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La desigualdad en la calidad de la educación en Costa Rica ha generado preocupantes diferencias a lo interno del país, que se ven reflejadas en el largo plazo, que se muestra en los resultados de los últimos informes del Estado de la Educación sobre las diferencias distritales en la distribución y calidad de recursos en el sistema educativo costarricense. Por ejemplo, los recursos de infraestructura educativa en los territorios alejados del área metropolitana son inferiores a los de los que pertenecen a esta, también los niveles de disponibilidad en equipos tecnológicos son desiguales, en el 2011 sólo el 30% de los colegios en los distritos rurales tenían al menos un laboratorio de informática; mientras que, en los distritos urbanos, el 49% de los colegios contaban con este tipo de laboratorios.

Los estudiantes de colegios ubicados en zonas rurales presentan un menor porcentaje de aprobación, un mayor porcentaje de repitencia de materias así como mayor abandono, mientras que, en los distritos de en las zonas urbanas, este porcentaje no es tan alto. Son muchos los factores que influyen en una deserción, como los bajos ingresos familiares pues muchos estudiantes se ven obligados a abandonar las aulas para convertirse en sustento económico.

Así también, en educación superior el tema de la equidad y la inclusión no puede ser desligado del ámbito del sistema educativo en su totalidad, ya que las brechas de desigualdad en términos de acceso, permanencia y resultados en la educación universitaria están ligados a los niveles previos de la educación. El VII Informe del Estado de la Educación señala que en Costa Rica un 17,8% de la población de 18 a 24 años asiste a la educación superior y proviene de hogares en los cuales ni la jefatura, ni su pareja, tienen esa formación, lo que representa el 57,5% de todos los jóvenes de esa edad que acceden a las universidades. Este aumento en general ha beneficiado especialmente a los quintiles de menores ingresos gracias a los programas de becas y a las acciones afirmativas desarrolladas por las universidades públicas para algunas poblaciones en condición de vulnerabilidad. Aun así, el informe señala que la asistencia a la educación superior es mayor en la región central, en las zonas urbanas, entre las mujeres y entre los quintiles de más altos de ingresos, presentándose importantes brechas en el ámbito territorial y de género.

La educación es un fin y bien de luchas sociales que deben ser brindados para los que conformamos esta nación, la enseñanza es el fin de la pobreza para muchos jóvenes, y lo menos que podemos ofrecer es que sea uniforme y de calidad para todos.