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La situación que estamos viviendo gracias a la enfermedad COVID-19 no es para nada nueva, esto si nos remontamos a épocas no tan anteriores, donde la humanidad tuvo que sobrevivir a epidemias mortales como la Peste Negra, el Cólera o también la Viruela —esta última se convirtió en la primera pandemia en ser erradicada por completo gracias a los avances médicos, la concentración e investigaciones que hubo entorno a ella—. Esto no queda en solo cosas que pasaron, se extiende más allá de una enfermedad, dentro de ella hay estudios de todo tipo para averiguar el impacto que puede tener dentro de una sociedad, la cantidad de víctimas, la cantidad de recuperados, el avance que pueda tener en un plazo o bien, su decrecimiento, aquí es donde entra en juego la matemática.

Durante el colegio pasamos horas sentados estudiando términos, procesos y definiciones matemáticas que, probablemente, en los años posteriores es seguro que se olviden o es posible que nos acordemos de aquel docente que explicaba con tanto entusiasmo un tema que aún lo conservamos como si se hubiera explicado ayer. Centrándome en la primera parte, tal vez esta pregunta se le venga a la mente a más de una persona: “Y esto, ¿para qué me va a servir en la vida?” o quizás esta otra: “No voy a volver a ver esto fuera del colegio entonces, ¿Por qué voy a poner atención?”. Son preguntas a las que los docentes nos enfrentamos constantemente de parte de los educandos y estoy seguro que muchos de nosotros mismos nos hicimos esos mismos cuestionamientos en nuestra adolescencia mientras estábamos en un aula recibiendo materia.

Hace un año terminaba mi tesis investigativa para lograr mi anhelada licenciatura, esta trataba acerca de la modelización matemática mediante la función exponencial con énfasis en problemas epidemiológicos. El saber el impacto que podía tener una de las epidemias más grandes de la historia en la población si no fuese controlada o bien, el ver cómo por medio de una vacuna un virus iba decreciendo exponencialmente en el cuerpo de un individuo me provocaba entusiasmo ya que era algo que no se trataba actualmente en nuestros centros de estudio. Sin saberlo, unos meses después nos íbamos a topar con este acontecimiento mundial por el cual estamos siendo golpeados gracias a este nuevo coronavirus y mis ideas de renovar el pensamiento de los docentes, estudiantes y población en general por medio de la investigación que realicé hace apenas unos meses, volvieron a recorrer hasta lo más profundo de mi ser.

La educación matemática debe cambiar y me centraré en dos aspectos que pueden ayudar a comprender por qué ver esta materia con aplicaciones reales, mientras el tema lo permita (claro está) puede inclusive llegar a hacer un llamado a la conciencia con esta situación que estamos pasando. Uno de ellos debe ser la actualidad nacional, la población adulta-joven es a la que nuestro ministro de Salud le hace más énfasis al llamado de quedarse en casa y de respetar las normas, esa población que hace unos años (en su mayoría) pasaba por el colegio. ¿Entenderán ellos verdaderamente el término “crecimiento exponencial”? Ese que tanto utiliza el ministro en cada una de las conferencias a las que asiste para describir el progreso que ha tenido o tendrá la epidemia en nuestro país.

Acá es donde va el otro de los puntos, la manera en la que se enseña. Estamos acostumbrados a ver la matemática de dos formas, una es como la materia que intimida a la mayoría y la otra, una donde el profesor enseña a meter cosas en la calculadora, darle igual y se acabó. Este punto es imprescindible, la matemática en el colegio debe cambiar lo suficiente como para que dentro de un problema o una situación planteada por medio del docente, se pueda llegar a situar al estudiante en un contexto histórico, social y cultural. Esto con el fin de adentrar al educando en un momento de análisis el cual lo lleve a encontrar datos o bien, a investigar, a ver el impacto que una situación, enfermedad o hasta una epidemia puede llegar a tener en nuestras vidas. No será solamente a leer un problema, si no, el modelar una situación por medio de su gráfica o su criterio el cual le brinde muchos más datos como alcances y consecuencias que puede tener una expansión de la enfermedad en el país.

No le pidamos a un joven calcular solamente cuántas bacterias habrá después de cierto tiempo, no le enseñemos solamente a introducir datos en una calculadora que, aunque es una gran herramienta y debe ser parte del proceso en la resolución, tiene que tener su tiempo en el análisis del estudiante. Estos tiempos los quise plantear en las siguientes fases:

  1. Proposición. Al estudiante se le plantea una propuesta para leer y comprender.
  2. Análisis. El educando lee, comprende y analiza la situación que le plantea el docente.
  3. Contextualización. El estudiante se coloca en el contexto del problema, determina la situación planteada y lo que tiene que realizar.
  4. Resolución. Se le da el tiempo para determinar las distintas soluciones que se plantearon en el problema.
  5. Exposición. Un problema deber ir diseñado para ser comentado, debatido y analizado con el profesor y los demás participantes de la clase. Esto no queda solamente para clases de estudios sociales o español, también se puede lograr en matemática y se tiene que lograr si queremos llegar a hacer la materia más atractiva a vista del estudiante.

Esta es a pequeños rasgos una manera en la que se situaría un problema, pero ¿para qué? Desde mi perspectiva el sistema educativo debe ser el sustento para poder acatar instrucciones dadas, así como se plantean indicaciones para la resolución de un problema se nos sugiere actualmente como población en general, la obligación de quedarnos en casa. De la misma forma, el hecho de analizar un problema que parte de una situación enfocada en que el estudiante realice una análisis en un contexto dado desarrolla la habilidad de comprender realidades en nuestra vida cotidiana que puede llevarnos como lo que vivimos hoy, a salvar vidas.

Hoy en día con la tecnología de nuestro lado podemos graficar, modelar e inclusive resolver cualquier situación que se nos proponga, pero también la misma puede darnos una visión clara a futuro de lo que puede suceder, una pequeña muestra de realidad partiendo de la ficción. Quiero incentivar a los docentes de matemática y también de otras materias a estimular procesos de análisis en el aula, a crear nuestros propios problemas y sí, sé que a veces el tiempo es sumamente ajustado pero también está en nuestra responsabilidad como docentes formar ciudadanos de bien, de esos que analicen, que piensen en los demás y que se preocupen por llegar a hacer de Costa Rica un país más grande de lo que ya es por medio de comportamientos ejemplares, pero todo esto se logrará, solamente si cambiamos nuestro chip a partir de lo que vivimos actualmente.

En nuestra mente debe estar en este momento el cambio, el dejar de culpar situaciones anteriores, al MEP o a quien se nos ocurra para posicionarlo como excusas para no innovar en nuestro sector, recordemos que los buenos problemas no cansan, de ellos siempre vamos a querer más, hagámoslo por el país, por lo futuros ciudadanos que tenemos la responsabilidad de formar desde nuestros salones de clase, hagámoslo para que si una situación como la presente se vuelve a dar en un futuro, tengamos una ciudadanía preparada y que entienda lo que sucede y sus posibles impactos, ojalá este problema saque lo mejor para nosotros.