Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.

¿Qué es la proyección del elitismo?

La proyección del elitismo, concepto propuesto por el consultor y experto en transporte público Jarrett Walker, es “la creencia entre las personas relativamente influyentes y privilegiadas de que lo que ellos encuentran conveniente o atractivo es bueno para la sociedad en general”. En otras palabras, el concepto hace referencia “al hábito inconsciente de las elites de asumir que sus propios gustos son un buen reflejo de lo que la sociedad valora como deseable.”

Desde la perspectiva de la planificación urbana, la proyección del elitismo se puede relacionar con el privilegio de movilizarse en carro al trabajo que tiene la élite conformada por políticos y tomadores de decisiones, los cuales asimismo consideran el automóvil su medio preferido de transporte.  En esta línea, este concepto nos ayuda a entender las motivaciones, acciones y discursos de las personas que toman decisiones relacionadas con la movilidad de todos: funcionarios y políticos que, dadas sus preferencias y el modelo carro-centrista que predomina en Costa Rica, no utilizan de forma frecuente el autobús, el tren, o la bicicleta.

La proyección del elitismo y el caso de Costa Rica

Con la excepción de la fallida ampliación de la Ruta San José-San Ramón, la gran cantidad de proyectos carro-centristas propuestos, iniciados o construidos en los últimos años han sufrido de mínima o inexistente oposición por parte de las élites tomadoras de decisiones: Circunvalación Norte, el Puente del Saprissa, La Rotonda Garantías Sociales, la expansión de la Carretera San José-Limón, y los pasos elevados de Taras y La Lima, entre muchos otros más.

En contraste, los principales recientes proyectos no carro-centristas han recibido amplia oposición. Por un lado, al proyecto del Tren Eléctrico le han encontrado objeciones de todo tipo: “no es el momento, que el dinero se use para la pandemia”, “la rentabilidad está sobredimensionada”, ¿cómo? ¿subsidiar el tren?”, “como yo no lo usaré no me toca subsidiarlo”, “¿cómo es posible que se mantengan cruces a nivel de calle”, entre muchísimas críticas más.

Por otro lado, el plan de ciclovías temporales, propuesto por un grupo de colectivos urbanos, lleva ya más de 2 meses “en análisis”, y sobre el mismo el ministro de Transportes comentó que “ya hay una ciclovía, ya existe una ciclovía, ellos quieren otra…”. Precisamente, estas declaraciones pueden significar un evidente desprecio por la infraestructura ciclística y las necesidades de las personas que se desplazan en bicicleta (en línea con la proyección del elitismo) o el desconocimiento sobre la importancia de contar con una red integrada de ciclovías para fomentar y proteger a los usuarios ciclistas. Cualquiera de las dos opciones permite concluir que el ministro de transportes no se desplaza en bicicleta a su trabajo, imponiendo implícitamente sus propias preferencias de transporte a todos los demás.

Estos ejemplos son evidencia de cómo aquellos que se oponen a medios de transporte distintos al carro, no usan de forma frecuente el tren, la bicicleta o el bus para transportarse a sus trabajos y, por lo tanto, minimizan o menosprecian la importancia de estos medios para quienes dependen exclusivamente de ellos.

De esta forma, la proyección del elitismo ejercida por personas tomadores de decisiones (diputados, ministros, alcaldes, entre otros) se traduce en decisiones que favorecen desproporcionadamente a esa misma élite (la que tiene el privilegio de manejar al trabajo) en detrimento de los que no forma parte de ese grupo privilegiado (usuarios de transporte público, peatones y ciclistas).  En otras palabras, en decisiones que aumentan la desigualdad e inequidad.

¿Qué podemos hacer para atacar la proyección del elitismo?

El primer paso es identificar la proyección del elitismo en nosotros mismos, y en adelante retarla y cuestionárnosla constantemente.

Para los tomadores de decisiones, Walker propone que deberían hacerse la siguiente pregunta “¿Esta idea funcionaría para mí si estuviera en una situación típica de un ciudadano promedio en vez de la situación afortunada en la que me encuentro?” Si la respuesta es positiva, entonces el proyecto será beneficioso para la sociedad como un todo, y como tal será beneficioso también para las élites. Por lo tanto, el proyecto debería contar con el apoyo, y la crítica constructiva.

Para la ciudadanía, es vital que señalemos, retemos y pongamos en evidencia de forma más urgente la Proyección del Etilismo en los puestos que requieren toma de decisiones a nivel país y a nivel local, dado que son los puestos que ostentan más poder y son más influyentes.

Conclusión

Walker considera que la Proyección del Elitismo es probablemente la barrera más importante para la creación de ciudades prósperas, justas y liberadoras. En mi opinión, basta con ver las condiciones actuales de nuestras ciudades para comprobar cuántas decisiones en temas de movilidad han sido y siguen siendo tomadas ejerciendo la Proyección del Elitismo.

Así que hasta que no desafiemos la Proyección del Elitismo en nosotros mismos y entre las élites en puestos tomadores decisiones en temas de ciudad y movilidad, seremos incapaces de planear y construir ciudades verdaderamente inclusivas, equitativas y con oportunidades de superación para todos.

¿Planificamos la ciudad para todos o sólo para las élites con privilegios? Está en cada uno de nosotros actuar para que sea lo primero.