Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.

Hablar de la maternidad en Costa Rica debería ser un motivo de alegría y no ese vacío lleno de miedos y temores que viene a la mente de solo pensar en las historias de terror que han vivido familiares o amistades en los hospitales de la CCSS.

No se vale que el buen trato, la empatía y el respeto sean una cuestión de suerte, en un momento tan vulnerable como lo es un parto o la pérdida de un hijo que murió al nacer o que no pudo llegar a término.

Mi nombre es Melissa Flores, tengo 31 años y soy madre de gemelos de 6 años, pero antes de ellos hay una historia que me ha llevado a luchar contra la violencia obstétrica. Fui víctima de violncia obstétrica en un hospital cuando tenía 21 años y lo que creí que era solo un caso de mala suerte conmigo, resulto ser pan de cada día al haber recopilado cientos de historias como lo mía.

Cuando tenía 21 años estaba embarazada de mi primera hija.  A las 21 semanas de embarazo —que son alrededor de 5 meses— empecé con síntomas de parto prematuro, ya que se me había borrado el cuello del útero y las probabilidades de vida de mi hija eran nulas. Estuve una semana internada, durante ese tiempo se lo que es oír a las enfermeras a la hora de escuchar los corazones de los bebés diciéndome: "a usted no porque de por sé ese óbito ni va a vivir" , esto aun cuando mi hija tenía nombre y les pedía que le llamaran Maripaz.

Se lo que es tener que dejarme “tactar” cuantas veces me lo pidieran —metiendo hasta 5 manos por cada ronda de médicos— era humillante. Cuando llegó el día en que me tocó entrar en labor de parto, tener que pasar por ese proceso donde el papá de mi hija la tuvo en sus brazos 15 minutos viéndola agonizar —sin ningún neonatólogo presente para darle asistencia—, que me pasaran al salón donde estaban todas las madres con sus bebés en brazos —y yo con mi cama vacía— y como si fuera poco, darme la salida al mismo tiempo que se la daban a otras mujeres que iban con ilusión y sus hijos en sus brazos, mientras mi hija me esperaba en la morgue para llevarla a enterrar.

Esa violencia psicológica te hace sentir como si no valieras nada, como si solo fueras un animal que no merece ni la más mínima empatía ni respeto. Han pasado 10 años de eso y he recolectado otras experiencias de violencia obstétrica, como el caso de Rebeca Rodríguez, mamá de gemelos que a los 4 meses de gestación le hicieron esperar una semana con sus bebés sin signos vitales para hacerle el legrado y además fue pasada luego al mismo salón donde habían otras mamás con sus hijos en brazos en el Hospital San Juan de Dios, o el de Amber Douma, quien después de una cesaria de emergencia en el Hospital Calderón Guardia fue puesta en una silla porque "necesitaban la camilla".

Estas historias no son pocas y no pueden continuar invisibilizadas, con la autorización de algunas de esas mujeres le comparto sus relatos.

El 26 de Agosto del 2015 fue el día que me convertí en madre en el Hospital México y el día en el cual sentí que se me violaron mis derechos humanos. Me internaron de emergencia porque empecé con muchísima fiebre, el bebé ya estaba a término, pero a pesar de las recomendaciones del doctor del Cima de sacar a bebé por medio de cesárea porque se seguía enredando con el cordón umbilical, decidieron hacer caso omiso y 'tratar' de tener un parto natural. La enfermera de turno tenía unas uñas muy largas y cuando realizaba el tacto vaginal no le importaba hacerme daño. Me negó el oxígeno cuando las contracciones eran tan seguidas que no había terminado de recuperarme de una cuando ya tenía otra, en ningún momento la enfermera me trató de calmar, más bien me amenazaba con sacar a mi exesposo si seguía gritando o llorando del dolor porque me está comportando como “loca”.  Era tanto el dolor que sentía que nadie me indicó cuándo no pujar y yo solo pujaba y pujaba y esto causó un desgarro grado 2, el bebé también se contaminó de Estreptococo porque no tuvieron tiempo de ponerme penicilina y así evitarlo. Ese día fue el mejor día de mi vida porque conocí a mi hijo, pero fue también el peor y el más humillante donde me sentí violentada en un momento que debió haber sido el más lindo y más tranquilo.

Valeria Intil

Esto fue hace dos años en el hospital de Alajuela. Yo tuve una pérdida y estaba en el cuarto de abortos. Cuando el doctor de turno entró al cuarto gritó: 'este es el cuarto de las lloronas, porque siempre están llorando'. Y me dio tanto dolor que nos dijera eso.

Raquel Segura

 

Hace 2 años tuve a mi hija en el San Juan de Dios. Cuando llegué a emergencias un doctor malencarado me pidió subirme a la camilla. A como pude me subí, porque ya no aguantaba los dolores, pero se me olvidó quitarme mis sandalias y me dijo: 'cochina'. Luego dijo que no me quejara de que nos trataran mal porque éramos cochinas. Yo solo respiraba y trataba de obviar la situación y en lo que respiré me dijo que volteara la cara, porque no quería sentir mi aliento. Fue horrible el trato y por último me preguntó mi grado académico, cuando le dije que era licenciada, me dijo que no entendía como una persona como yo llegara así al hospital. Eso porque llegue con 5 cm y seguro quería que le dijera a mi bebé que no empujara... Yo quería llorar.

