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El Medallazo es el símbolo del fracaso del Estado por excelencia. Despilfarro. Irracionalidad. Populismo. Irresponsabilidad. Y sí, una buena cuota de descaro. No hay otra forma de ponerlo porque cualquiera que tenga la decencia de ponerse la mano en el corazón sabe que ni siquiera en el cenit de la estupidez legislativa que hubo detrás de esta ley (y hay que decirlo, es nivel Everest) se puede especular con que el espíritu de la norma alcanzaba no solo para abrazar la gesta de Jonathan Mauri Carabaguías sino también (gracias a Antonio Alfaro por atreverse a decirlo) la de Claudia Poll. Sí, ella tampoco debió recibir el premio que lleva su nombre por su desempeño en el Mundial Máster de Natación en Gotemburgo del 2010.

No, no estoy cuestionando el legado de Poll ni dejando de reconocer que es la atleta de deportes individuales más excepcional en la historia de este país y que merecía todos los premios habidos y por haber por su participación en Atlanta 96 (¿quién de nosotros no lloró el corazón entero ese día?) y Sydney 2000. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Ni Claudia ni Franklin Chang ni nadie merece dejar de ser humano y estar por encima de observaciones “incómodas” solo porque les profesamos honesta admiración (mérito que evidentemente Mauri no comparte).

A ver, técnica y legalmente tanto Poll como Mauri pueden reclamar el premio (precisamente por eso lo hicieron y “justamente” lo recibieron y ¡ojo! si usted se enoja con Mauri tiene que ser consecuente y enojarse con Poll porque su mérito es exactamente el mismo) pues ambos cumplen con lo que la rupestre indigna e impresentable legislación dice. Si es que dice algo, porque como ya lo hemos dicho está tan mal redactada que seguramente hasta el día de hoy a José María Figueres Olsen se le cae la cara de la vergüenza por haberle puesto la firma a eso. ¡Y por no haberlo vetado!

Entonces... Sí, el portillo legal lo permite. Sí, están en todo su derecho de reclamar el dinero. Pero de ahí a sostener que el espíritu de la norma abraza también la categoría máster es simple y sencillamente un disparate. No, nadie está diciendo que el máster no sea relevante y que los atletas de esta categoría no sean deportistas de alto nivel (¡lo son!) con muchísimo más mérito que aquellos que nos cansamos con solo salir a hacer las compras al chino. Eso no se los quita ni pretende quitar nadie. Pero de ahí a especular con que cuando se inventó semejante esperpento de ley se estaba pensando en cualquier otra cosa que no fuera la excelencia en el más alto estándar de competencia deportiva a nivel mundial hay tres pueblos de distancia.

Sí, el derecho deja vacíos, lagunas, que a veces toca “llenar” desde la interpretación. Esto no suele ser tan grave porque en la mayoría de los casos quienes tienen que resolver qué quiso decir el legislador y cómo debe interpretarse a la luz de la normativa vigente no salen con bestialidades arbitrarias que de pronto pongan al Estado de Derecho de cabeza (ojo, dije la mayoría de las veces). Pero en este caso no estamos hablando de vacíos o lagunas (que también los hubo y por eso tocó improvisar todo tipo de reglamentos). ¡Estamos hablando de evidentes vicios y errores de razonabilidad y redacción básica desde la propia creación de la ley que debieron impedir su aprobación!

Provoca, de verdad que sí, buscar a los legisladores que dieron su visto bueno a semejante oda a la incompetencia y cobrarles centavo por centavo la plata que ahora el ministerio de Cultura tendrá que buscar hasta en bingos comunales porque simple y sencillamente no tiene la liquidez para cancelarle al muchacho semejante vagoneta de billetes en un solo tracto. Y es que ese es parte del problema: ¡ni aunque tuviéramos a un Usain Bolt se justificaría un premio tan excesivamente oneroso! Precisamente por eso hace buen rato ya se derogó la ley y con una clásica solución #alatica ni siquiera se ha reemplazo con una que ofrezca un premio razonable para gestas históricas.

