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Así como una relación de amor patológico y poca comunicación, está apareciendo un actor nuevo en este guion de palabras confusas. Por fin nos están mostrando que hay una amante. Esta amante, como cualquiera, no se nos introduce de forma directa y clara. Más bien, es de forma paulatina y gradual hasta que un día nos damos cuenta de que llevaba tiempo estando entre nosotros. Eso es lo que está sucediendo mientras se mantiene a la amante resguardada, llamada “transmisión comunitaria”.

En la conferencia de prensa de ayer el ministro de Salud sigue desestimando la transmisión comunitaria. En sus palabras: “cuando nosotros indicamos el viernes anterior que íbamos a tomar medidas de restricción de placas… cierre de algunos establecimientos… vimos un comportamiento lamentablemente que no debió haberse dado… aglomeración en supermercados… y eso hace, vean, que tenemos un aumento importante del número de casos se hayan multiplicado y eso hace que se vea este número de casos (37 para el 9 de abril)”.

Si pusieron atención a sus palabras, se darán cuenta que nos está describiendo a la amante de este complejo guion: “transmisión comunitaria”. La transmisión descrita por el señor ministro no está caracterizada por la necesidad de haber estado en contacto con aquel turista con el acento extraño.

Otra pista de esta amante es cuando nos comentan del cambio en el enfoque de las pruebas que ahora no solo se enfocan (cambio tardío) en aquellos viajantes, o expuestos a viajeros. ¿Entonces a quienes estamos tratando de detectar ahora con este cambio? A todo aquel con síntomas sugestivos y que la impericia clínica ameritase. Al fin el juicio clínico retoma su poderío, que nunca debió haber perdido. Parte del juicio clínico es usar la lógica. Lógica que supone que un virus no tiene cerebro y que no porta pasaporte para ponerse en pequeñeces revisando su gps (inexistente) a ver si es más transmisible basado en ideas arbitrarias.

Esto llega a afectar nuestras propias curvas expuestas hasta el momento y que abarrotan las redes sociales. Hablamos de las curvas creyendo que tenemos algún tipo de certeza cuando en realidad estamos haciendo matemáticas con palitos y poniéndole atención a una cohorte menor a la que en realidad tenemos de frente. Sí señores, el “testeo” ha estado mal enfocado, y esto desde hace semanas. Dos analogías que muestran la principal problemática de hacer suposiciones basados en los números ticos:

1) ¿Si no vemos del ojo derecho y tenemos frente a ese campo visual un asesino, lo ignoraremos y creeremos estar a salvo? O ¿Pensamos lo peor (vemos como ampliar la visión), detectamos al asesino, y vemos qué hacemos? (Si pensó en la primera opción entonces sí, Costa Rica y sus curvas proyectadas están espectaculares… si pensó en la segunda, gracias).

Problema: Hacemos menos de 1,000 pruebas por millón de habitantes. NY hace 15,000 pruebas por millón. Está bien, no somos Nueva York, pero ¿15 veces menos y aun así querer hacer inferencias con palitos? ¿Qué somos unos de los que más hacen en Centroamérica? Sí, y qué. ¿Acaso ellos saben dónde están?

2) Usted tiene una agencia de viajes receptiva (recibe extranjeros) y le preguntan acerca de cómo es el tico en comparación con el extranjero en dar “tips”. Usted responde:

  1. A) El tico no va de paseo.
  2. B) No puedo contestar esa pregunta porque mi agencia no promueve viajes para nacionales.

Problema: La mayor parte de estos 34 días de pandemia hemos actuado como la respuesta “A”. En nuestro país aparte de tener escasez de pruebas, han sido sumamente restrictivas, al punto de negarle la prueba a ciudadanos que lo ameritaban pero no contaban con el “nexo epidemiológico”.  No tomaban en cuenta al tico que no viajó y que no estuvo en contacto directo con el viajante. Aun así, creemos saber la realidad haciéndonos pasar por la agencia de viajes en la opción “A”. Por qué no hemos sido humildes y aceptado las limitaciones, respondiendo como “B”.

Viene la pregunta de “transmisión comunitaria” al minuto 35, el señor ministro menciona que no hay todavía evidencia suficiente para ponerle nombre a la amante del guion. Esto me recuerda cómo a inicios de la pandemia la OMS mencionaba que no había contagio entre humanos, y ahora nosotros a miles de kilómetros cometiendo errores similares.

Una pandemia implica cambios, que no siempre pueden esperar reacciones lentas y “repensadas”, y así como dijo Hawking, “la inteligencia es la habilidad de adaptarse al cambio”. Esa inteligencia más la sabiduría de aplicar los aprendizajes de los demás países es lo que nos podría salvar.

Concluyo pensando que no tiene sentido tratar de evitar un término que explicaría tanto al pueblo costarricense de por qué es tan importante cuidarse hasta en la pulpería. ¿Por qué? Porque hay transmisión comunitaria y no se ocupa que sea el turista el que lo traiga; porque el virus desconoce fronteras y se comporta igual donde sea. Recordemos, el virus no tiene cerebro, si lo tuviera, estaríamos peor.