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El pasado 19 de junio, el periódico La Nación compartió los resultados de un estudio internacional de Wellcome Global Monitor 2018.  Aunque hay algunas diferencias obvias entre países, nos interesa analizar el caso de Costa Rica. El estudio incluyó a Costa Rica con 1000 entrevistas presenciales y entre los resultados destaca que el 90% afirma pertenecer a alguna religión o profesar alguna fe; un 55% cree que su fe discrepa de algunos postulados científicos (entre más joven, más se percibe esta discrepancia); en caso de percibir esa discrepancia, hay un 70% que escogería lo que dice su religión.  

Esto pudiera ser información interesante solo para la gente religiosa, pero en realidad es un detalle muy peligroso.  Hemos visto lo que pasó en las elecciones pasadas por ejemplo, y en días más recientes a Radio Fides con programas que dan supuestas herramientas a los padres para no ponerle a sus hijas la vacuna del VPH, o las participaciones de algunos diputados “declarando” que no se quemará el Teatro Nacional y que con eso, es suficiente.

Yo soy docente de ciencias, Física específicamente, peo también creyente y prefiero ubicarme con sinceridad desde esa postura desde el principio, esperando que eso no sea justificante para desvalorizar la opinión que quiero expresar.  

Mi primera duda es, ¿qué es lo que quisiéramos como sociedad laica?  Creo que lo ideal sería que la gente que perciba un conflicto entre evidencia científica y una creencia; pues opte por la evidencia científica.  Pero, ¿deberíamos percibir conflicto o no? ¿En este caso es mejor un porcentaje alto de gente que perciba el conflicto o bajo? Yo esperaría de una creencia madura y adulta, que no se perciba conflicto con las creencias; al menos así debería ser idealmente y alejado de fundamentalismos y literalismos peligrosos.

El conflicto, o aparente conflicto entre ciencia y religión tiene una amplia historia.  Galileo y Darwin se convierten en dos de los casos más conocidos, aunque quizás, hubiera que matizar históricamente algunas posturas.  Hoy en día, este aparente conflicto, se mantiene desde ambos frentes. Por una parte, científicos muy reconocidos, como Richard Dawkins cuestionan y critican abiertamente las posturas religiosas; y por otra, grupos religiosos fundamentalistas quieren rechazar todas las pruebas científicas que cuestionan una lectura (literalista e infantil) de muchos temas religiosos.

Sin embargo, el conflicto generado por científicos y personas religiosas, no tendría por qué darse si cada uno entiende que su disciplina no debería atribuirse afirmaciones que no le competen. Esto implica mucha madurez, sinceridad y respeto, que hoy en día, están en escasez.  Como seres humanos tendemos a elegir la información que concuerda con nuestras creencias previas. Cuando no había varios modelos que explicaban el origen del universo, había algunos científicos que optaban por el modelo de “estado estacionario” en vez del “Big Bang”, pues el primero implicaba que no había un origen y por lo tanto se distanciaba más del relato de la creación bíblico, dando más importancia a su rechazo a lo religioso que a la evidencia científica.  El tiempo, y la ciencia, terminaron de desechar el “estado estacionario” como modelo, y hoy en día, el Big Bang goza de un gran consenso científico. Sin embargo, esto tampoco “valida” el relato de la creación, ni nos permite armonizarlo; al hacer eso, estaríamos esperando encontrar información científica en el relato bíblico, información que el relato nunca tuvo la intención de transmitir.

La fe y la religión no deben atribuirse y opinar en temas científicos; deben ser objetivos en sus disciplinas.  La religión no debe opinar en temas científicos; quizás, puede externar su opinión en temas éticos y de moral; pero siempre basados en evidencias científicas, y no en presupuestos o creencias particulares que se quieran imponer a los demás.  De igual manera, la ciencia debe entender que el mundo no puede ser abarcado desde una postura positivista; y que la experiencia humana va mucho más allá.

John F. Haught, autor del libro Cristianismo y ciencia explica que cuando una persona creyente encuentra discrepancia entre su fe y la evidencia científica puede reaccionar de cuatro maneras diferentes: infantilismo conservador, abandono de las creencias, fragmentación personal o reajuste y reinterpretación.   1) Infantilismo conservador se refiere a la persona que ante la contundente evidencia, opta por ignorar toda la información y seguir creyendo lo mismo que le explicaron en su catequesis a los 8 o 9 años, es más o menos aplicar la frase “no oigo, no oigo, soy de palo, tengo orejas de pescado” mientras se tapan los oídos  y cierran los ojos. Esta, según el estudio, es tristemente la opción más escogida por los costarricenses. 2) El abandono de las creencias es aquello por lo que muchos han pasado. Convencidos de que su religión dice que el universo se creó en 7 días, se encuentran con la evidencia de la evolución y en una profunda crisis personal, abandonan todas sus creencias.  3) Fragmentación personal es cuando en la persona conviven mundos opuestos, cree en unas cosas en su Iglesia; y cree otras en su ambiente de estudio o trabajo. Y por último, 4) reajuste y reinterpretación, cuando la persona mantiene su fe, pero no de espaldas a la ciencia. Creo que las personas que quieren mantener su fe, deben necesariamente moverse hacia el número 4; y las que no, tienen todo el derecho y la razón de optar por la número 2.

El problema es que para muchas personas creyentes, su última catequesis fue en la niñez, que está bien, pero para niños.  Los adultos necesitan formación de adultos y, en muchos casos, se mantiene la misma temática infantil pero con un enfoque adulto creyendo que se soluciona el problema.  La responsabilidad de la formación de las personas creyentes recae, obviamente, en las organizaciones religiosas, y quizás alguno pudiera pensar que son las menos interesadas que eso suceda.  Sin embargo, hay muchas instituciones en el país que hacen una lectura diferente y que buscan brindar una formación de fe adulta: la Universidad Teológica de América Central (UTAC) es una de ellas, o la Escuela Ecuménica de la Universidad Nacional.  Además, de los libros y recursos de teólogos modernos que están a disposición en muchos sitios de web.

En un primer momento, pensé que una reflexión de este tipo era oportuna solo en un medio de comunicación religioso y no en una página como Delfino.CR.  Sin embargo, insisto que a la luz de lo que está sucediendo en el país en el tema político y de cara a lo que viene, es una reflexión que también debe ir permeando.  Creo que hacemos bien como sociedad en cuestionar las posturas religiosas que se quieran imponer o, peor aún, que contradicen la evidencia científica. Y como creyentes, los que lo somos, hacemos bien en respetar a los que piensan diferente y estar confiados en que si Dios realmente existe, la búsqueda honesta de la verdad no puedo sino conducir a Él.