Por Marvin García Cuadra – Estudiante del curso de Estudios Generales

“Todo depende del tipo de relación que mantengamos con nosotros mismos, del modo en que nos relacionemos con los demás, nuestra capacidad de liderazgo y nuestra habilidad de trabajar en equipo. Estos son los elementos que, a mi juicio, determinan la realidad del mundo laboral” - Daniel Goleman

Con tanto acierto, dirigimos la inteligencia emocional hacia el plano laboral por una razón que me atrevo a citar con mucha seguridad: “Vivimos en el trabajo y visitamos nuestra casa”. Si distribuimos las horas del día, notaremos el gran porcentaje que dedicamos a nuestro trabajo, sin agregar que algunos tienen horas extras o jornadas extendidas. Siendo congruentes con la frase de que “el trabajo dignifica”, podemos asegurar que gran parte de nuestra vida está dedicada al trabajo, debido a que nos gusta sentirnos realizados y nos recompensa a todos aquellos que realmente lo vemos como un eterno viaje de aprendizaje y lo disfrutamos al máximo. Es bien sabido que donde está nuestro enfoque, está nuestra energía; y donde está nuestra energía se canaliza gran parte de nuestras ideas, pensamientos, emociones y sueños. Por tanto, digo que nuestro nicho laboral es como el mayor testigo de nuestras experiencias vivenciales y emocionales, en conjunto con nuestros compañeros, quienes son los fiscalizadores y hasta en algunos momentos las víctimas de ciertos impulsos por falta de control de muchas emociones.

Desde que nos levantamos y nos dirigimos a nuestras labores, la emoción que permitimos que predomine es la que íntimamente estará relacionada con la actitud que gobernará en su mayor parte el resto del día. Por ello, es importante considerar un tema trascendental dentro de nuestra cultural social y laboral, y que hoy ha recibido su merecida atención, nos referimos a la inteligencia emocional, que es la capacidad humana de sentir, entender, controlar y hasta modificar emociones, y al hacerlo uno mismo podríamos hacerlo con los demás, el objetivo no es suprimir o cohibirse con las emociones, sino dirigirlas y darles el equilibrio adecuado.

La inteligencia emocional no es producto de un trabajo académico, sino de una autogestión interna, propia, que simplemente dependerá de uno mismo. Nuevos retos en el mundo laboral necesitan nuevos talentos, la dinámica va variando, la innovación técnica y tecnológica van en constante movimiento y avance, las redes sociales condicionan de alguna forma nuestra conducta y el entorno en general se va moldeando según la experiencia. Necesitamos capacidades y habilidades humanas adaptables, que nos permitan montarnos en este tren del cambio y no solo verlo pasar. No obstante, ahora está comprobado que el éxito de una persona no depende en un 100 % de su coeficiente intelectual o de sus estudios académicos, sino de su inteligencia emocional. Lo importante es que se están evaluando las características cruciales para mercadearse en el mundo laboral. Estas nuevas reglas no tienen mucha relación con lo aprendido en los años escolares o con habilidades académicas, etc. El énfasis ahora está en las cualidades personales, tales como la iniciativa; empatía; adaptabilidad; persuasión; capacidad de comunicación; y, no menos importante, la resiliencia. La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, para motivarnos y para manejar bien nuestras emociones y las relaciones con los otros.

En cuanto a la inteligencia emocional en hombres y mujeres, se ha determinado que existen más similitudes que diferencias, aunque cada persona posee su perfil de fortalezas y debilidades. Un análisis realizado a miles de hombres y mujeres puso en evidencia que, en promedio, las mujeres suelen ser más conscientes de sus emociones, mostrar mayor empatía y ser interpersonalmente más diestras que los varones. Los hombres, por su parte, suelen mostrar mayor optimismo y confianza en sí mismos, una mayor capacidad de adaptación y habilidades para hacerle frente al estrés. Independientemente de este dato, un alto nivel de inteligencia emocional es sumamente importante para que cada uno, desde su espacio, explote sus habilidades propias y pueda desempeñarse al máximo sin importar preparación académica, religión, raza, género o posición económica.

Con respecto al espacio laboral, cabe destacar que la mayoría del tiempo, los mayores impulsadores de la inteligencia emocional deberían ser nuestros jefes o líderes, los cuales necesitan considerar cuán bien su puesto o su compañía nutre estas competencias para maximizar la inteligencia de sus empleados y hacer que sus negocios sean más efectivos y productivos. Se ha comprobado que la inteligencia emocional es el factor más importante al determinar la excelencia de cualquier trabajo.

