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    enero 9, 2018

    Pobreza en Costa Rica: datos, silencios y sombras

    Por Gabriela Vargas
    Pobreza en Costa Rica: datos, silencios y sombras
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    Los datos

    En el país, según datos de la ENAHO (2017) 1.092.403 de personas viven en condición de pobreza, de éstas, 306.510 de manera extrema. Respecto a los hogares, para el mismo año 305.231 están en condición de pobreza, y de ellos 86.663 de manera extrema. En puntos porcentuales esto representa un 20,0% de pobreza total y un 5,7% de pobreza extrema.

    De esos hogares, el 44,8% del total en pobreza poseen jefatura femenina, mientras que de aquellos en pobreza extrema el 46,1% tiene jefatura femenina.  Además, al revisar los datos del 2010 a la fecha, se observan tres fenómenos: 1) La jefatura de hogar femenina ha crecido en todos los hogares, estén en pobreza o no; 2) La jefatura de hogar femenina ha crecido más entre los hogares pobres; y 3) A mayor pobreza, mayor porcentaje de jefatura de hogar femenina (¡Por supuesto que la pobreza tiene rostro de mujer! Tal y como lo sostienen organizaciones de Naciones Unidas).

    33.0000 millones de colones es la inversión destinada para los hogares en condición de pobreza extrema entre los años 2014 y 2016, según los datos del Gobierno; mientras que un 14% fue el aumento dela inversión para atender estos hogares del 2015 al 2016. En el mismo rango de años, si se toma la cantidad de hogares en pobreza extrema que mostró la ENAHO en el 2014 en comparación con lo mostrado por la ENAHO 2016, se observa que la cantidad total de hogares en pobreza extrema aumentó en 194 hogares. Pero, si se observa el período 2015 -2016 (que corresponde a la inversión real de este gobierno), la cantidad de hogares en pobreza extrema disminuyó en casi 9.000, la mayoría concentrados en la región Brunca.

    No obstante, si se observa la evolución a más largo plazo, digamos del 2010 al 2017, la evolución de la pobreza extrema en los hogares por región permite concluir que existen dos regiones donde la pobreza se ha mantenido disminuyendo de manera sostenida: Chorotega y Brunca. De manera general, del 2010 al 2017 en la primera, la pobreza extrema disminuyó en 3,9%, mientras que en la segunda fue del 1,3%.

    En la región Central, el porcentaje de hogares en pobreza extrema se ha mantenido prácticamente invariable, mientras que en el resto de las regiones ha aumentado. El dato con pobreza básica confirma el mismo comportamiento.

    El tiempo que dura la “atención integral” por medio del Plan Puente al Desarrollo impulsado por el actual gobierno es de 2 años, excepto para aquellos hogares que requieran “sostenibilidad”. 107.221 personas han sido atendidas por este plan, lo que corresponde a 27.388 familias ubicadas en los 75 cantones prioritarios.

    ₡75mil colones es el monto usual que el IMAS transfiere a las familias beneficiarias (para compras de alimentos). Puede ser que un poco más si las familias están en Plan Puente; pero en ningún caso se otorga el subsidio que la ley 7769 previó como recurso para acompañar la formación humana y la capacitación técnica. Es, básicamente el mismo monto para compra de alimentos, solo que ahora debe alcanzar para pasajes, fotocopias, meriendas, materiales educativos, etc.  A eso hay que sumarle que el IMAS convoca a múltiples actividades, cualquier día, incluso si las personas tienen ese día capacitación en el INA o en el INAMU.

    Los silencios

    Un aspecto sobre el que poco se habla es el modelo de atención de la pobreza. En raras ocasiones, la discusión sobre la atención de la pobreza en el país se realiza desde el paradigma de Derechos Humanos. Más parece un rescoldo de un estado keynesiano debilitado y desfasado con respecto a esta sociedad nuestra: capitalista, patriarcal, postmoderna. Y eso es muy conveniente. ¡Que conveniente que nada cambie en el modelo de atención de pobreza!

    Pero hay preguntas que debemos hacernos, considerando la inversión millonaria que ha representado Plan Puente. De las 107.221 personas atendidas ¿cuántas lograron obtener unas capacidades individuales y colectivas, durante estos dos años, que les permita sostenerse sin ayuda del Estado, fuera de la pobreza?

    ¿Son 2 años suficientes? Pensemos en una persona que antes tenía primer grado de escuela y después de dos años apenas logró el sexto grado, ¿tiene las capacidades individuales para obtener un empleo digno o emprender un proyecto económico rentable?

    Aún más, considerando el enorme costo que representa el modelo actual de pobreza, ¿cuál es la segunda parte?, ¿el modelo de atención de pobreza logra darle herramientas individuales a las personas para obtener empleo digno o emprender y tener ingresos económicos suficientes para sí mismos y sus familias?, ¿logra dar capacidades colectivas para que transformen cosas en sus comunidades: seguridad, ornato, etc? ¡Y no hablo solo de Puente ni de la estrategia de este gobierno, hablo de los últimos 10 años!  

    Las sombras

    En términos jungianos, “la sombra está constituida por el conjunto de las frustraciones, experiencias vergonzosas, dolorosas, temores, inseguridades, rencor, agresividad que se alojan en lo inconsciente del ser humano formando un complejo, muchas veces, disociado de la consciencia”.

