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La discusión en torno a la “ideología de género” se ha convertido en una estrategia política. La noción de una “ideología de género” es una falacia semántica, es decir, el término en sí es una contradicción y por tanto no es lógico ni verídico.

El término “ideología” (de manera muy resumida) consiste en un proceso de creación de prácticas que generan un sentido cuya función final es la legitimación de las relaciones de poder. Todo esto nos dice que la ideología es en sí una serie de ideas y nociones que han sido creadas, establecidas, y perpetuadas por el grupo hegemónico (el grupo con más poder dentro de la sociedad) con el fin de darle continuidad a estas ideas por medio del control de sus individuos de manera que estos no estén al tanto de su contribución a la permanencia de esta ideología. Por lo tanto, las personas actúan acorde a esta ideología sin estar necesariamente al tanto de ello.

El término “género” (a grandes rasgos) constituye una construcción social sobre los comportamientos y deberes que tradicionalmente se consideraban como femeninos y masculinos. Es a través del género como se dividieron los recursos, deberes, derechos y los espacios entre hombres y mujeres. El género no hace referencia a las diferencias sexuales (biológicas). Dentro de estas diferencias y esta división histórica a los varones se les ha dado un lugar privilegiado y las mujeres han ocupado un lugar secundario. De esta manera se constituyen una masculinidad “ideal” y una feminidad “ideal”. Así mismo es importante recalcar que el término género no hace referencia directa a las temáticas de sexualidad como lo hace la teoría queer.

A pesar de esto a lo largo de la historia ha habido tanto hombres como mujeres que han desafiado estas nociones de género y han transgredido la norma con el fin de buscar equidad entre ambos géneros, de allí la importancia de entender que el género es una construcción social.

Es importante definir ambos términos para comprender por qué el término “ideología de género” es en sí una contradicción. Desafortunadamente grupos religiosos fundamentalistas han utilizado esta falacia semántica para aterrorizar a sus “creyentes” con el fin de cumplir con sus agendas y controlar a las masas. El estudio de las nociones de género no constituye un riesgo para la sociedad pues por el contrario le permite a sus individuos tener la posibilidad de salir de sus roles establecidos para vivir una vida más plena; esto implica que los hombres no deben atarse a una masculinidad tóxica que los obliga a actuar de maneras ¨masculinas¨ (agresivos, emocionalmente cerrados, impulsivos, sin la posibilidad de expresar dolor, distantes y sexualmente promiscuos) y que las mujeres no estén obligadas a seguir normas patriarcales que dictan un comportamiento pasivo (sumisas, débiles, emotivas en exceso, vírgenes, inseguras y preocupadas por su estética).

El miedo hacia el estudio del género es un síntoma de una sociedad patriarcal (que afecta a hombres y a mujeres) que se aferra a dogmas medievales por miedo a perder el control que ha ejercido sobre sus individuos. Las estrategia que utiliza son argumentos llenos de falacias y escenarios radicales, fatalistas y extremos con el fin de aterrorizar a las personas. Antes de caer en este juego, los insto a leer un poco, conversar con personas que han trabajado este tema y a abrir un poco sus horizontes para ponerse en los zapatos de otras personas. No crean todo lo que les dicen estos grupos conservadores, no porque tengan tintes religiosos, no, no lo hagan por el hecho de que muchos de estos líderes no se han informado sobre este tema y utilizan un discurso desinformado y radical con el fin de mantener el control sobre su gente y forzar su ideología sobre los demás al limitar sus derechos.

Recordemos que ha sido gracias a las luchas sociales que buscan la equidad de género que las mujeres podemos trabajar, votar, manejar y estudiar (estos son solo unos pocos ejemplos) y los hombres pueden ser más abiertos con sus sentimientos y pueden aspirar a puestos que se consideraban únicamente de las mujeres (solo algunos ejemplos). Si bien es cierto que las estadísticas de femicidios, los casos de violencia doméstica, violaciones y abusos nos indican que hay un largo camino por recorrer, seguimos en la lucha con la esperanza de una sociedad más equitativa.

Todos tenemos la oportunidad de investigar por nuestra cuenta y sacar nuestras propias conclusiones, hagámoslo, informémonos y tomemos nuestras propias decisiones.