Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.

Hace unas semanas le pedíamos al presidente Alvarado que se apoyara en el pueblo, tanto para el abordaje económico y social de la crisis causada por la pandemia, como en la prevención y la lucha contra la COVID-19. ¡No ha hecho ninguna de las dos!

Sobre lo primero, cada vez queda más en evidencia el trato privilegiado que el presidente tiene hacía las elites económicas, por sobre los otros sectores y grupos organizados. Esta alianza ha incluido en el congreso al PLN, RN y obviamente al PAC; y ha tenido el apoyo de los grandes medios de comunicación. Así se han sostenido este gobierno hasta la fecha, desde la imposición de una reforma fiscal que golpeó a los sectores más vulnerables, pasando por la “ley anti-huelgas” y más recientemente una serie de proyectos que en tiempo récord se aprobaron en el congreso para proteger al gran empresariado frente a la pandemia, para que por ejemplo Wal-Mart pudiera jinetear el pago del IVA todo el año. El Semanario Universidad en sus últimas ediciones ha hecho un loable trabajo para evidenciar quiénes son las elites económicas y grupos de poder que tienen enorme influencia de este gobierno, y que han tenido la capacidad de disfrazar sus intereses privados de públicos.

Eso sí, todo indica que dicho contubernio le queda pocos días, entre otras cosas por motivo de las próximas elecciones nacionales, y los respectivos y adelantados cálculos politiqueros, y porque ya es sabido quiénes son los primeros que huyen cuando el barco se hunde; para muestra la negativa de la mayoría de las fracciones a votar el presupuesto nacional, pese a que incluía presupuestos de los bonos proteger, hasta que se le hicieran más dramáticos recortes. Aun así, el presidente pareciera estar dispuesto a hipotecar el Estado Social de Derecho con tal de lograr “gobernabilidad” y respaldo hasta el último minuto, aunque los proveedores de esto sean insaciables, cual mafias que se les paga por protección.

En el medio de estos pulsos de poder en el país las cifras, pero también las calles, reflejan un descalabro económico y social, pero también moral, el miedo y la incertidumbre que recorren nuestro país. ¿Quiénes canalizarán social, cultural y electoralmente este malestar e incertidumbre ciudadana? La reconstrucción de una gran bloque progresista y social, que convoque a la izquierda, al progresismo y a la socialdemocracia, pero que sobre todo logre tener un relato que aglutine y dispute el sentido común de los sectores populares y medios y al pequeño mediano empresario, que todos los días están siendo seducidos por una suerte de ultra derecha populista, que ha visto en la pandemia una oportunidad para difundir con existo sus mensajes del odio, en un cóctel explosivo donde encontramos: negacionistas anti-ciencia (“¿Cuál pandemia?”) , xenofobia (“La culpa de es los nicas”) , confusión ideológica adrede (“¡El Gobierno es comunista!”), nacionalismo exacerbado (La Caja es para los costarricenses), homofobia, misoginia y demás síntomas que han sido la antesala de proyectos neo fascistas en el mundo; hay fuerzas políticas, medios de comunicación y líderes de opinión que están dispuestos a echar andar proyectos de ese tipo.

El optar por la reconstrucción del arco progresista no es una tarea fácil, pero la coyuntura lo hace necesaria. El mejor momento político organizativo de este bloque fue la histórica lucha contra el Tratado de Libre Comercio, entre el 2004 y el 2007. Hoy, más de 10 años después, ha corrido mucha agua bajo el puente: las confianzas se han minado entre los diferentes sectores, también ha habido decepciones, traiciones y fracasos, sin embargo, el abismo económico y social al que se encamina Costa Rica, la capacidad de cohesión y acción de las élites económicas, abonado al ascenso de la ultra derecha populista, son motivos de sobra para redoblar esfuerzos en una gran alianza ciudadana.

En buena hora al calor de la crisis han surgido nuevos grupos movimientos y medios que buscan la justicia social por medio de propuestas y la organización, esto es una buena señal, y un buen punto de partida. ¡Convoquémonos otra vez!