En fin, es evidente que ni siquiera un atleta del más alto nivel debería recibir como reconocimiento estatal semejante cantidad de dinero simple y sencillamente porque —para empezar— este país no puede pagarlo. Circuló, por cierto, un divertido meme que comparaba los reconocimientos económicos que obtuvo Michael Phelps (el deportista olímpico más condecorado de todos los tiempos) por su desempeño en las Olimpiadas de Río 2016. Pues bien, el Comité Olímpico de Estados Unidos le reconoció con $25.000 por cada medalla de oro que recibió (cinco) y $15.000 por la de plata. Es decir, gracias a las 6 medallas olímpicas que ganó sumó $140.000 de los cuales tuvo que devolver $55.440 en impuestos. ¿Mi punto? Así funciona un premio sensato en un país con legislación decente y consciente de las finanzas públicas. Por cierto, por si necesitaban el número para la comparativa: Mauri recibió casi $430.000 por su medalla de oro en el Mundial Máster de Natación en Gotemburgo. ¿Así o mejor retratada el ridículo internacional de la ley en autos?

Resuelto el punto de la insensatez económica vayamos al del mérito deportivo, ese que con tanto ahínco defendió la exministra de Deportes Carolina Mauri (hermana de Jonathan), quien de forma incomprensible encontró prudente acompañar a su hermano a recibir el “premio” y dijo que “Este es un logro merecido de Jonathan Mauri como deportista costarricense que ha puesto en alto el nombre de Costa Rica. Cinismo: no cabe otra palabra. Una burla al pueblo.

Vamos a ponerlo en perspectiva...

1. Los otros nominados al premio en su edición 2010 dijeron que descartaban emplear el portillo de Mauri para reclamar el dinero. “Uno aspira a cierto reconocimiento por parte del Estado, pero no económico, algo más como entrar a la Galería del Deporte”, dijo Hugo Velásquez, levantador de potencia que tiene clarísimo que un quinto puesto en el Mundial Máster en Orlando y un tercer lugar máster en el regional norteamericano no deberían traducirse en semejante premio. Lo asombroso es leer a Hanna Gabriels (quien no ganó el premio a pesar de ser ehm... CAMPEONA DEL MUNDO superwélter (154 libras) de la Organización Mundial de Boxeo el 29 de mayo del 2010) y reconocer una vez más que es grande entre las grandes cuando dice que “no tengo ningún interés en entrar en ese desorden. Me interesaría más que se creara una ley para premiar al mejor deportista, con un monto razonable”. #HannaMinistradeDeportesYa

2. Hasta los atletas que acompañaron a Poll y Mauri al Máster de Natación en Gotemburgo del 2010 consideran que el premio es una perversión. Hablo propiamente de Alfonso Cortés Ojeda quien valientemente escribió en La Nación que “Pensé que competíamos en el circuito de natación máster como un favor a nuestra salud física y emocional, propia y la de nuestros allegados. Nunca sentí que debía yo ser remunerado por esa convicción”. Su texto, completo, merece la pena, pero rescato los dos últimos párrafos para la posteridad:

La natación máster es la de quienes nos negamos a envejecer siguiendo los dictados tradicionales del sedentarismo. Nada más. Imposible lograr los rendimientos de un Michael Phelps o unas hermanas Poll veinteañeras. Ese nunca fue el objetivo del circuito de natación máster. Ojalá una buena parte de los casi ¢400 millones otorgados a Mauri y a Claudia Poll por su participación en el 2010 sean devueltos a niños y jóvenes quienes disfrutan compitiendo en el agua.

Ya fuese un político politiquero o un funcionario descuidado, el Icoder hizo una pobre redacción y peor interpretación de lo que podría ser un premio, ya de por sí controvertido, en un país de recursos tan limitados. Tanta concentración de recursos en unos poquísimos atletas, ya en decaimiento, no es más que un robo a nuestra juventud. ¡Qué dicha que fue eliminado!

