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Día de los Derechos Humanos, se cumplió el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Además, el 24 de enero de 2019 se celebró el Primer Día Internacional de la Educación proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Asimismo, en este año que acaba de finalizar, la Corte Interamericana de Derechos Humanos cumplió 40 años  y la Corte Penal Internacional cumplió 20 años desde la creación de su cuerpo normativo conocido como el Estatuto de Roma (no obstante, entró efectivamente en funciones en el 2002).

Como podemos ver, 2018 se caracterizó por ser un año de aniversarios de normativas e instituciones de derechos humanos y de protección de estos. Por lo que es necesario preguntarnos cuanto se ha avanzado en esta materia y de los retos que las Naciones deben enfrentar en los diversos ámbitos donde estos derechos se deben aplicar.

Ahora bien, centrémonos un momento en Costa Rica, ignoremos la situación de las demás naciones y, a manera de ejercicio de retroalimentación, formulemos la pregunta: ¿son los derechos humanos parte de nuestra cultura? Para responder a esta pregunta, es interesante analizar la materia constitucional en el diario vivir social.

Muchas veces, cuando vamos en el bus o estamos en zonas públicas escuchamos como una persona le dice a otra “¡Meta un sala cuartazo!”. Si bien, jurídicamente hablando, se pueden estar refiriendo a un recurso de amparo (para la protección de los derechos fundamentales estipulados en la Constitución Política) o un habeas corpus(para proteger el derecho a la libertad), lo cierto es que la sociedad conoce como defender sus derechos constitucionales básicos. Este es un fenómeno que distintos profesionales extranjeros con interés en la protección de los derechos le han reconocido a Costa Rica, porque demuestra una concientización por parte de los sujetos de una sociedad sobre su sistema judicial, lo cual suele ser un problema en otros países al ser una justicia cerrada con exigencias formalistas para presentar estas acciones judiciales, las cuales en Costa Rica se caracterizan por su informalidad para garantizar un acceso libre, sin barreras por parte de las personas y con absoluto respeto a la tutela judicial efectiva prevista en el artículo 41 de la Constitución Política.

En otras palabras, en cuanto a la «cultura constitucional» —por ponerle un nombre— el pueblo costarricense ha demostrado tener un conocimiento suficiente (que siempre se puede y debe mejorar) para proteger sus derechos. Los ejemplos sobran, pero se puede mencionar el área de salud donde han abundado los recursos de amparo. Lamentablemente, en lo que respecta a la «cultura convencional», la historia dista mucho de ser igual. En las elecciones del año pasado, fuera de las incidencias políticas que tuvo el actuar normal de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), lo que más me llamó la atención fue la falta de conocimiento que presentaban muchos individuos (tanto políticos como personas ajenas a las ciencias jurídicas y políticas) al no conocer las funciones de este sistema de protección de los derechos básicos de la persona. Habían personas que desconocían que dicha Corte IDH se encontraba en el país, otros no tenían claro que podía o no hacer la Corte IDH ni su jerarquía respecto a nuestro sistema normativo y, mucho menos de la existencia y funciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Ciertamente, el problema no reside en la falta de conocimiento de este Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos, el problema reside en por qué se da esta falta de conocimiento por parte de la sociedad, es decir, ¿Por qué no hay una cultura convencional junto a la cultura constitucional? Se podría afirmar que en parte el desconocimiento de este sistema recae en una buena actuación, por lo general, de la Sala Constitucional y del Poder Judicial, ya que resuelve los conflictos de las personas de forma idónea, por lo que no es necesario buscar instancias superiores. Sin embargo, hay temas donde el Estado de Costa Rica no ha podido dar una respuesta satisfactoria a la protección de los derechos humanos de las personas.

En este escenario, al igual que con el “Salacuartazo”, las personas deberían de conocer que tiene la posibilidad de presentar la denuncia o queja ante el Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos, específicamente en la CIDH. El problema recae, al igual que muchos en este país, en la educación básica. Los programas de cívica y de estudios sociales deberían de enseñar sobre el Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos, así como ya enseñan sobre los Poderes del Estado dentro de lo cual se explica el papel de la Sala Constitucional.

Antes de hacer esta afirmación revisé los Programas de Estudio del Ministerio de Educación Pública y la realidad es que lejos se está de dar una educación integral en este tema, ya que estos programas, a la fecha en que publicó este artículo de opinión no cuentan con ninguna asignatura que verse sobre el tema de los Derechos Humanos, a lo sumo es un tema colateral, pero no se profundiza en la forma de protegerlos. En los Programas de Educación de Cívica y Estudios Sociales del I y II Ciclo de la Educación General Básica la materia de los derechos humanos es apenas mencionado, lo mismo sucede con el programa de III Ciclo de Estudios Sociales. Sin embargo, en el Programa de Cívica de III Ciclo se indica en la Segunda Unidad De Educación Cívica, la cual versa sobre «Derechos humanos para todas las personas», el estudio de los «Mecanismos para la protección de los Derechos Humanos» no hace mención ni a la CIDH ni a la Corte-IDH, limitando la educación solo al estudio de la Sala Constitucional. Esto representa una gran falencia educativa en la materia, lo cual, a los 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos no es concebible ni tiene cabida y, mucho menos en un Estado como Costa Rica —que tiene una gran imagen internacional en el tema de los derechos humanos— donde su propia Constitución Política lo define como un Estado de Derecho.

Es importante indicar que para que se cumplan con los principios democráticos de un Estado Social de Derecho tanto la «cultura constitucional» como la «cultural convencional» deben coexistir, ya que ambas buscan la vida en sociedad plena y la protección de las personas, sus derechos y el ejercicio de estos, lo cual es lo que el Estado debe de fomentar por medio de programas educativos efectivos que enseñen desde temprana edad la existencia de estos mecanismos, cómo plantearlos y ante quién hacerlo.

Ciertamente, mientras no se eduque en materia de derechos humanos y como protegerlos en las escuelas y colegios, no se podrá hablar de una real implementación de los derechos humanos, ya que estos se seguirán viendo como externos a nosotros y no como parte de nosotros. Por lo que la falta de información respecto al Sistema Interamericano de Derechos Humanos deriva en uno de los principales retos en el futuro del desarrollo de estos derechos, de la vida en colectividad, la educación y del Estado costarricense, este es: el de la educación integral, real y efectiva de los derechos humanos como parte de la vida individual y de la vida en sociedad