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La pandemia que vive la humanidad ha provocado que todos los sectores se vean obligados a realizar un rápido ajuste de la manera en la que usualmente han estado acostumbrados a trabajar. Las universidades no han sido la excepción y, a pesar de que en otras partes del mundo las modalidades virtuales y semipresenciales ya habían calado con éxito, en nuestro país aún se encontraban en pleno desarrollo.

Este reto es aun más grande para algunas carreras, en las que la presencialidad pareciera ser casi una obligación en algunos aspectos, tal es el caso de ciencias de la salud. Ahora bien, si en la situación actual la presencialidad en un aula aún está por verse, la entrada de un estudiante a un centro hospitalario para aprender, pareciera estar todavía más lejos. Es aquí cuando la simulación clínica se vuelve una estrategia clave y fuerte para continuar con la formación de los que serán nuestros héroes de mañana.

La simulación clínica no es de data reciente, de hecho, los inicios de esta metodología en simuladores de vuelo y la milicia tienen más de 70 años y ha demostrado ser una metodología de enseñanza eficaz, segura y apropiada.

Su uso es bastante lógico, nadie se montaría en avión con un piloto que únicamente leyó un manual y no ha tenido la posibilidad de experimentar vientos peligrosos. Llevemos el ejemplo al campo de la salud, ninguna mujer quisiera que su parto fuera atendido por estudiante primerizo, ningún hombre quisiera que se le realizara un examen de próstata cuando el que lo aplica no ha sentido una, además, estoy seguro de que nadie quisiera estar en una situación de emergencia sin un personal que se haya afrontado a estas.

La formación tradicional de estudiantes de medicina incluía todo lo mencionado anteriormente, para aprender estos procedimientos complejos y también los simples, el estudiante debía tener una primera vez y esta era siempre con un paciente real, exponiendo este último a daños, complicaciones e incluso la muerte.

Sin embargo, desde mucho tiempo atrás se inició una metodología que nos permite aprender y enseñar de manera controlada y segura, prácticamente cualquier situación a la cual se afrontaría un futuro personal de salud.

Esta metodología de aprendizaje ha evolucionado hasta demostrar científicamente su valor. En la actualidad escuchamos la palabra evidencia en cada conferencia que brindan las autoridades en salud y la simulación clínica cuenta con suficientes evidencias para ser una metodología estrella. Este respaldo científico es importante, sobretodo en términos de enseñanza de carreras, en las que la vida de las personas está involucrada. Pocas metodologías de aprendizaje cuentan con un respaldo tan sólido para la formación, como es el caso de esta. Sin embargo la inversión para ejecutarla de manera apropiada podría ser grande, además de que se debe tener una amplia capacitación para que se construya el aprendizaje. Debemos conocer más de metodología que de tecnología para aplicarla.

Varias universidades de nuestro país han tenido un avance importante implementando esta dinámica, tal es el caso de la Universidad Federada San Judas Tadeo, la cual ha desarrollado un importante centro de simulación y ha creado procesos de capacitación constante de todo el personal que labora en él.

Otro punto muy importante a favor de la simulación clínica es la posibilidad de incorporar la estrategia de pacientes estandarizados, estos son actores que representan diversas enfermedades para que los estudiantes los aborden. Sin embargo, este no es su principal aporte, sino que estos permiten desarrollar una retroalimentación sobre cómo se han sentido durante el abordaje del estudiante, hablando sobre su trato, comunicación, habilidades para educar y otras. Esto sin duda genera una preparación sumamente humana y efectiva. Por último, vale la pena destacar que la simulación prepara para ver personas reales, sin alejarse de ese realismo, pero brindando un entorno seguro para el estudiante y para el futuro paciente, enseñando una atención más humanizada en cada aspecto.

Si en algún momento alguien pensó que no era posible formar estudiantes sin exponer de manera insegura a los pacientes, ahora deberá aprender que no es necesario disminuir la salud de una persona, para que otro aprenda a salvar su vida luego. Países de Europa, de Norte y Suramérica han aplicado la simulación con alto éxito y sus profesionales han sido destacados a nivel mundial.

Si hoy les dijera que podemos formar estudiantes con seguridad de su aprendizaje y seguridad para el paciente, que podemos desarrollar destrezas, conocimientos y una buena actitud, de manera controlada, efectiva, de acuerdo a nuestros planes de estudios y sobretodo que podemos formar mejor al personal de salud, les diría: simulación clínica, hoy más que nunca.