3. Simplemente para terminar de contextualizar el “logro merecido” del que habla la exministra de Deportes cuando defiende que su hermano se embolse $430.000 de nuestros impuestos: Mauri hizo un tiempo de 4:56:79.  Eso es muchísimo menos de lo que tardaríamos usted y yo pero, como bien apuntó Camilo Brenes, ese mismo año (2010) Ryan Lochte hizo los mismos 400 m combinados en... 3:55:50 (piscina corta). ¡Casi un minuto de diferencia! Ese es el nivel élite. Phelps tiene el récord mundial en piscina larga (4:03.84). Se los pongo más fácil. ¿Recuerdan que en las Olimpiadas siempre hay un par de “compas” a los que uno apoya cariñosamente porque todo el mundo los va tarreando? En las Olimpiadas de Río (en esta categoría) esos fueron Pedro Pinotes (Angola) y Luis Vega Torres (Cuba) que llegaron en los dos últimos puestos (25 y 26) con... 4:25.8 y 4:27.27. Ahí se las dejo.

No, no estoy tratando decir que Mauri no es una atleta excepcional o que másters no merece respeto. Estoy tratando de decir que el pueblo de Costa Rica también merece respeto. Que esto es una tomadura de pelo en todos los sentidos posibles. Que es una vergüenza absoluta. Que recordar que Hanna no fue premiada indigna. Que pensar que nuestros legisladores crearon una ley tan absurda e insólita acongoja y angustia. Y que el único consuelo que nos queda es recordar que el Estado de Derecho funciona porque le duela a quien le duela Mauri tiene razón y por eso ganó el juicio.

Entonces... si bien la Procu metió las patas (ver: Procuraduría acepta error en proceso que terminó en premio para Jonathan Mauri) tampoco hay que concluir precipitadamente (como parece lo hace mi querido don Leo Garnier y mucha otra gente) que ese error nos costó esa plata. No. Eso no es cierto.  Sí, se supone que la Procuraduría debe tener el mayor de los cuidados cuando está representando al Estado en procesos judiciales donde hay millones de por medio. Y sí, el error en el que incurrió el procurador es una novatada (dirigir la gestión de adición y aclaración a otro tribunal) pero no perdamos de vista que de todos modos muy probablemente el Estado iba a perder en casación.

¿Debió intentarlo el Estado en casación? Habría que ver. Ciertamente habría sido otro el cuento si el procurador hubiese dicho que el caso era imposible de ganar en casación (cosa que tras leer la sentencia yo habría compartido) y por eso declinó apelar en última instancia, porque una condena negativa para el Estado aumentaría el monto a pagarle a Jonathan Mauri (Santo Dios quiera saber Jesucristo cuánto le habríamos terminado pagando si ya solo en costas y daño moral esta cosa escaló a niveles absurdos). Entonces sí, habría sido deseable que el Estado, tras hacer un análisis riguroso de las circunstancias, declinara apelar. Pero no. En esta instancia... también se la peló.

Y no sé a ustedes. Pero a mí hasta me parece un cierre digno a semejante secuencia de errores y desaciertos dignos de una tragicomedia tercermundista. Que sea esta una muy pero muy valiosa lección para todas y para todos. No solo para quienes controlan el destino del país y toman decisiones tan ridículas y temerarias como esta, sino también para quienes los colocamos en esa posición de poder...

PS: Si Mauri decide donar parte del premio es tema suyo. A mí, ese detalle, ahora, me es indiferente. Es su decisión si quiere o no dejarse el dinero y es su derecho invertirlo en un yate o construir una piscina de uso comunal. Lo que sí me parece inaceptable (y en buena medida motivó este editorial) es que no tenga la valentía y el coraje para darle la cara al pueblo ofreciendo declaraciones cuando la prensa lo buscó. Si tuvo a bien demandar al Estado por un premio que 99 de cada 100 costarricenses considera no merece y no le tembló el pulso para extender la meno y recibir nuestro dinero porque considera que es lo justo (o porque la ley lo faculta y con eso le basta) pues lo menos que puede hacer es contestar las preguntas de la prensa y explicarle al pueblo su punto de vista. Su silencio podría interpretarse como vergüenza, pero esa palabra, en este caso, claramente está más que descartada.