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Al inicio de la pandemia de COVID-19, se hablaba del gran respiro que estaba beneficiando al planeta con la cuarentena obligatoria. En todo el mundo había avistamientos de animales en lugares tan insospechados como las grandes ciudades. Lamentablemente la situación nunca cambió realmente: el ser humano sigue contaminando. Ahora la pandemia se representa con tristes imágenes de los ríos y mares llenos de mascarillas mal desechadas. Estos residuos disminuyen la calidad de las aguas y suponen graves repercusiones para las especies que habitan los mares, entre ellas los corales.

Arrecife de coral

Los corales, o pólipos coralinos, son organismos que construyen comunidades llamadas arrecifes. Aquí conviven peces, estrellas de mar, esponjas, erizos de mar y muchas otras especies, todas de diferentes colores y tonalidades. Para la construcción de los arrecifes, los pólipos se anclan a las rocas del lecho marino donde se reproducen y se agrupan por miles o millones de años hasta formar los maravillosos arrecifes.

Los corales tienen dentro de su tejido unas algas, las cuales llevan a cabo la fotosíntesis y le suministran al coral oxígeno, alimento y sus peculiares y llamativos colores. A su vez, los corales les proporcionan nutrientes, dióxido de carbono y protección.

Aunque ocupan solo el 1% de la superficie oceánica, los arrecifes son tan biodiversos que en estos habita casi el 25% de las especies marinas descubiertas. En esta biodiversidad radica la importancia de mantenerlos a salvo; sin embargo, al igual que el resto del planeta, los arrecifes se han visto muy amenazados por el calentamiento global y la contaminación.

Destrucción de los arrecifes

Según una nota publicada en el 2019 por el diario La República, en el mundo se ha perdido cerca del 40% de los arrecifes coralinos. En Costa Rica la reducción alcanza la preocupante cifra de un 85% en el Golfo de Papagayo. Esta situación tiene efectos no solo en la biodiversidad de especies, sino que genera pérdidas de las barreras protectoras de las costas que evitan la erosión, así como una disminución de los alimentos que consumimos del mar.

Las pérdidas de corales ocurren cuando los pólipos se ven sometidos a ambientes estresantes, como el incremento de temperaturas y la acidificación de los mares. Este estrés provoca que los pólipos expulsen a las algas, con lo que pierden su fuente de alimento y entran en un proceso de blanqueamiento.

El color de los corales está directamente relacionado con su salud. Un coral bajo condiciones de estrés constantes se torna blanco porque expulsa todas las algas que lo habitan, lo que provoca la pérdida de su fuente de alimento, su muerte y finalmente la desaparición de todo el arrecife.

Protección de corales

El pasado 30 de julio de 2019 se firmó el Decreto 41774 “Promoción de iniciativa de restauración y conservación para la recuperación de los ecosistemas coralinos”. Este decreto tiene como objetivo disminuir los actos que perjudican a los arrecifes y promover acciones que los protegen, como el cultivo de los corales.

Así como los árboles se pueden cultivar y crecer, los corales también pueden ser reforestados. Desde el 2016, el Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (CIMAR) en conjunto con estudiantes e investigadores científicos han analizado el cultivo de corales fuera y dentro del mar.

El cultivo de corales en laboratorios es una iniciativa para acelerar el proceso de crecimiento de los pólipos coralinos. Según José Andrés Marín, estudiante de la UCR e integrante de Raising Coral Team, esta investigación ha permitido disminuir de 15 a cinco años los tiempos de crecimiento.

Las técnicas de cultivo varían según la especie de coral. Una de ellas consiste en colocar en el mar una estructura de PVC y fibra de vidrio, con forma de árbol. En las ramas de este “árbol” se cuelgan fragmentos de coral que miden entre 0,5 y 1,5 cm2. Una vez que los corales alcanzan ciertas dimensiones, son trasplantados a rocas del lecho marino para reforestar poco a poco los arrecifes.

Considerando que las técnicas de cultivo no son tan sencillas como plantar un árbol, existen otras acciones que se pueden hacer para proteger los corales. Por ejemplo, evitar la compra de corales vivos y asegurar que los peces se hayan obtenido de forma sustentable. Los ríos y mares se deben mantener libres de residuos líquidos y sólidos. También se puede cambiar el uso de bloqueadores con oxibenzona, que provoca el blanqueamiento de los corales, por bloqueadores con óxido de titanio u óxido de zinc.

Para mantener las temperaturas mundiales constantes, incluyendo las del mar, es importante fomentar las actividades que disminuyan el cambio climático como el uso de transporte público de o bicicletas. Existen muchas otras acciones, sin embargo la más valiosa es correr la voz: la población cuida lo que conoce.

Gracias a todas las políticas implementadas y a la creación de conciencia en la población costarricense, se han logrado grandes avances en la protección de los bosques. Ahora es necesario enfocar los esfuerzos para proteger también los arrecifes. Así salvaríamos los colores del mar.