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Los niños (y niñas) tienen que ser enseñados sobre cómo pensar, no qué pensar.
- Margaret Mead

La Ley Fundamental de Educación y la Constitución Política de Costa Rica manifiestan que todo habitante de Costa Rica tiene derecho a la educación y que el Estado debe procurar ofrecerla. Si bien la mayoría de las personas concordamos con este principio y procuramos defenderlo, parece que tal ahínco no aplica cuando de educación sexual se trata.

¿A qué le tememos? ¿Qué puede pasar si conocemos más de nuestra vinculación afectiva, de nuestro cuerpo, de relaciones interpersonales y sistemas sexuales?

El aprendizaje debe ser visto como una herramienta y no como una amenaza. ¡La educación nunca va a ser una amenaza!  Por más simplista que sea recordarlo la verdad es que la ignorancia se combate con educación, no con miedo.

La mayoría de las personas que se oponen rotundamente al Programa de Estudio de Afectividad y Sexualidad Integral del MEP, dicen no oponerse a la educación sexual per se, sino a este modelo en particular. Manifiestan estar de acuerdo con una educación sexual objetiva, apolítica, que no tenga ningún tipo de construcciones sociales, filosóficas y de género al respecto (pero que curiosamente sea coherente con los principios cristianos).

No obstante ello, parecen no percatarse de que es absolutamente imposible desarrollar conocimiento dejando de un lado las construcciones sociales e históricas. Todo el conocimiento tiene un factor social, histórico, político, cultural e ideológico, más aun al hablar de un tema tan humano y transversal como es la sexualidad.

Es por esto que dar una educación sexual obviando estos factores no solo es irresponsable, sino también imposible. La idea no es tratar a la sexualidad con criterios objetivos -como contraposición a subjetivos- y simplistas, sino más bien enriquecer un tema tan complejo como lo es la sexualidad con definiciones pertinentes cada vez más respetuosas, amplias y así construir nosotras y nosotros mismos nuestra vivencia de la sexualidad.

He estudiado incontables veces este programa para entender en qué parte está el irrespeto con los valores cristianos o con las familias y no lo he encontrado, ¿quién dice que este programa de sexualidad y afectividad integral no es compatible con mis creencias, cuales quieran que sean? Una educación sexual responsable, busca potenciar el bienestar individual y colectivo en una sociedad, de forma que no viene a imponer ninguna manera correcta de vivirla.

Una educación sexual responsable es inclusiva a las diferencias de creencias, opiniones y formas de pensar. Nos va a permitir tomar decisiones más informadas y responsables con respecto a nuestra vida, nuestro cuerpo y nuestras creencias. Una educación sexual consciente nos ayuda a tomar decisiones, a saber las implicaciones de las mismas y las responsabilidades que conlleva, nos va a ayudar a estar más seguras y seguros de qué hacemos y por qué lo hacemos, nos va a permitir discernir, aprender a discutir y desarrollar un criterio.

Lo más importante es entender que esta educación no empieza ni termina en la escuela. No es un proceso lineal y unidireccional en el que se deposita y recibe información. A mis hijos no sólo los educo yo; los educa su entorno, sus pares, las redes sociales, la televisión y las experiencias que acumulan a lo largo de su vida.

No le tengamos miedo a este programa, no va en contra de nuestras creencias. Resignifiquemos, complementemos con nuestra espiritualidad, nuestros principios morales y nuestros valores. Generemos conversaciones, aprendamos también, construyamos más conocimiento, ampliemos, cuestionemos pero no prohibamos, no satanicemos. Comentemos con nuestros hijos e hijas lo que pensamos, discutamos en nuestras casas. Al fin y al cabo, el conocimiento nos hace fuertes e inteligentes; no le temamos.