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En los últimos meses el Gobierno ha avanzado a pasos acelerados en renovar la agenda energética nacional. Entre los cambios más importantes está el anuncio del ICE de suspender la construcción del Diquís y de buscar nuevas líneas de negocio, el plan de RECOPE de entrarle de lleno al tema de biocombustibles y avances importantes en temas de transporte eléctrico. Estos pasos son importantes y por esta razón es necesario que exista un rol protagónico para la educación superior de Costa Rica en el plan.

Los planes de descarbonización deben incluir un proyecto para proveer el capital humano necesario para desarrollar tecnologías para la integración de nuevas tecnologías en la matriz energética nacional. Costa Rica se encuentra en un momento histórico, donde requiere de desarrollo científico tecnológico autóctono para pasar a la siguiente etapa del desarrollo económico. Los cambios que estamos experimentando en el sector energía tienen el potencial de ser el catalizador de ese salto. La estrategia ganadora es financiar investigación académica y brindar a aquellas ideas ganadoras un camino claro para llevar las ideas a mercado. Sin programas sólidos de investigación en nuestras universidades como semillero de ideas, nos estamos condenando a ser consumidores de tecnología producida en otros países y dejando ir los beneficios de la transición energética.

Ahora bien, la pregunta del millón es ¿cómo lograrlo? En primera instancia, debemos empezar a explotar al máximo el talento local y crear las competencias necesarias para producir innovación tecnológica.

Por ejemplo, la Escuela de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Costa Rica actualmente tiene en su planilla doctores incorporados en los últimos cinco años, especialistas en los diferentes aspectos de energía renovable y transporte eléctrico. Estos y otros investigadores en otras áreas fundamentales para la transición tecnológica como control automático y sistemas inteligentes regresan luego de obtener sus doctorados en el exterior. Además, la gran mayoría cuenta con laboratorios completamente equipados para hacer investigación de primer nivel.

¿El problema? No hay suficientes estudiantes en posgrados académicos. En Costa Rica no hemos desarrollado programas enfocados a financiar estudiantes en programas de posgrado localmente para realizar investigación. Aparte del impacto al país, terminamos afectando negativamente también a los profesores que regresan al país restándoles competitividad respecto a sus pares en universidades fuera de Costa Rica. Asimismo, estoy seguro de que si empezamos a buscar en otros departamentos en las universidades públicas de Costa Rica encontraremos el mismo potencial desperdiciado.

La siguiente pregunta es: ¿cuánto costaría esta idea? Para responder pensemos en una propuesta concreta que aprovecho para poner sobre la mesa.

Consideremos un programa para la preparación de 10 doctores en ingeniería en un plazo de cinco años. El objetivo es proveer personal técnico avanzado y trabajar en el desarrollo de tecnología para uso de las empresas, creación de productos para uso interno y licenciamiento a terceros para comercialización. En el primer año se completarán cursos para obtener las herramientas teóricas necesarias. Durante los siguientes dos años el enfoque será primordialmente en demostraciones y pruebas de concepto. En la etapa final del proyecto los candidatos deberán trabajar implementando la tecnología desarrollada en las redes de las empresas.

Suponiendo un salario bruto de 1,000,000 colones por mes para los ingenieros y aproximadamente 700,000 colones por año en matrícula de tiempo completo y materiales. El costo anual es de aproximadamente 127 millones de colones. En un proceso de cinco años para 10 participantes el costo total sería de 635 millones de colones, un poco más de un 1.05 millones de dólares durante cinco años.

El 90% costo del son los salarios de los participantes para que se dediquen tiempo completo al programa, precisamente la parte faltante en la ecuación para los investigadores en la universidad. Si cada empresa eléctrica nacional, (ICE + cooperativas) aporta dos personas al programa, fácilmente se tendrían los 10 estudiantes. La Universidad de Costa Rica asume la dedicación de cinco profesores con dos estudiantes asignados a cada uno.

En el contexto de lo que nos va a costar como país el proceso de descarbonización, de los costos que pagamos vía tarifas a estas empresas y del beneficio que puede traer una mayor especialización en el sector energético nacional, el precio de un programa así es realmente bajo. El reto más grande es disponernos a invertir en programas que eleven el nivel técnico nacional, no la falta de dinero para pensar en grande. Cierro con la última pregunta y la única que está fuera mis manos responder ¿Nos vamos a atrever?