Pudimos esclarecer lo valioso que es la inteligencia emocional de cada uno y el impacto que tendrá en el entorno laboral de cualquier empresa, sea esta propia o en la que se esté trabajando. No obstante, también se deben ver las posibles consecuencias de carecer de esta, ya que podría desencadenar una deshumanización en el equipo, pues habrá falta de empatía hacia la necesidad ajena o ante algún inconveniente que aqueje a un compañero, sea cual sea la causa. No habrá una verdadera escucha y comunicación sincera, y es que gran parte de los problemas que enfrentamos están relacionados con las incompetencias que presentamos en la forma de conversar o relacionarnos, por lo que se sufre por la incapacidad de ser escuchados, tanto entre colaboradores como con nuestros superiores. Podemos aunar a esto la ambigüedad en las orientaciones, la sobrecarga laboral que provoca estrés o cualquier otro impulso inadecuado por parte de nuestros jefes o cualquier otro colaborador, todo lo cual crea serios problemas dentro del nicho laboral.

Un ejemplo de lo que venimos comentando me sucedió en mi actual trabajo. Cuando recién terminé mi periodo de inducción y me ubicaron en el punto de venta donde iba a estar permanentemente, mi actual jefe también estaba iniciando. Al inicio, la exigencia fue tan grande, que no se permitía margen de error, todo debía estar reluciente y, en tono exagerado, perfecto. A la vista nos dejaba claro que seguía la típica filosofía de jefe tradicional: “Yo soy el que mando, yo tengo la razón, no cometo errores y van a hacer lo que yo diga”; y con los bajos resultados inmediatos nosotros le respondíamos: “El que mucho abarca poco aprieta”. Se dieron muchas discrepancias y el ambiente se tornaba tenso y con constantes alzas de voz y confusiones sobre lo que se debería hacer. Logramos llegar a la conclusión de que el responsable de la desviación de energía y el generador de este conflicto era el jefe de nuestro jefe. La manera en que lo trataba y humillaba la replicaba él con su “equipo de trabajo”, y lo pongo entre comillas porque era lo que menos éramos. Las ganas y la voluntad estaban junto a nuestras habilidades y eso era suficiente.

Además, no conocíamos la verdadera cara de nuestro jefe, ya que en la mayoría de los casos era condicionada por lo que recibía de su jefe inmediato. A los meses de entrar en una ligera mejoría comunicativa y de confianza, nuestro jefe recibió la trágica noticia de la muerte de su única hija. En ese momento todo problema pasado o cualquier viejo inconveniente lo hicimos a un lado y el apoyo fue lo primero. La “cabeza” de nuestro punto de venta tuvo un tremendo revés, el impacto que se dio cuando volvió fue totalmente notorio. Logró salir adelante, logró entrar en el juego otra vez utilizando como generador de impulso, la tragedia ocurrida (resiliencia-producto de la inteligencia emocional) . No se detuvo, se exigía a sí mismo y la mejora era continua. Los canales de comunicación se expandieron, todo era más comprensible, las orientaciones más claras y la respuesta de nosotros era más rápida y sólida. Las sonrisas y el buen humor a veces entraban como el sanador oportuno. Dejamos que las cosas siguieran fluyendo y el alcance en cuanto a efectividad ha sido muy bueno.

Como premisa fundamental está el ser fieles y sinceros a nosotros mismos y ser lo que realmente somos, sin filtros, ni pantallas, ni justificaciones, ni superficialidades que distorsionen nuestra realidad humana. Podemos asegurar que la vida nos brinda escenarios como el antes mencionado, pero con la inteligencia emocional será superable, aunque tengamos experiencias vivenciales fuertes y hasta traumáticas dentro o fuera de nuestro trabajo que nos provoquen altos y bajos, siempre hay un margen para salir a flote con más fuerza. Todo es parte del proceso, vamos a recibir golpes de un lado y de otro, lo determinante va a ser cómo lo vamos a asumir y a controlar a favor de nosotros. Debemos seguir construyendo nuestro carácter, afrontar los problemas, buscar soluciones y perseguir la mejora continua, ya que la oportunidad siempre va a estar. Siempre estamos a tiempo, siempre podemos dar lo mejor y eso es lo que da significado a nuestra existencia. Gracias a Dios.

 

MOXIE es el Canal de ULACIT (www.ulacit.ac.cr), producido por y para los estudiantes universitarios, en alianza con el medio periodístico independiente Delfino.cr, con el propósito de brindarles un espacio para generar y difundir sus ideas.  Se llama Moxie - que en inglés urbano significa tener la capacidad de enfrentar las dificultades con inteligencia, audacia y valentía - en honor a nuestros alumnos, cuyo “moxie” los caracteriza.