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El día de ayer se publicaron los resultados de las famosas evaluaciones PISA (Programme for International Student Assessment) realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con el cual se evalúan mediante un examen las competencias de una muestra representativa del estudiantado de diferentes países a los 15 años.

Para su análisis hay que recalcar que lo que se califica son las competencias (diferente al conocimiento) que poseen los jóvenes a la hora de terminar la educación secundaria obligatoria en asignaturas como lectura, matemáticas y ciencias. Siendo de importancia ya que según la OCDE brinda una perspectiva de capacidades de la mano de obra ofrecida por un país para la obtención de un desarrollo económico.

Los resultados para el país son —una vez más— poco alentadores comparándolos respecto a los países a los cuales se le aplica este estudio, en su mayoría países europeos. Los resultados nos colocan como el tercer país latinoamericano con mejores puntuaciones, sin embargo, muy por debajo de la media en cada una de las asignaturas respecto a la media de los evaluados. Además, clasificando los resultados por niveles, nos encontramos en los niveles más bajos. Los resultados del país respecto al 2015 han sufrido cambios poco significativos tomando en cuenta la posición muy por debajo de la media y los niveles en los que se sitúa el país.

Ante esto surge la pregunta: ¿Son los fondos públicos el determinante para mejorar los resultados? La respuesta es no. El país invierte cerca de 4,7% del PIB en educación pública obligatoria, muy por encima de países como Estonia y Canadá, las cuales destinan el 2,7% y 3,2% del PIB a este tipo de educación, obteniendo mejores resultados a niveles de inversión inferiores, reflejo de la ineficiencia de nuestro gasto público en educación.

Una de las hipótesis que se pueden manejar para la explicación de estos resultados es que la malla curricular de la educación obligatoria en el país no está basada en el desarrollo de competencias por parte de los estudiantes, sino más bien está basada en el cumplimiento del requerimiento laboral a escala nacional, sin embargo, los resultados son pobres ya que según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) para el tercer trimestre del presente año 20% de la población desempleada finalizó los estudios obligatorios. Por lo que la malla curricular vigente ni educa para la demanda nacional ni para el desarrollo de las competencias que determina la OCDE.

Históricamente la educación es el principal mecanismo de movilidad social existente en el país y hoy está en crisis. En los momentos en los que estudiantes están dentro de las aulas no se les educa ni trasmite el conocimiento necesario para afrontar los retos futuros. Existe la necesidad de repensar la estructura educativa en el país, tocando temas duros como el gasto en educación, la capacitación de los profesores y las horas lectivas. De manera diferente los efectos se seguirán reflejando el día con día y se intensificarán al pasar del tiempo, teniendo impacto en temas de suma relevancia como pobreza y desigualdad.