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Las políticas públicas de cada país se han empeñado en mitigar la bifurcación económica que el COVID-19 ha dejado a su paso, amortiguar sus efectos y el convenir del aparato productivo y funcional del trabajador, sin embargo, en todo este escenario caótico pandémico, existe poca o nula intervención sobre el cuidado del ser del sujeto, toda actividad de su salud mental que incluya bienestar emocional, psicológico y social, de ahí la necesidad ética de cuestionar los ámbitos aplicativos de ciertas prácticas y grupos irresponsables que afloran de manera oportunista viendo un potencial mercado en los posibles trastornos producto del aislamiento.

"Acabemos con esto ya, acabemos con esta agonía", expresaba el pastor evangélico estadounidense Jim Jones la mañana del 18 de noviembre de 1978 en un lugar remoto de Guyana, en el noroeste de América del Sur. 918 personas perdieron la vida, el mayor suicidio colectivo de la historia. De manera paralela, en 1993 en Waco Texas se suicidaron más de 80 personas igualmente pertenecientes a otro grupo esotérico, liderado por David Koresh. Quizá estos sean los fenómenos sectarios destructivos más representativos en sus efectos más extremos compartiendo un factor común: “una ideología de promesas rápidas”, aprovechando la vulnerabilidad psicológica de sus participantes en situaciones puntuales de su entorno biosocial.

Coaching y sectarismo destructivo

Miedo, angustia, contención vivencial negativa e incertidumbre económica, son algunos de los padecimientos experimentados como producto de los diferentes niveles de aislamiento que la pandemia ha dejado a su paso, advierte la relevancia a partir de la inquietud social que suscitan las actuaciones de algunos de estos grupos.

El coaching es una suerte de “receta mágica” inmediata que promete solucionar toda clase de problemas, desde enfrentar afecciones psicológicas, alcanzar y proyectar metas de vida, obtener un mejor empleo, pareja amorosa o similares. En su forma más básica se presenta como un conjunto de cursos, talleres o entrenamientos con un esquema multinivel mediante el cual convencen a sus seguidores no solo de comprar sus cursos, también los invitan a reclutar nuevos miembros y a vender su promesa mediante una dinámica sectaria solapada.

Las primeras sesiones se encargan de quebrar la voluntad y la autoestima para que las personas tengan la necesidad de seguir presentándose a las sesiones, todo mediante una serie de actividades aplicadas bajo un único discurso unificador de compromiso y necesidad que demanda cada taller.

A primera impresión podría parecer una alternativa, pero lo realmente preocupante es que no se usan propósitos terapéuticos reales ni marcos éticos, es pura y estricta persuasión coercitiva, bajo la premisa de modificar creencias y conductas limitantes para generar una reconstrucción en las personalidades de los participantes potenciando sus capacidades. Asimismo, en los “entrenamientos” se presentan abusos psicológicos sin que antes se cuestione si hay personas con enfermedades mentales o predisposiciones genéticas que puedan verse afectadas por el proceso. Este método opera desde presupuestos pseudocientíficos como “Ley de atracción”, “Optimismo motivador” impartidos por un “guía” que no es ni psicólogo ni psiquiatra, es un “coacher”, un cualquiera con “certificación” de instituciones de corte empresarial.

Esta es la descripción rituálica más superficial del coaching, sin embargo, cumple con los estadios mencionados por el psiquiatra y sociólogo estadounidense Robert Jay Lifton en su libro “La reforma del pensamiento y la psicología del totalismo: un estudio del lavado de cerebro en China”, el libro abarca criterios para la reforma del pensamiento donde Lifton identificó las tácticas utilizadas por los comunistas chinos para provocar cambios drásticos en las opiniones y la personalidad de uno y lavar el cerebro a los soldados estadounidenses para que hagan afirmaciones demostrablemente falsas. Lifton describe el control de la atmósfera social y de la comunicación humana como obstaculizador de la comunicación para la autoreflexión, manipulación mística, se recrean una serie de atmosferas donde aparecen eventos o situaciones que dan la apariencia o el sentir de ser algo “mágico”, pero que en realidad han sido planeadas con anticipación para generar tal percepción, toda una serie de principios aplicados en mayor o menor medida de los clientes del coaching.

Visión clínica

El coach vulgariza la psicoterapia y pone a disposición temas de salud mental a personas que no están capacitadas para impartir un método sea cual sea, el coaching no posee los suficientes conocimientos y herramientas terapéuticas para ayudar a un paciente a que supere una patología, no se debe entrar en ese terreno porque puede incluso potenciar causas subyacentes de problemas no diagnosticados.

La complejidad conductual y psíquica del ser humano está mediada por infinidad de determinantes, como el ambiente, el contexto, la genética, la fisiología, las circunstancias puntuales a nivel social, clínico o laboral que configura el tejido sobre el que todos los días operamos ante el devenir.

Un coacher sin formación puntual en psicología pretende omitir esa influencia sistémica para brindar un discurso hiperpositivo. Si bien los servicios coaching que hoy en día están tan de moda, y que suelen difundirse a través de personal no calificado, sin la más mínima adquisición de habilidades relacionadas con el comportamiento humano, contribuyen a menospreciar una disciplina tan compleja como la psicología que ha ganado su puesto con un enorme trabajo de investigación y aplicación del conocimiento social, personal e integral.

Finalmente es importante enfatizar que el fenómeno de grupos y en este caso particular cercano a lo denominado sectas, es bastante más sofisticado de lo que se alcanzaría aquí a mostrar, el entender necesario requiere un análisis total del tema desde enfoques teóricos, por lo que aquí solamente es un ligero acercamiento desde una idea particular de acercamiento y vivencia personal de estos grupos.

La realidad de la vida cotidiana y la salud mental, es que esta no se puede manejar con el simple pensamiento "positivo" de una sesión, se afronta con estrategias reales y efectivas que respondan a vías responsables de atención psicológica.