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Mientras algunos se esfuerzan por paralizar el país desde hace más de 15 días, el mundo sigue girando. Las personas siguen enfermas y esperando a ser atendidas, siguen debiendo tarjetas de crédito e hipotecas, y por lo menos la mayoría siguen trabajando para poder comer el próximo mes. Y contra todo pronóstico, hemos seguido viviendo; soportando las violaciones a la libertad de tránsito, sufriendo las consecuencias de no recibir atención médica y resistiendo el pensamiento de que todo está perdido.

Porque si todo estuviese perdido, si no hubiese nada por qué luchar, ya algún otro país estuviese recibiendo miles de solicitudes ticas de residencia.  Pero como todos sabemos lo valioso que es el país del pura vida y podemos ver el gran potencial que tiene esta pequeña nación, sugiero que dejemos de concentrarnos en lo que nos divide y que nos concentremos en lo que nos une; que paremos de ver lo que los demás hacen mal y nos fijemos en lo que nosotros podemos hacer mejor.

No se vale señalar al otro y reclamar por todo lo que está haciendo mal, mientras nosotros no ponemos de nuestra parte. Si queremos crecer como país, nos toca ceder a todos. Y sí, hablo de ceder privilegios, pero también de cumplir con las leyes. No toda la normativa es justa, de eso no cabe duda, pero ¿con qué cara podemos llegar a reclamar a los políticos o a los sindicatos que cumplan, si nosotros tampoco lo hacemos?

Un día en el bus de Tres Ríos escuché —sin querer queriendo— una conversación ajena. Dos hombres comentaban con tono de indignación sobre actos de corrupción de nuestros gobernantes. La conversación dio un giro inesperado cuando uno le dijo al otro que si él estuviese en una situación en la que pudiese usar fondos públicos a su favor, los usaría sin duda alguna. La respuesta de su compañero fue igual de indignante: “Sí, mae, la verdad es que qué vivos”.

Desde entonces tengo la duda de si realmente nos molesta la corrupción o si simplemente estamos celosos de no estar en esas posiciones. Así que le pregunto, si fuese usted quien tiene la oportunidad de recibir un beneficio económico de un fondo ajeno, ¿la aprovecharía? Probablemente, por su moral y buenas costumbres, va a responder que no inmediatamente. Pero permítame replantear mi pregunta: Si le ofrecen un salario mucho mayor, una pensión de lujo, servicios de odontología gratuitos para toda su familia y si además le explican cómo pagar menos impuestos, ¿usted no aprovecharía esas oportunidades? Así que sí, parece que somos más igualiticos de lo que nos gusta aceptar.

La pregunta ahora es si queremos que esa idiosincrasia nos siga definiendo. Y por si no había quedado claro, no sólo lo digo sólo por los trabajadores en huelga, sino que por todos los costarricenses, ya sea que trabajen en el ámbito público o privado, o que no trabajen del todo. ¡No podemos seguir viviendo en la cómoda posición de que sólo vamos a cambiar si otros lo hacen primero! No podemos esperar a que nos garanticen que no hay corrupción para empezar a pagar los impuestos que nos tocan. No podemos exigir que todos renuncien a sus privilegios sin nosotros estar dispuestos a hacer lo mismo. Esa posición no nos va a llevar a ningún lado. Así que los invito a que dejemos las calles, que paremos de ser tan hipócritas y egoístas y que ¡empecemos a enseñar con el ejemplo! El cambio está en cada uno de nosotros.