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Los resultados que emitió el Tribunal Supremo de Elecciones han caído como un golpe frío y contundente, como una broma de mal gusto en la que nunca llegó el momento del “era solo una broma”. El candidato evangélico conservador Fabricio Alvarado ha salido vencedor de la Primera Vuelta, esto teniendo un 25% del total de los votos sumado a 14 curules en la próxima Asamblea Legislativa. Lo anterior, a pesar de cómo se comporte la Segunda Vuelta electoral, augura un panorama político complicado para las libertades individuales de amplios sectores del país y para la agenda en temas de reconocimiento en los que se había avanzado. Pero si hubo avance, ¿a qué responde este retroceso?

Responder a una pregunta tan amplia con una razón única es imposible. Múltiples factores deben cotejarse y relacionarse para aproximar una respuesta vasta, no obstante, es posible señalar algunas consideraciones en tono de opinión que puedan, en el mejor de los casos, ayudarnos a generar reflexiones conjuntas, para buscar así estrategias de lucha oportunas. Siguiendo lo anterior, me gustaría señalar 4 razones que considero explican parcialmente el triunfo electoral del Partido Restauración Nacional:

  1. Abandono del Estado. Considerando de entrada que un porcentaje importante de los votantes a Fabricio Alvarado están bajo la línea de pobreza o cerca de ella (las provincias y cantones más empobrecidos fueron los que más votos dieron al Partido Restauración Nacional), habría que señalar el abandono en materia de cobertura social del Estado como uno de los factores de éxito del candidato. Lo anterior se entiende mejor cuando se piensa que todo aquello que un estado social de derecho debería garantizar a la población: recreación, asistencia, salud, organización comunitaria, etc., es organizado por las iglesias pentecostales en sectores como Cieneguita, Cañas, Lomas del Rio, El Carmen y demás geografías marginalizadas del país. En estos lugares el tejido comunitario lo genera la iglesia, y como respuesta a esto se le adjudica la verdad y una posición privilegiada en relación al poder. La iglesia tiende a gobernar estos espacios.
  2. El alivio de la iglesia. Pero no solo se trata de una cuestión política, en el sentido de gobernanza más clásico. A nivel subjetivo y familiar, el pentecostalismo brinda un alivio semanal al dolor causado por la pobreza, la violencia, la fragmentación familiar, y demás factores que son atendidos a diario por las consejerías cristianas, e iniciativas como el Hospital de las Almas. Todos hemos estado en una posición vulnerable en repetidas ocasiones de la vida, y sabemos lo importante que es la palabra de alivio en esos momentos. Esa palabra en cientos de lugares del país sale del micrófono que sostiene el pastor, y sale de las maneras más irracionales que podamos imaginar, pero causan alivio, sostienen, hacen que el domingo sea una alegría, que se pueda llorar, brincar, somatizar en contracciones y espasmos tanta angustia, tanto fracaso. Esta sanación estampa un sentido a la realidad, un sentido cercano a lo mágico-religioso que se establece con una contundencia que no admite peros. Se es cristiano y nadie sabe lo que eso significa, a no ser que experimente ese alivio espiritual.
  3. Del fracaso al éxito. Junto a los factores anteriores camina el de la historia del cristiano que alcanzó el éxito. El neoliberalismo desde hace más de 30 años nos ha vendido la idea de que alguien que haya nacido en extrema pobreza, es capaz de levantar un emporio económico si juega las cartas correctas, y emprende como un pequeño empresario. Lo anterior estadísticamente es insostenible, no obstante cala en las poblaciones empobrecidas como la única salida posible a su condición. Figuras como la de Keylor Navas sostienen la lógica anterior con gran éxito, la fórmula es sencilla: se vino de abajo y se triunfó, en la mayoría de ocasiones con la ayuda de Dios. Esta fórmula es presentada una y otra vez en las iglesias pentecostales; historias de fracaso, de humillación y burla, se convierten en historias de éxito espiritual, generalmente adjudicadas a los pastores quienes hacen de ellas su carta de presentación. Para esto los estudios no son necesarios, es la fe lo que permite el paso al éxito. Las cosas aquí se complican más, pues la iglesia no sólo tendría el alivio, la organización comunitaria, sino que también tendría la salida a la pobreza, en una suerte de emprendedurismo espiritual que al ser representado por figuras de autoridad en la estructura eclesiástica, se convierten en verdad.
  4. La recuperación del orden familiar. Por último quisiera repasar el factor que se ha mostrado como exterior durante la campaña de Restauración Nacional: la recuperación de la familia. Contrario a considerar la familia como un conjunto de unidades con libertad individual, el pentecostalismo considera que en esta debe existir un centro, el hombre, y que este debe ejercer la sumisión a los miembros restantes. Los éxitos del feminismo y de las luchas igualitarias en el reconocimiento de derechos, han trastocado oportunamente esta noción de familia. Sumado a eso, el neoliberalismo ha desplazado al hombre como garante económico del espacio familiar, lo que acaba por provocar que el hombre haya sido desplazado del lugar que lo hace hombre. Ante esto, muchos sectores anhelan la tradición en la cual ven un retorno de orden, contra la despotenciación de la figura masculina y la libertad de la figura femenina. Claro está, cualquier cosa que atente contra ese orden será determinado como enemigo, es ahí donde surge la discriminación que ejercen estos grupos.

Días atrás un asistente regular al culto evangélico resumía lo anterior al decirme que: “En mi familia, gracias a Dios, todos son muy sumisos a mi opinión, por eso no nos hemos separado”.

En síntesis, estos 4 elementos muestran al menos una parte de lo que ha provocado el shock religioso en el país. Faltan muchas otras dimensiones del análisis, la económica por ejemplo, o bien, alumbrar ángulos de la reflexión que hasta ahora se encuentran oscuros, tales como la relación entre la burla y la fortaleza que en ella encuentran los practicantes del pentecostalismo, o bien, el ascenso internacional de la derecha y del evangelismo en América Latina como actor político.

La resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos atizó un carbón que estaba a punto de hacer fogata, el caldo de cultivo de lo que sucedió tiene décadas de estarse acumulando. Hemos descubierto un rostro de Costa Rica que no queríamos ver, un rostro que causa miedo por su maquillaje salmista y discriminatorio. El trabajo a partir de ahora debe multiplicarse, y para eso es importante comprender que la política está más allá de los periodos electorales. Las iglesias pentecostales comprendieron eso hace décadas ¿cuándo lo haremos nosotros?