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"Las palabras son, en mí no tan humilde opinión, nuestra más inagotable fuente de magia, capaces de infligir daño y de remediarlo."
- Albus Dumbledore

Ciertamente la palabra, escrita o hablada, tiene mucho poder. A través de ella se puede motivar a las personas, animarlas y elevar su estima. Pero también a través de ella se puede causar el peor de los daños.

Es necesario, entonces, siempre prestar atención a lo que las palabras puedan indicar, que va más allá de lo que realmente se está diciendo. Especialmente, dado la realidad que vive ahora el país, aquellas que podrían estar llamando a la violencia.

¿Se puede incitar a la violencia, sin discursos violentos?

Mi mundo son las Ciencias Bíblicas y a partir de ellas es que puedo contestar esa pregunta con un pequeño ejemplo que funciona bastante bien. En el libro de Deuteronomio (6:10-13) encontramos el siguiente texto:

"Cuando Yahvé tu Dios te haya introducido en la tierra que ha de darte, según juró a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob: ciudades grandes y hermosas que tú no has edificado, casas llenas de toda clase de bienes, que tú no has llenado, cisternas excavadas que tú no has excavado, viñedos y olivares que tú no has plantado, cuando comas y te hartes, cuídate de no olvidarte de Yahvé que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre. A Yahvé tu Dios temerás, a él servirás y por su nombre jurarás".

En el contexto literario de este pasaje, se está hablando de la promesa de Dios al pueblo de Israel por el lugar que iban a habitar: su tierra prometida. En su contexto histórico, el pueblo de Israel está en una etapa más avanzada de su formación, de ahí la belleza casi poética de la forma como está escrito el pasaje y también el nivel del pensamiento religioso.

Pero analizando el texto hay algunas preguntas que salen a relucir: ¿qué pasa con esas personas que edificaron esas ciudades, llenaron esas casas de bienes y cultivaron esos campos? ¿Dónde están? ¿A dónde fueron a dar? Una cosa está clara para quién escribe, esas personas no entran en juego, el autor piensa en Dios y los suyos.

El texto mencionado arriba, no es explícitamente violento, no llama a matar a aquellos otros, sin embargo, hay en él una invisibilización de esos otros. A causa de eso entran en un lugar de "no-persona", lo cual hace que no tengan derechos a mantener sus ciudades, sus casas y sus campos. Si no se tiene derechos, si no sé es persona, la violencia contra ellas termina por no ser un crimen.

Frente a nuestra realidad nacional, tal vez nadie diga que las mujeres pueden ser abusadas, pero sí se oye decir que se no entiende la necesidad de hacer una marcha. Se oye muchos "no soy homofóbico" seguidos de un "pero nunca aceptaría que las personas LGTB+ tengan derecho a casarse... a heredar... a tener un puesto en el gobierno".

Queda claro que no hay una necesidad de hablar en palabras abiertamente violentas para incitar a la violencia. El simple hecho de invisibilizar un grupo, de negarles sus derechos, de ponerlos en una situación de "no-persona", es suficiente para dar pie a violencia. Eso es lo a que se le llama violencia simbólica.

Esto va más allá de la tolerancia de simplemente aceptar al otro. Entra en juego el amor al prójimo, y según lo dice Dios, el amor debe ser para todos y todas por igual.