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En los tiempos recientes, la disyuntiva entre salud y economía, suscitada por el virus que ocasiona la enfermedad COVID-19 que afrontamos, está en boca de todos. Se menciona que si se abre la economía se generara un aumento de casos por el virus, y esto ocasionara que adquiera mayor relevancia el tema de la salud, medidas de higiene, junto con economía y riesgo. También se han resaltado los datos de la tasa de desempleo del 22,6%, la disminución en la producción e ingresos de los negocios y empresas, la inflación, los mapas de calor, riesgos, entre otros.

Frente a esto, es menester explicar la economía como ciencia social y la importancia de los economistas en el motor desarrollador de las naciones. Primeramente, hay que definir economía. El término economía es una expresión que proviene del latín «economía», y este, del griego «oikos» = casa y «nomos» = administración (administración de una casa) (1). El economista Gregory Mankiw, en el libro de Principios de Economía, la define como: “El estudio del modo en que la sociedad gestiona sus recursos" (2). La Real Academia Española, por su parte, la define como la “ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos”.

Por ende, el objetivo del economista es enfrentarse al problema de cómo satisfacer las necesidades humanas, habiendo un problema de recursos limitadas para satisfacer las aspiraciones ilimitadas. El economista estudia cómo una nación pueda generar riqueza, para que las personas mejoren su situación general, su calidad de vida y el disfrute de esta.

Se pueden tener diferentes discusiones o paneles en la televisión, donde aparecen diferentes economistas conversando sobre algún tema fiscal, ingresos, proyectos, etc. Aunque los pensamientos sean diferentes sobre el rumbo que debe llevarse, o las medidas que se deben adoptar, el fin principal debe siempre converger en cómo se puede beneficiar al país y a sus habitantes.

La economía pertenece a las ciencias sociales, y como tal, cumple un rol vital en la sociedad, con su búsqueda de mejoría en la calidad de vida de las personas. Se utilizan estudios por análisis matemáticos, estadísticos para poder saber el rumbo que lleva un país y la situación en la que se encuentra. Con estos datos, se pretende idear las medidas de respuesta idóneas para corregir el rumbo del país. No obstante, el economista también busca adelantarse a las eventualidades poder actuar de forma anticipada a que se pueda generar un deterioro en el país.

Las propuestas van a tener la relación que sea más beneficiosa y genere menos impacto en la economía. Es decir, no hay medida en la que algún sector no se vea afectado de forma negativa, pero se busca que el beneficio que se genere sea mayor. Además, cualquier decisión económica tiene un impacto directo que se verá en meses, y si el efecto es negativo se durara años en poder repararlo y llegar al nivel de bienestar inicial.

Los estudios se hacen siempre valorando el tema de riesgo y midiendo la posibilidad que la política no sea tan funcional como se espera, debido a algún un factor externo que imposibilite cumplir lo planteado. El economista ve a futuro y sus medidas contemplan cómo puede comportarse la economía en el tiempo posterior de haberse aplicado. Este enunciado no supone que el economista opera a prueba y error. Al contrario, con ello se resalta que, como en todo proyecto humano, existe la incertidumbre y puede algo surgir inesperado.

Existen organismos internacionales que miden cómo se encuentra la salud económica o financiera de un país. Estas calificaciones miden resumidamente la capacidad de pago que tiene un país, ante sus pasivos-gastos con respecto a los que compran los bonos del gobierno o prestan dinero. Es muy similar a la calificación crediticia de cada persona de forma individual. Si no pagan, baja el récord crediticio y se produce un efecto dominó: entre más baja la calificación, más difícil resulta conseguir algún préstamo. Pues bien, lo mismo ocurre con las naciones. Entre más bajen las calificaciones, más costara que estos organismos presten dinero o compren títulos deuda.

La economía incide en el diario vivir de las personas. Por ejemplo, si suben los precios al individuo le va a costar más dinero adquirir la misma cantidad de producto que antes compraba. Por este motivo, la labor del economista es buscar una mejor situación, a través del desarrollo de medidas que permita generar mayor riqueza y un mayor crecimiento económico.

El economista no solo ve números y tasas de inflación, desempleo, tipos de cambio, etc.; sino que observa las familias y las personas que están detrás de cada número. De allí que cada sugerencia y propuesta, va (o debería ir) encaminada hacia la obtención de un mayor bienestar.

Ante la situación actual, los efectos colaterales de cada medida económica son contemplados en detalle. Vale decir, se pretende que cada acción sea beneficiosa para la colectividad y por consiguiente aumente la calidad de vida. Siempre se buscará potenciar los indicadores positivos y reducir los negativos, como lo son el desempleo y pobreza.

El economista, como científico social, existe para servir a la nación y la sociedad. En consecuencia, su labor debe centrarse en coadyuvar en el desarrollo y crecimiento del país. Las acciones de cada uno son importantes y contribuyen a la generación de riqueza. Cada una cuenta: desde la compra al Pulpero del barrio, como la efectuada en los grandes centros comerciales. El efecto, positivo o negativo, incide sobre todos, pues de forma colectiva formamos la nación y, por lo tanto, la economía.

Referencias
(1) Economía. Decimoséptima Edición, de Samuelson Paul y Nordhaus William, Mc Graw Hill,       Pág. 4.
(2) Principios de Economía. Tercera Edición, de Mankiw, Gregory, McGraw -Hill, Pág. 3.