Hoy reina la incertidumbre. No hay certeza de cuándo terminará la pandemia, de cuándo existirán posibilidades de volver a abrazar a nuestros seres queridos, de cuándo se podrá dar el visto bueno a la apertura normal de los distintos comercios para poder retomar muchos de los empleos. La realidad es compleja.

Las rutinas han cambiado de una forma abrupta, muchas de las actividades que antes hacíamos y disfrutamos, ahora no las podemos si quiera considerar. Estar expuestos a este tipo de cambios suele tener repercusiones en nuestra salud, tanto física como mental.

Cada día no sabemos qué nos espera. Estamos ante un panorama de crisis y las crisis de caracterizan porque sobrepasan nuestras capacidades de respuesta”, explica la psicóloga, Tatiana Vargas Piedra. 

Es común que emociones como tristeza, miedo y desamparo nos ganen. La sensación de impotencia, que provoca un sentimiento de nulo control de nuestras vidas, está presente.

La posibilidad de hablar nos permite aceptar nuestros sentimientos, validarlos y gestionar las emociones, es decir: manejarlas”, hace hincapié la profesional.

En este reportaje Delfino.cr presenta cinco diferentes realidades, a publicarse una por día: una estudiante universitaria indígena, un pesquero de la zona caribe, una profesional de la salud que ha tenido que lidiar con la emergencia en carne propia, una mujer no vidente y una profesora.

El hecho de conversar sobre cómo nos sentimos, permite entender y visibilizar lo que nos pasa. “Nos da la opción de comprender qué es lo que estamos sintiendo y sobre todo, y muy importante en esta coyuntura, aceptarlo”, agrega Vargas Piedra.

Darse cuenta de que otras personas también están sintiéndose de manera similar, ayuda a comprender al otro u otra y a sentirnos un poco más acompañados, explica la psicóloga.


Katherine Aragón Garita / 28 años / Trabajadora de salud en el Hospital Calderón Guardia

Ilustración por: Beatriz Castro Fernández @habito.cr

Un hospital no es el mejor lugar para estar durante una pandemia. Es recomendable que, salvo que se trate de una situación que lo amerite, las personas no ingresen a un centro médico. No obstante, para los profesionales de la salud que deben atender la emergencia, quedarse en la casa no es opción.

Katherine Aragón Garita, de 28 años, es licenciada en Imagenología y labora regularmente en el Hospital Calderón Guardia. Dice que sus sentimientos han ido variando conforme avanza la pandemia.

El 6 de marzo el Ministerio de Salud anunció el primer caso de un paciente contagiado por COVID-19. Aragón cuenta que al inicio en el hospital se vivía más una sensación de incertidumbre porque, además de enfrentarse a una enfermedad nueva, la población se confundía con cualquier padecimiento.

También notaba desorden porque los médicos no sabían cómo dirigir a los pacientes sospechosos de COVID-19, si al área respectiva o a emergencias normales. Eso le daba cólera porque veía llegar a personas sospechosas y no se le ubicaba rápidamente.

Conforme fue pasando el tiempo y todos fuimos entendiendo un poco más, pasó de ser una chicha a una tristeza de ver la cantidad de gente que está llegando a los servicios”, agregó.

Su trabajo con los pacientes COVID-19 consiste en tomar placas a nivel de tórax y radiografías, con el fin de llevar controles y seguimiento de la enfermedad para monitorear cómo avanza. Describe que al inicio de la pandemia, por semana, hacían una placa a un paciente positivo o sospechoso, y que, conforme se ha agudizado la situación de la emergencia, han pasado a tratar a 27 pacientes en un solo turno.

Cuando uno llega a hacer las placas y el paciente está consciente y puede respirar por sí solo, ellos y ellas nos cuentan que están asustados, preguntan qué les vamos a hacer y qué les va a pasar. Si el paciente viene muy sintomático no; porque vienen sedados, entubados o en una crisis.”

El Ministerio de Salud de Costa Rica confirmó el 9 de septiembre que la cifra total de 31.137 casoss activos. Además de 19.544 personas recuperadas y 543 fallecidas. En específico, en el Hospital Calderón Guardia, donde labora Katherine, hay 153 personas internadas entre Salón y Cuidados Intensivos.

Entre sus colegas percibe incertidumbre cuando tratan a un paciente sospechoso porque empiezan a pensar que, si el paciente resulta positivo, no saben qué tan mal se va a poner, si hay cama o si no hay cama, si el paciente está mal pero hay otro que está peor y hay que traerlo urgente.

