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Las presas representan una de las peores pesadillas de cada habitante de la Gran Área Metropolitana y no es solo cuestión de percepción. La cantidad de vehículos privados crece constantemente y el transporte público está cada vez más rezagado. Sin embargo, por más alarmante que sea, por más competitividad que le reste al país, la movilidad urbana sigue sin ser un tema prioritario. No lo fue para el Gobierno pasado y no parece serlo para el presente.  ¿Por qué? Porque con la seriedad del asunto, los proyectos actualmente en discusión no son lo suficientemente ambiciosos. “Sectorización” y “Tren Rápido de Pasajeros-TRP”, no están a la altura de las necesidades actuales.

La idea de sectorización nació hace unos veinte años, cuando el actual Ministro de Obras Públicas y Transportes, Rodolfo Méndez Mata era ministro por segunda vez. La idea de consolidar las rutas en un sector definido y que hubiera un trasbordo en una estación de intercambio, para que luego entrara un solo bus a San José – idealmente por un carril exclusivo – era adecuada hace veinte años.

Sin embargo, el rápido desarrollo de centros de trabajo en otros lugares fuera del centro de San José cambió el patrón de movilidad drásticamente. De acuerdo a un estudio que se financió con ayuda del Fondo Global para el Medio Ambiente (GEF por sus siglas en inglés), solo el 24% de los viajes terminan en el centro de San José, un 19% en San Pedro – Curridabat y luego Guadalupe – Moravia. Basado en esta misma encuesta de Origen–Destino, realizada en el 2016, se hizo una propuesta de rutas nuevas, que atraviesen San José y conecten los diferentes sectores (rutas diametrales), sin que el usuario tenga la necesidad de hacer tantos trasbordos.

Estas nuevas rutas también estarían conectadas con la ruta del tren. Sin embargo, el MOPT tiene otras estrategias y prefirió no oficializar el estudio (que costó medio millón de dólares). La ruta 27 se construyó con los datos de demanda de hace más de 30 años. El resultado —que muchos hemos vivido— es el colapso total de la autopista. Parece ser que a eso es a lo que vuelve a apuntar dicha institución, pues ahora la estrategia para “mejorar” el transporte público en el país, es reciclar las propuestas de hace más de veinte años también y enterrar los estudios más recientes.

El proyecto del TRP es la misma pantalla. Lo que hay son renders de donde pasa un tren elevado. El costo que se estima en el “estudio de pre-factibilidad” es demasiado bajo comparado con lo que en otros países cuesta una obra de infraestructura de esta índole. Se dice que costaría 1.600 millones de dólares. La experiencia internacional dice que un km de ferrocarril elevado cuesta entre 30 y 40 millones de dólares. Multiplicado por 82, da alrededor de 3.000 millones de dólares. ¿Quién lo financiará? No se sabe. Actualmente se quiere acceder a un crédito del Fondo Verde del Clima a través del Banco Centroamericano de Integración Económica —desde hace ya más de dos años— sin embargo, este fondo busca financiar propuestas que realmente generen un cambio de paradigma. Al no tener una red integrada de buses o vehículos privados con el tren, es imposible asegurar la cantidad de pasajeros que esperan tener gracias a una electrificación del tren… pero, es que es muy complicado reestructurar las rutas y tener una integración tarifaria, para que con el mismo pase las personas puedan montarse en el bus y en el tren ¿entonces? Mejor se le apunta a soluciones medias —para no decir mediocres— porque en Costa Rica hay que ir de a poquitos. Mientras tanto se compraron unidades “nuevas”, porque ¿quién necesita agujas en los cruces? Mejor comprar más trenes para que choquen más.

Pero es que entre más tiempo pase, más ambiciosa deberá ser la solución, ya que el problema solo va a seguir empeorando. La población no se va a bajar del carro así no más, menos una vez que ya lo tenga, eso no pasa ni en ciudades con sistemas de transporte público de calidad.  Tal vez la ciudanía se ha vuelto cínica, o espera a que llegue Uber Pool —otra modalidad de hacer transporte colectivo en un Uber qué es muy barato— o ahorra para una moto china que venden a cuotas ridículas en cualquier tienda de electrodomésticos.

La mejora del transporte público debe ser prioridad, no solo del Gobierno, sino de todos. Los proyectos deben ser informados de forma más continua, sobre todo uno que puede llegar a costar 3.000 millones de dólares, si no, lo que demuestra es que es una cortina de humo más de la ya deteriorada política costarricense. Lo que sí se sabe con certeza, es que cada vez entran más carros al país y sin soluciones reales de transporte público, las presas —aunque parezca increíble— empeorarán todavía más.