno con sus propias tendencias ideológicas que incluso no calzarían necesariamente entre sí. En la mayoría de las veces el discurso es similar en temas como posiciones contrarias a la Unión Europa, a favor de reformas en las políticas migratorias, así como políticas económicas que van desde el proteccionismo local en algunos casos al liberalismo económico con partidos como VOX o Fratelli d’Italia.

Existen diferentes razones por las que estos partidos amplían su caudal de votos y terminan incluso ganando procesos electorales (como en Italia). Primero, porque hay un temor a la inseguridad de estos países que se ve todavía mucho más profundo por las políticas migratorias, los partidos de tendencia ultraconservadora y radicales del ala dura, capitalizan esos temores promoviendo las restricciones a la llegada de migrantes, así como apelar a una defensa de la identidad nacional sobre la influencia externa.

Lo segundo es el descontento económico, que provocan frustración entre los ciudadanos que se sienten excluidos por una élite que controla la economía y que tienen intenciones turbias, por lo que se oponen al globalismo, a la multilateralidad y proponen medidas proteccionistas y políticas económicas que respalden a los ciudadanos locales.

También, hay una pérdida de confianza en las instituciones tradicionales, así como una crisis de identidad, el rechazo hacia el multiculturalismo, que además los lleva a la discriminación contra grupos minoritarios, el impacto de las noticias falsas y la desinformación, la inseguridad, la reacción ante el progresismo y la corrección política y la llegada de líderes carismáticos y, o, populistas que capitalizan todos estos elementos a su favor.

La situación electoral alemana es un ejemplo coyuntural de cómo los partidarios de la ultraderecha siguen ganando espacio en la política occidental, se aprovechan de los espacios brindados por la democracia y promueven una política que es divisoria, agresiva e incluso que puede llevar a un caos social en los países donde cada vez más se van asentando ideas radicales y que pueden eventualmente convertirse de nuevo en caldo de cultivo para movimientos promotores del odio, hoy se habla de ultraderecha, pero esta también despierta tendencias en el populismo seudo progresista y en radicales islámicos que aprovechan para impulsar su propia agenda también.

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