También entre sus compañeros y compañeras hay preocupación por los equipos de protección, por la capacidad del hospital para atender pacientes, por la salud de ellos y ellas mismos. Ella trabaja en Rayos X y comenta que, a la fecha, ahí no han salido personas contagiadas, pero que en áreas como nutrición, farmacia y aseo sí han habido casos positivos.

Tratamos de cuidarnos entre nosotros mismos, porque nadie lo va ha hacer. Cuando uno atiende a un salón COVID tiene que vestirse y desvestirse, con el equipo de seguridad.  Cuando te desvestís, alguien tiene que ayudarte para no contaminarse uno, en general tiene que haber personal de enfermería que te ayude. Conforme ha ido avanzando la situación, hay cada vez más pacientes, menos tiempo y menos campo. A veces no nos podemos desvestir con ayuda. Lo que hacemos es que nos ayudamos entre nosotros que ya nos vamos aprendiendo el protocolo”, detalla la imagenóloga.

Hay miedo porque “si uno se enferma, nos vamos en banda todos”. Aunado a eso, el hecho de atender a un paciente COVID ya representa un reto, porque existe la posibilidad de equivocarse, hacer algo mal y contagiarse. “Miedo no solo por uno que en sí es joven, si no por andar jalando el virus”. 

Desde que se dio la alerta adoptó una rutina para volver a su casa y generar seguridad a sus cinco familiares con los que convive. Además de duchas le echo alcohol a todo, la ropa a la lavadora y me lavo todo lo expuesto (cara, brazos), cuenta.

Katherine siente que ha podido manejar de buena forma sus sentimientos. Describe que, cuando su horario de trabajo se lo permite; saca a su perro, pinta o dibuja. Sin embargo recientemente se dio cuenta de que está haciendo bruxismo (apretar de forma inconsciente la mandíbula y rechinar los dientes, produciendo el desgaste de los mismos) por ansiedad, cuando duerme. “Es algo que nunca he hecho y me comenzó a raíz de esta situación. La dentista me dijo que puede ser una forma de cómo se me demuestra a mí la ansiedad”.

  • ¿Hablás regularmente con alguien sobre tus emociones?
  • Con los compañeros del hospital que son los que más tienen un sentimiento parecido al mío. Para hablar de cosas así, uno tiene que ahondar en muchas cosas. 
  • ¿Y fuera de tus compañeros?
  • Siento que si me pongo a hablar sobre eso afuera,  no me van a entender lo que digo. 

Asimismo, contó que en su departamento les habían asignado una psicóloga que les brindaba sesiones grupales. “Entre los compañeros estamos de acuerdo con que esa ayuda resulta necesaria”.

Ahí es donde me doy cuenta de que una no es la única que está pasando por esto. A veces uno cree que las cosas solo le pasan a uno y no es así. Ver que a todos y todas nos asustan las mismas cosas, que nos preocupa la familia, que tenemos rato de no ver a alguna persona especial”, describió.


Empatía, respeto y comprensión

Una montaña rusa emocional es la constante. Recibimos información diferente a diario; nuevas medidas, nuevos contagios, nuevas muertes, desempleo, etc. Es normal que en este panorama las emociones estén expuestas y suframos cambios.

Una atmósfera que valide los sentimientos y las emociones de los otros y otras, es fundamental para que las personas puedan expresarse. Ambiente respetuoso, comprensivo y una escucha empática, resalta Vargas Piedra.

Ahora bien, si una persona sufre de situaciones como depresión o síntomas muy acentuados de ansiedad, la recomendación de apoyo profesional es lo principal, siempre y cuando se pueda acceder económicamente a ello, lo que lamentablemente no suele ser el caso.

La idea de tener apoyo profesional también es para que la persona logre recuperar ese nivel de funcionamiento que tenía previo a la crisis”, argumenta la psicóloga. 

El aislamiento físico no implica aislarse emocionalmente de nuestros seres queridos, en caso de no convivir con ellos. Hoy en día la tecnología es una aliada que nos permite conectarnos con las personas cercanas.

Es importante recordar que lo que cada uno hace tiene un impacto en los demás. Si ha habido un momento en el cual debemos implementar la solidaridad, la empatía y la compresión, es este. Es la única forma en la que podemos ir llevando esta situación", finalizó.

Esta serie de es una colaboración entre los periodista Alonso Martinez Sequeira y Julián Zamora Mora, así como la ilustradora Beatriz Castro Ferández (@habito.cr en Instagram).

Lea la siguiente entrega: “Algún día nos podremos abrazar”.