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Durante los últimos meses hemos escuchado sobre el respiro ambiental que ha beneficiado al planeta como consecuencia de la pandemia del coronavirus y sus restricciones. El pasado 11 de mayo la BBC publicó una nota que pone en duda si la pandemia provocada por la COVID-19 representa un cambio positivo y a largo plazo para el medio ambiente, o bien, si es un cambio temporal que podría desvanecerse una vez que se reactive la economía mundial.

La pandemia del coronavirus ha cambiado drásticamente los patrones de comportamiento de gases como el dióxido de carbono (CO2) y dióxido de nitrógeno (NO2) en el planeta, ambos conocidos por sus características contaminantes en la atmósfera y la afectación de las vías respiratorias de las personas. De acuerdo con el Centro de Investigación en Energía y Aire Limpio (CREA) de los Estados Unidos, algunas provincias de la República Popular China registraron una caída del 25% en las emisiones de CO2 en comparación con datos del año anterior. La Agencia Espacial Europea (ESA) y la NASA han mostrado, por medio de imágenes satelitales, la disminución de las concentraciones de NO2 en ciudades europeas como Milán, París y Madrid.

En Costa Rica, un estudio realizado por el Laboratorio de Análisis Ambiental de la Universidad Nacional confirmó que, a partir de la implementación de medidas sanitarias como el teletrabajo, la interrupción presencial al curso lectivo, el cierre temporal de algunos comercios y el inicio de las restricciones vehiculares en el país, se observó una disminución en los niveles de NO2 durante los meses de marzo-abril del 2020, respecto de los datos reportados el año anterior. Esto supone una mejoría en la calidad del aire del país, principalmente en el Gran Área Metropolitana.

Otros beneficios ambientales, además de la calidad del aire y la reducción de emisiones de gases efecto invernadero, han sido el avistamiento de fauna silvestre en espacios urbanos que han modificado el uso del suelo, el valor que ha adquirido el agua como recurso esencial para nuestra supervivencia, en este caso desde una perspectiva sanitaria, y el mapeo de amenazas de origen animal producidas por la interacción desequilibrada entre el ser humano y la naturaleza.

Efecto rebote

Aproximadamente cuatro meses después del primer caso confirmado de COVID-19 en el país, y tras experimentar las restricciones en movilidad vial, prevalece la duda sobre si los impactos positivos en el ambiente permanecerán o si, por el contrario, serán revertidos una vez que se regrese, de forma paulatina, a los estilos de vida previos a la crisis sanitaria.

Lastimosamente, el optimismo que inicialmente inundó los noticieros y las redes sociales se contrapone a los primeros datos de la reactivación económica de algunas industrias de países como China, donde la quema de carbón se ubica en la base de la actividad industrial. En Costa Rica se observa un incremento en los gases contaminantes emitidos y se avanza a una nueva normalidad que, irónicamente, es igual de contaminante a la que conocemos, no sólo en términos de calidad del aire sino también en la relación con los recursos naturales en general.

Aquí y ahora

Volver a la normalidad no es suficiente. Las sociedades deben protegerse y recuperarse; sin embargo, no se puede seguir actuando de manera insostenible. Pensar una recuperación económica y sanitaria que deja de lado la protección de la naturaleza no es una opción viable.

En cuestión de semanas, distintos actores de la sociedad se han comprometido a enfocar sus esfuerzos ante la crisis sanitaria, creando canales de comunicación con las personas, informando sobre los avances de la COVID-19 y sobre las medidas recomendadas para evitar su contagio. Además, han destinado recursos en beneficio del bien común. Entonces, ¿por qué no hacerlo de la misma manera contra la crisis socioambiental a la que nos enfrentamos?

La pandemia del coronavirus será el respiro que necesitábamos únicamente si aprendemos de sus lecciones. Las medidas de confinamiento contra la propagación de la COVID-19 deberían ayudar a atraer al centro de la discusión la necesidad de abordar la crisis ambiental de manera integral y urgente, así como se intenta con la crisis sanitaria. El cambio climático existe. Nuestra forma de habitar el mundo y de usar los recursos del planeta tiene un impacto negativo sobre la naturaleza y, por lo tanto, sobre nuestra supervivencia como especie. Con la COVID-19, tal vez el planeta nos esté enviando un mensaje de advertencia muy fuerte: la humanidad tiene que reinventar su relación con la naturaleza.