Ese domingo el Paseo Colón se llenó nuevamente de fuerza, de lucha y de esperanza. Esta vez la causa fue la necesidad de acciones ante el cambio climático que nos garanticen ecosistemas resilientes, ciudades con alta capacidad de adaptación y conservación de los recursos naturales que no comprometan los servicios que reciben las presentes y futuras generaciones.

Encabezada por niñas y niños, organizada por personas de distintas edades y resaltando la amplia participación de personas jóvenes, así tuvo lugar la Marcha por el Ambiente, el espacio que permitió reunir distintas luchas que se vienen dando a nivel nacional y sobre las cuales seguimos esperando acciones concretas. La convocatoria se dio de parte de activistas y organizaciones no gubernamentales que trabajan en temas relacionados al ambiente y al cambio climático.

Antes de continuar, creo que es importante aclarar que nuestro rol como personas individuales ante el cambio climático va en función del consumo responsable y consciente, que nos permita adaptarnos y entendernos como parte de un ecosistema, pero que no es funcional si no se tienen acciones en colectivo y de forma directa contra el sistema económico y productivo que está diseñado de forma de forma tal que su funcionamiento no permite el desarrollo sostenible ni ninguna agenda ante el cambio climático. Justamente en esto último es que recae la importancia de movimientos como el que se dio el domingo: un colectivo exigiendo acciones concretas a quienes sí pueden empezar a cambiar el sistema que hoy conocemos. Y cuidado, no estoy diciendo que no tienen peso las acciones individuales, estoy diciendo que hay que pasar también de lo individual a lo colectivo para que todo esfuerzo sea válido.

¿Y las acciones?

Hoy se evidenció la necesidad y urgencia de que quienes toman decisiones a nivel país sobre la temática ambiental actúen ya. Se dieron distintas consignas, de las principales era el llamado a la acción, a actuar ante el cambio climático; adolescentes, niñas y niños pedían que se les garanticen los recursos para el futuro, pedían un ambiente sano.

Además, se podía leer y escuchar la urgencia de que los tiburones sean considerados vida silvestre, debido a que actualmente son “regulados” como especies comerciales. También se vio la oposición a la explotación de petróleo y gas natural, sobre esto hay actualmente un proyecto de ley en la corriente Legislativa, lo que ha evidenciado los intereses de distintos sectores que han salido en contra de dicho proyecto.  Se hizo el llamado en contra de la minería, debido a los discursos que últimamente ha retomado fuerzas para su implementación.

También se hizo fuerte énfasis en el tema de plásticos, muchas de las organizaciones que convocaron a la marcha trabajan en esa área y actualmente hay dos proyectos de ley sobre el tema, uno con enfoque de plásticos de un solo uso y otro con un enfoque de plásticos en general, que busca generar incluso un Fondo Azul que permita el desarrollo de alternativas y de acciones en contra de la contaminación por plásticos. Sumado a las consignas descritas se agregan solicitudes de conservación de los océanos, como aliados estratégicos ante el cambio climático y el desarrollo de actividades productivos con lineamientos sostenibles.

También se formó una fuerte manifestación sobre la pesca de arrastre, que justamente coincidió con el vencimiento de la última licencia que seguía vigente luego de la sentencia del 2014. Para quienes no conocen sobre pesca de arrastre, este método es muy perjudicial para los ecosistemas marinos, debido a que los barre y pone en peligro el recurso para el sector pesquero en general. En la marcha se hizo -nuevamente- solicitud al Poder Ejecutivo y Legislativo para que inviertan la energía y el dinero en buscar alternativas para el sector y no en buscar reactivar un tipo de pesca que solo condena el futuro de las personas pescadoras.

¿Y qué sigue?

Vemos que hubo fuerza, lucha y mucha esperanza, esto último es lo que nos permite seguir, ver que las nuevas generaciones están generando impacto, que se suman y que exigen acciones ante el cambio climático. ¿Qué sigue después de una marcha de este nivel? Seguir trabajando articulados, creando espacios y mecanismos para participar en la toma de decisiones, exigir acciones en el Poder Ejecutivo, Legislativo y en los gobiernos locales (que pronto hablaremos en una columna sobre el rol de estos ante el cambio climático). Nos corresponde seguir trabajando en acciones diarias y sumarnos a movimientos en colectivo, como el de hoy, para poder trabajar en una misma dirección.