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Pocas veces en las coyunturas políticas y sociales la comunicación de riesgo ha jugado un papel protagónico en la definición de las estrategias de comunicación gubernamental. Ha sido subestimada e incluso ignorada por los gobiernos, y he ahí la causa por la cual sus crisis les explota en la cara.

Bajo esa premisa, hoy vemos un contexto en el que algunos gobiernos han logrado caminar sin caerse sobre la arena movediza del COVID-19 utilizando la comunicación de riesgo como el arma principal para mover a las sociedades a un terreno seguro. La comunicación de riesgo es la aplicación de todas aquellas estrategias cuyo fin principal es prevenir. El escudo vital contra las crisis es la prevención y la preparación, ahí el meollo de la comunicación de riesgo.

Dice Nury Astrid Gómez, reconocida asesora en comunicación política de Colombia, que la comunicación de riesgo es la herramienta más funcional para integrar a la población en el proceso de manejo de una crisis, lo cual, en gran medida, ayuda a generar un contexto de confianza pública, esta última la joya de un gobierno para lograr la construcción del consenso y así, gobernar y tomar decisiones en tiempos como el que vivimos actualmente con el suficiente respaldo popular. Bajo la confianza pública se logra persuadir a las poblaciones de un país para que siga las recomendaciones para evitar la propagación del coronavirus, y la comunicación de riesgo es maestra en ello al ofrecer estrategias para explicar el riesgo, educar a la gente y dialogar con los sectores sobre la amenaza.

El gobierno de Costa Rica, si bien ha tenido nefastos traspiés de comunicación a lo largo de los últimos meses, ha entendido la necesidad de variar la estrategia y aplicar algunos tintes discursivos relacionados con la comunicación de riesgo. El objetivo de ella es promover el conocimiento y la comprensión de los riesgos conocidos y desconocidos, por ello vemos al ministro de Salud, Dr. Daniel Salas, ser insistente en que aún caminamos sobre arenas movedizas, mensaje que tiene como propósito dar entender que, en un tiempo de crisis existe un panorama incierto. Haría mal un país o un gobernante que revele anticipadamente proyecciones sobre escenarios que pueden no ser reales. Es necesaria la verdad, y la verdad es que enfrentamos un panorama incierto y bajo esa premisa es que entonces, tomando la confianza pública depositada en esa autoridad, es que se previene, se educa, se informa y se toman decisiones.

Vimos al gobierno actual aplicar un modelo de transmisión enseñando a la ciudadanía a cómo lavarse las manos, luego un modelo de actuación en el que el presidente y el ministro salían en la televisión nacional lavándose las manos de manera adecuada y actualmente un modelo de interacción en el que, junto a diversos sectores se dialoga para lograr tomar decisiones acertadas para enfrentar la pandemia.

A propósito de la mención al señor ministro, es importante indicar que la pandemia actual nos deja un nuevo elemento a tomar en cuenta en la comunicación de riesgo. Nunca antes, como ahora, la vocería técnica por encima de la vocería política ha tenido tanta relevancia para poder generar esa confianza pública necesaria para manejar apropiadamente una crisis. Astrid Gómez afirma que la comunicación de riesgo “solo funciona cuando hay una comunicación basada en la confianza entre los que saben (expertos), los responsables (autoridades) y los afectados”, de manera que un vocero técnico facilita esa confianza. Lo hemos visto en la percepción de la ciudadanía en las redes sociales cuando el presidente de la República aparece en las conferencias de prensa habituales, pues aunque sea el capitán del barco y debe aparecer, la ciudadanía se siente más confiada en el ministro de Salud, no por un asunto político, sino por su preparación y discurso técnico referente a la pandemia.

Consiste la comunicación de riesgo en la piedra angular para superar situaciones como la actual, pero más allá de eso, nos damos cuenta que siempre ha sido subestimada en países como Costa Rica. Es momento que los gobiernos y sus equipos de comunicación comiencen a tomarse en serio la comunicación de riesgo, a prevenir, a prever escenarios y establecer protocolos para que, dada la explosión de una eventual crisis, se responda sin improvisación mientras se toman decisiones. Eso no ha existido en Costa Rica, lo hemos visto en estrategias reaccionarias y no proactivas, por lo que es necesario tomarla en cuenta sobre todo para construir el “mito del gobierno” del que habla Mario Riorda y generar solidez reputacional en medio de la crisis. En comunicación también aplica el que, si al gobierno le va bien, al pueblo también.

Peytibi, Castelló y Armijos dicen en su libro La Comunicación de Crisis que siempre la norma básica debe ser la siguiente: “La crisis que mejor se gestiona es la que ha sido anticipada, con escenarios de evolución trazados, mensajes previamente elaborados y portavoces preparados para intervenir si es necesario”.