    Podríamos permitirnos llevar este principio de la psicología profunda, de lo individual a lo colectivo. Para las mujeres, el modelo es perverso. El año pasado que investigadoras del Instituto Nacional de las Mujeres (2016), lograron demostrar a través de datos de 3.223 mujeres atendidas por el IMAS en todo el país y que viven en condiciones de pobreza extrema, que el 80% de las participantes se encontraba en algún estadio de Inseguridad Alimentaria [2]. De ellas, el 21% de manera severa lo que equivale a condición de hambre según la FAO.

    Además, el mismo estudio identificó una tendencia importante, que permite evidenciar la forma diferenciada por género en que las mujeres viven las condiciones de pobreza.

    Los datos mostraron que los hogares donde había personas menores de edad, eran más vulnerables a la Inseguridad Alimentaria y Nutricional que aquellos en donde solo había personas adultas. Además, cuando la mujer era jefa de hogar, en ambos hogares, la inseguridad alimentaria era mayor.

    Esto permite comprender, primero que existen mujeres, niños y niñas en inseguridad alimentaria e incluso un 28% en inseguridad severa, o lo que es lo mismo, en estado de hambre. Pero, además, que los hogares liderados por mujeres son más vulnerables a esta condición (…) Pero el dato que más llama la atención, es que las mujeres consumen menos alimentos, se brincan tiempos de comida o dejan de comer durante todo un día, para poder propiciarles ese alimento a sus hijos e hijas. Esto ocurre principalmente con las jefas de hogar”. (INAMU, 2015, p.123)

    Es decir, que cuando los alimentos son escasos en los hogares de estas mujeres, ellas, por una serie de mandatos de género (que Marcela Lagarde explica muy bien a través del cautiverio de la Madre-Esposa), eligen comer menos o no comer del todo, con tal de que sus hijos, hijas y otros familiares tengan alimentos para comer.

    Datos preliminares del INAMU (2017) recogidos con casi 40 mil mujeres en condiciones de pobreza extrema en los años 2015, 2016 y 2017, confirman el panorama anterior.

    Y aún así. El modelo sigue siendo el mismo, y la atención también. Es decir, que la sombra permite que un modelo que tácitamente le implica a las mujeres sacrificarse, pues se alimentan menos o dejan de hacerlo para que sus hijos, hijas y otros familiares coman, se siga reproduciéndose aunque eso represente la vulneración por parte de Instituciones del Estado a los derechos económicos, sociales y culturales de las mujeres.

    Sólo un dato más, en la sombra también, el Índice de Pobreza Multidimensional que representa un enorme y muy buen esfuerzo para comenzar a comprender la pobreza desde las carencias que viven las personas, y no sólo desde la falta de un ingreso económico, no considera la perspectiva de género.

    Aunque la ENAHO tiene 20 años mostrando que la jefatura de hogar femenina entre los hogares en condición de pobreza tiene a aumentar, el Índice de Pobreza Multidimensional no permite recuperar datos por el sexo de la jefatura de hogar. Así que no tenemos forma de saber cuáles carencias se presentan más o son mayores entre los hogares con jefatura femenina. Y eso que la pobreza “tiene rostro de mujer”.

    La fotografía es de Gobierno.CR. Texto original completo en Medium disponible aquí.

    Gabriela Vargas

    Psicóloga social y docente universitaria con una especialidad en políticas públicas y otra en planificación y desarrollo local. Actualmente cursa una maestría en educación en derechos humanos con una beca de la OEA.

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    2 Responses to “Pobreza en Costa Rica: datos, silencios y sombras”

    1. Andres Fernandez Arauz

      Estimada Gabriela. Su artículo plantea varias de las preguntas más importantes para comprender si el modelo actual de atención de la pobreza es el más adecuado, especialmente el tiempo de duración de la Estrategia y la transición a la fase de sostenibilidad, temas que me consta se encuentran en estudio en este momento por parte del Gobierno y los aliados del sector privado en esta lucha. En cuanto al Índice de Pobreza Multidimensional, es cierto que ninguno de los 19 indicadores del IPM describen explícitamente una perspectiva de género, pero esto no fue una omisión ni tampoco significa que esa perspectiva no esté presente. Cuando el INEC comenzó a formular la primer versión del IPM, a finales del año 2014, esta incluía un incluía un indicador dentro de la dimensión de Protección Social llamado “Jefe sin pareja”, cuya definición decía: “Hogares con jefe, sin compañero, en hogares con alta dependencia económica y sin apoyo externo (pensión alimentaria, remesas, pensión contributiva o ayuda estatal -excepto becas-)”. Pero luego de varias discusiones de la comisión técnica, incluido el INAMU, se llegó a la conclusión de que el indicador más apropiado era otro, que ahora se llama “Personas fuera de trabajo por obligaciones familiares”, que como podrá sospechar, es de padecimiento casi exclusivo de mujeres.
      Además, es posible utilizar la base de datos de la ENAHO y realizar cálculos del IPM para grupos particulares, como el de hogares con Jefatura femenina. Por ejemplo, en el año 2016 un 38% de los hogares pobres desde la óptica multidimensional eran jefeados por mujeres, y un 62% por hombres.

    2. Babyrgline Vargas

      Gracias por el comentario Andrés. El IPM no permite recuperar información por sexo de la jefatura de hogar, lo que permitiría hacer (si no completo, al menos un inicio) análisis de género. Tal y como se diseñó, no es posible comprender que como se comporta la pobreza en hogares con jefatura femenina. El indicador “fuera de la fuerza de trabajo por obligaciones familiares” representa apenas el 5% de la dimensión “Protección Social” que a su vez representa el 20% del peso total del IPM.