Evidencias recientes sugieren que la transmisión inicial del virus podría haberse producido en el mercado de Huanan, en Wuhan, con el perro mapache como principal sospechoso.

Cinco años después del inicio de la pandemia de COVID-19, el origen exacto del virus SARS-CoV-2 continúa siendo motivo de debate y estudio. Un conjunto de más de una docena de investigaciones recientes refuerzan la hipótesis de que el virus pasó de un animal silvestre a humanos en el mercado de mariscos de Huanan, en Wuhan, China, siendo el perro mapache (Nyctereutes procyonoides) el principal candidato.

Kristian Andersen, biólogo evolutivo del Scripps Research Institute en California, reconoció que "hay un gran enfoque en los perros mapache". Esta especie fue considerada sospechosa desde los primeros meses de la pandemia. Edward Holmes, virólogo de la Universidad de Sídney, recordó que ya en enero de 2020 había apostado informalmente que dicho animal podría ser el intermediario. Holmes visitó el mercado de Huanan en 2014 y observó la venta de estos animales, utilizados tanto para carne como para la industria peletera.

Sin embargo, Michael Worobey, biólogo evolutivo de la Universidad de Arizona, advirtió que la atención a los perros mapache se debe, en parte, a que han sido más estudiados que otras especies también presentes en el mercado, como civetas, tejones y ratas de bambú. Marion Koopmans, viróloga del centro médico Erasmus MC de los Países Bajos, enfatizó que se debe tener cautela al predecir qué especie animal fue la fuente original.

¿De dónde vino el virus?

La mayoría de los expertos coincide en que el SARS-CoV-2 se originó en murciélagos de herradura (Rhinolophus) del sur de China, Laos u otras zonas del sudeste asiático. Se cree que un animal intermediario lo transmitió a humanos. Aunque los murciélagos son el reservorio natural, su hábitat se encuentra a más de 1000 kilómetros de Wuhan, lo que plantea preguntas sobre cómo llegó el virus hasta allí.

El ADN mitocondrial hallado en muestras tomadas del mercado de Huanan en enero de 2020 coincidía con el de perros mapache y otros mamíferos como ratas de bambú y civetas. Estos datos, publicados en 2023 por investigadores chinos, mostraron que algunas de las muestras positivas para el virus también contenían rastros genéticos de estos animales.

Aunque no se ha demostrado que los perros mapache estuvieran infectados directamente, su historial como hospedadores de otros virus similares —como el que causa el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) en 2003— refuerza las sospechas. Estudios en Alemania han comprobado que estos animales pueden infectarse con SARS-CoV-2 y transmitirlo a otros animales, aunque ellos mismos no desarrollen síntomas graves.

El desafío de las pruebas perdidas

Uno de los principales obstáculos para aclarar el origen de la pandemia ha sido la falta de datos desde las etapas iniciales del brote.

Jonathan Pekar, biólogo evolutivo de la Universidad de Edimburgo, lamentó que muchos estudios clave, como rastrear la procedencia de los animales vendidos en el mercado o examinar a los trabajadores del comercio de fauna silvestre, no se realizaron a tiempo.

Las tensiones políticas y el enfoque en contener la propagación entre humanos dificultaron la recolección de información en el terreno. Además, la posibilidad de que algunas especies se vendieran de forma clandestina en el mercado deja abierta la puerta a la presencia de animales no documentados.

Para más detalles, el artículo completo está disponible en la revista Nature.