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Les escribo porque como sucede cada año, Costa Rica se quema. Sí, ese tesoro natural del que tanto alardeamos se ve perjudicado por el fuego debido a distintas razones. Según los datos del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), sólo el año pasado un total de 25.459 hectáreas se vieron afectadas.

Esto equivale a casi 354 veces el Parque Metropolitano La Sabana. A mí estos datos me asustan muchísimo, no quiero ni saber cuántos animales, plantas e insectos mueren o se ven afectados por los incendios forestales, no hay datos oficiales, pero estoy seguro que es una cifra lamentable y nada despreciable.

En nuestro país, muchas veces usamos de una manera inadecuada o irresponsable el fuego; práctica que yo lucho todos los días por erradicar. Según los datos oficiales (SINAC-MINAE 2017) las quemas agropecuarias y de pastos representan el 43% del total de los incendios atendidos en el 2017. Los actos de vandalismo, venganza y actividades de caza son el 40%, el cambio de uso del suelo (corta de vegetación para construcción o para dar paso a área de pastos o agricultura) el 11%, las quemas de basura están presentes con un 3% y otras causas son el 2%. “Únicamente” se registraron dos incendios por causas naturales -rayería- y en los cuales rápidamente la lluvia ayudó a apagarlos, generando apenas un 1% del total de incendios forestales.

Los datos son muy claros. Son los mismos humanos los culpables de quemar y destruir nuestros bosques y ecosistemas. 99% de los incendios forestales que se produjeron el año pasado pudieron haber sido prevenidos. ¿Se imaginan cuántos animales todavía tendrían sus casas intactas?

Nos jactamos de vivir en un país verde, pero cada temporada de incendios forestales se quema una parte. Esto repercute en nuestra calidad de vida, ya que si al igual que yo ustedes viven cerca de donde se producen los incendios, están respirando aire contaminado, la tierra pierde sus nutrientes y afecta la calidad del agua. Añadan a esto los gases de efecto invernadero y el calentamiento global.

Además, recordemos que los bosques, manglares y demás ecosistemas son la barrera natural que nos protege de inundaciones, deslizamientos y sequías. Al verse afectado el bosque por el fuego, en la época de lluvias estamos más propensos a desastres naturales.

A quienes no viven cerca de donde se producen los incendios también les afecta directamente. Veamos este caso sobre turismo y la economía: ¿No les ha pasado que van a visitar alguna playa y hay un olor insoportable a quema y un humo que no nos deja respirar? Nada más imaginen la reacción de una persona extranjera a la que le dijeron lo hermoso y verde que es nuestro país y se topa con una realidad de incendios forestales. Por supuesto que esto daña nuestros paisajes y nuestra imagen de conservación.

¿Qué hacemos?

Pues sí, es una situación difícil pero se puede detener. Como dije al principio, la mayoría de estos incendios se pueden evitar. Cada año, de enero a julio, durante la temporada de incendios forestales trabajamos con mucho esmero en contrarrestar estas acciones.

La primera labor es en la línea del fuego, con las y los bomberos forestales quienes se encargan de controlar y apagar los incendios. Estas valientes personas, caminan largos trayectos por zonas de dìficil acceso muchas veces arriesgando sus vidas por proteger nuestro patrimonio natural.

Este año, los esfuerzos de prevención se agruparon nuevamente en la campaña “Un Verano sin Incendios Forestales”. Su principal objetivo es hacer conciencia sobre los daños y efectos que producen los incendios forestales en la biodiversidad del país.

Entre estas actividades de prevención, está una de las partes favoritas de mi trabajo: la educación ambiental; con la que visitamos centros educativos, cantamos, jugamos, aprendemos sobre los incendios forestales y el uso responsable del fuego. Soy parte de una obra de teatro que presentamos en distintas escuelas del país y he ido sumando muchas personas aliadas en la defensa de nuestra naturaleza: ¡cerca de 1400 niños y niñas, de 24 escuelas en Guanacaste, este año! ¿Se imaginan qué maravilla? Me hace muy feliz pensar que gracias a este trabajo y las conversaciones sobre la prevención, hemos ido dejando las semillas para un mejor futuro, libre de incendios forestales producto de la acción humana.

También vamos a diferentes comunidades del país y llevamos el mensaje de la prevención casa por casa, hacemos volanteos y hablamos con la mayor cantidad posible de personas. Este año, empresas como Supercompro y Automercado fueron aliadas en esta tarea, todo para proteger el bosque.

También este año, nos dimos a la tarea de recolectar dinero para las brigadas de bomberos forestales voluntarios de Las Delicias de Nandamojo, Orotina y Sardinal, y comprar equipo para que estas personas puedan hacer aún mejor su labor y de una manera más segura: ¡gracias a las comunidades de Tamarindo, Herradura y Playas del Coco por habernos ayudado con esto, y nuevamente al Automercado, que nos abrió sus puertas para hacer las colectas y lograr equipar a 35 hombres y mujeres que trabajan de forma gratuita para salvar lo que es de todos!

Como es muy importante mantenernos comunicados con ustedes, utilizamos las redes sociales. Todas las semanas publico imágenes, videos, noticias y otra información sobre esta temática, para compartirla con mis amigos y amigas.

Tenemos en nuestras manos el poder de proteger nuestros bosques. Si vamos a hacer uso del fuego, que sea de forma responsable. Podemos lograr que el fuego sea una herramienta y detener las acciones que lo pueden convertir en amenaza. Por nuestra salud y seguridad, y la conservación de los bosques y sus habitantes, ¡hagamos equipo: Por Un Verano sin Incendios Forestales!

Escrito por Mary Lys Orozco Sánchez y Ana Beatriz Hernández Barquero para la campaña Un Verano sin Incendios Forestales.