Liz Benavides

Hace 5 años en el Calderón Guardia, en mi primer parto, cuando gritaba del dolor y del miedo, las enfermeras y el doctor me decían: 'pendeja, cuando estaba haciendo el bebé no gritaba'.

Nayarit Campos

En mi experiencia de parto logré tener tratos buenos y otros no tan buenos. De los que guardo malos recuerdos no puedo nunca olvidar al enfermero que por distracción y estar hablando con otra compañera al intentar ponerme la vía me rompió la vena del brazo derecho, para después dejar que otra compañera lo hiciera; tactos vaginales, que la verdad perdí la cuenta de cuantos me hicieron diferentes personas. Fui internada con tan solo 1 cm de dilatación, sin embargo presentaba una fisura en la bolsa, lo que motivó el internamiento. En horas de la madrugada, en uno de los tactos, un enfermero notó que la bolsa no estaba rota del todo por lo que sin preguntar metió la mano empezó a mover hasta romper él mismo la bolsa y ya así pasarme a otra sala. Su frase fue 'esto es romper bolsa' siempre he considerado este momento como uno de los más invasivos y de los que más malos recuerdos me trae, sólo recuerdo como empezó a correr el líquido por toda la camilla, yo moría de sed y sentía mi garganta muy seca, pero no me permitieron recibir ningún líquido porque según ellos era probable que terminara en cesárea. Al final logré dilatar, pasamos a sala de partos, en ese momento observé como permitieron el ingreso sin mi consentimiento de una persona familiar, lo cual me disgustó mucho pues era mi parto y me hubiese encantado que tomaran en cuenta mi criterio para tener la mayor intimidad posible. Por último a pocos segundos de nacer mi bebé, la enfermera obstetra toma el bisturí para realizar la episiotomía.

Anónimo

Me hicieron pasar por la labor de parto natural aun cuando llevaba una referencia de mi médico, que decía que debía ser cesaría ya que mi bebé tenía enrollado el cordón umbilical. Al final me hicieron cesaría luego de tenerme más de 6 horas de trabajo de parto, me cerraron con 20 grapas y mi hijo estuvo internado 22 días por haber tragado meconio y tener falta de oxígeno por el sufrimiento fetal.

Glenda Ochoa

Soy mamá de una niña de 4 años, mi única hija. Afortunadamente mi umbral del dolor es bastante alto, así que entré en trabajo de parto sin ningún dolor. Llegué al hospital porque tenía un pequeño sangrado y me internaron porque ya tenía 5 cm de dilatación. El doctor que me recibió en emergencias, al momento de revisarme, sin decir ni una palabra —y mucho menos consultarme— me metió la mano hasta la garganta —o al menos así se sintió— me dijo que estaba haciendo separación de membranas para que todo fuera más rápido. Me bajé de la camilla en un puro temblor y mi mamá me ayudó a ponerme la bata, pero como era bastante grande y yo muy pequeña ninguna de nosotras dos sabía cómo amarrarla. Al pedirle ayuda al doctor, él en frente de las personas que estaban alrededor me abrió la bata dejándome desnuda y la amarró de manera brusca. Para colmo de males, después de la separación de membranas mis contracciones que hasta al momento eran bastante seguidas se detuvieron, por decirlo de algún modo me estanqué, pasé más de 12 horas con un sangrado y un dolor terrible hasta que la fuente se rompió y tuvieron que ponerme suero.

Tatiana

Hace 11 años, y sin ninguna explicación, me practicaron un aborto terapéutico en el Calderón Guardia. Nunca dijeron más que parecía que mi bebé estaba muerto, y así despierta durante el procedimiento, vi flotar a mi bebé en un frasco. En junio del 2008 la Maternidad Carit me operó para no tener más hijos, sin haber firmado yo el consentimiento. Era víctima de violencia y los médicos amigos de mi agresor. Ahora estoy tratando de ahorrar el dinero para revertir la cirugía. Soy víctima sobreviviente de 14 cargos de agresión y abusos y un intento de femicidio con menor presente. Él está libre.

Glenda Chacón

Cuando tuve a mi hija me limpiaron y me dejaron llena de gasas adentro, casi me contamino. Al día siguiente me hicieron un tacto para darme la salida, pero la doctora se dio cuenta que yo estuve 24 horas sin orinar. Nadie me daba pelota, yo sentía mucho dolor y era que estaba saturada de gasas y no me salían los orines. Yo pedía acetaminofén y me decían 'así duele aguante'. Cuando vieron lo que tenía, salieron corriendo a darme antibiótico, porque me podía morir de una infección por negligencia.

Ana Graciela Monge

Como pueden ver son muchas historias y podría seguir copiando cientos de estos mensajes que dejan al desnudo el grave problema de lo que ocurre en los hospitales. Urge terminar con esto, no podemos seguir causando dolor y haciéndonos de la vista gorda.

Es por eso que estamos haciendo un llamado a un plantón el viernes 23 de noviembre al medio día frente a la CCSS, para pedir que se cumpla con la Guía Integral del Parto Humanizado y que se haga un alto a la violencia Obstétrica. Además, que se cumpla con lo dictado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Si alguien más quiere contar su historia, pueden buscarnos en Facebook como Alto a la Violencia Obstétrica en Costa Rica.