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A menos de que seamos Bill Gates, la situación de COVID-19 le llegó a la mayoría de las personas como una gran sorpresa; un evento de Cisne Negro (@nntaleb) que transformó al mundo entero. A pesar de que los riesgos de epidemias y pandemías no son nuevos, la velocidad de propagación de este virus fue inesperada.

Uno de los mayores expertos del sector, el Dr. Anthony Fauci (Director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas) aún para finales de Enero 2020 consideraba que el riesgo de que esta epidemia se extendiera a EEUU era bajo.

Ahora que el virus se está extendiendo en los países y continentes, nos toca empezar a ver cómo podemos establecer una nueva “normalidad” en nuestra forma de vivir y actuar, para lograr desarrollar una economía operante en cada país. Es evidente que todavía falta mucho para el desenlace de la crisis de salubridad y estamos a múltiples meses o incluso años de que haya una vacuna efectiva o al menos un tratamiento que permita que el riesgo humano de COVID sea menor o igual a una gripe común. Pero mientras tanto tenemos que empezar a pensar en cómo restablecer el funcionamiento “normal” de la sociedad. Claramente ningún país puede darse el lujo de estar en aislamiento y distanciamiento social estricto durante 3, 6 o 12 meses.

Empecemos por definir lo que significa una “nueva normalidad”. No es regresar a diciembre 2019. Nuestros hábitos y comportamientos necesariamente tendrán que modificarse, y ese cambio conlleva molestias y aprender nuevas formas de hacer las cosas.

El objetivo de alcanzar esa normalidad incluye restablecer el funcionamiento de las escuelas, los comercios, los restaurantes, los hoteles, los eventos deportivos e incluso las actividades informales que son tan importantes para muchos; el vendedor de lotería, el comerciante que vende plátanos en las intersecciones y también el muy “querido guachimán”.

Restablecer la confianza es clave: múltiples economistas hablan de que esta crisis conlleva un shock simultáneo a la oferta y la demanda.  Del lado de la demanda, es claro que mucho de ello tiene que ver con la pérdida de confianza del consumidor. No soy psicólogo, pero no es difícil establecer que, si un individuo está preocupado por su vida y la de sus seres queridos, difícilmente va a estar buscando aprovechar la más reciente oferta por un vehículo nuevo o un televisor 4K de 60”.

Volvamos entonces al tema de la “nueva normalidad”. Todo indica que una vacuna efectiva no estará lista hasta dentro de 12-18 meses. Casi nadie va a estar anuente a retomar su estilo de vida regular hasta que tenga confiabilidad de que no corre un riesgo elevado haciéndolo.

¿Cómo logramos entonces ese funcionamiento “cuasi normal” de nuestra vida cotidiana? Estoy seguro de que muchos expertos están dedicando tiempo a buscar esa respuesta. Muchos empresarios y autoridades gubernamentales igualmente deberían estarlo haciendo, porque hay una realidad: casi ninguna empresa va a poder sobrevivir si no puede vender su producto o servicio de manera eficiente durante los próximos 3, 6 o 12 meses.

Cualquier solución que encontremos a este problema definitivamente va a conllevar varios elementos. El problema que tenemos enfrente no es fácil, si lo fuera ya alguien lo hubiera resuelto.

Desde mi perspectiva como profesional de tecnologías de información, uno de los componentes principales de esta solución va tener que, casi obligatoriamente llevar un componente importante de tecnología que permita a las personas restablecer la confianza.

Ahora, el mundo es un mundo de probabilidades y riesgos. No existe ninguna solución que permita eliminar el riesgo en un 100%, razón por lo cual tenemos que buscar mitigar el mismo lo más efectivamente posible. Tampoco va a haber una solución perfecta.

Veamos algunos datos; según un análisis reciente, Costa Rica tiene alrededor de 4.3 millones de usuarios de internet. De esos, ~3.4 millones (68%) son usuarios de redes sociales en un dispositivo móvil. No hay datos concretos acerca del tipo de dispositivos que tienen, pero podríamos asumir que al menos un 80% de ellos cuentan con un dispositivo con bluetooth disponible. Lo cual quiere decir que tenemos una población viable TAM (total available market) de al menos 2.7 millones (3.4m*80%).  Eso representa poco más del 50% de la población total del país.

La propuesta

Tomando en cuenta el hecho de que la única forma de volver a la “normalidad” es dando una “inyección” de confianza a la población y al consumidor, entonces adentraremos la conversación en cómo utilizar tecnologías, específicamente una aplicación móvil de “Seguimiento de contactos impulsado por la comunidad” para lograr este objetivo.

No tenemos que inventar la rueda para ello. En este corto tiempo desde que inició la pandemia, ya hay países/comunidades https://techcrunch.com/2020/04/01/an-eu-coalition-of-techies-is-backing-a-privacy-preserving-standard-for-covid-19-contacts-tracing/que han sido exitosos en establecer mecanismos que permiten que la gente realice un auto-aislamiento o auto-distanciamiento usando información que es recibida en sus dispositivos. Básicamente establecer un sistema centinela automatizado.

Una de las primeras preguntas y preocupaciones que saldrán serán relacionadas con el tema de la privacidad y seguridad de datos. Pero cabe recalcar que aun países de la Comunidad Europea que cuenta con leyes de privacidad estrictas (GDPR, etc.) están considerando utilizar “Apps” como la descrita anteriormente para apoyar los esfuerzos de retorno a la normalidad. Cabe preguntar si situaciones atípicas ameritan acciones fuera de lo común.

Algunos países han implementado modelos de opt-in (participación voluntaria) y otros lo han hecho de uso obligatorio. Considerando la idiosincrasia costarricense, es posible que el modelo viable en nuestro país sea el de participación voluntaria. A pesar de ello, mientras más amplia sea la adopción de estas herramientas, mayor va a ser el beneficio y éxito del programa.

Veamos algunos detalles:

  • La aplicación dará seguimiento a dispositivos no a personas
  • Cada dispositivo (usualmente un celular) tendrá instalada una aplicación
  • Los dispositivos utilizan identificadores anonimizados. O sea, el número telefónico de cada usuario es protegido.
  • La aplicación no realiza seguimiento o registro de su ubicación o contactos.
  • Los datos se almacenan en cada teléfono durante 21 días y no se acceden a menos de que la persona haya estado en contacto con alguna persona que resulte contagiada.

De hecho, en la actualidad ya existe una posible plataforma para esto. La CCSS cuenta con la aplicación EDUS que potencialmente podría ser ajustada para brindar esta funcionalidad de 2 vías. EDUS actualmente solo funciona en 1 vía.

El esquema presentado a continuación fue publicado en el artículo de Sciencemag.org y visualiza la forma en que la aplicación permite realizar el seguimiento y notificación de los contactos.

La aplicación permite incrementar el tiempo de reacción para notificar a posibles contagiados

Uno de los casos de uso más exitosos es el de la aplicación TraceTogether lanzada por el gobierno de Singapur y recién disponible en un esquema de Open Source a otros países interesados.

Al Costa Rica contar con una amplia base de usuarios con dispositivos móviles, es posible utilizar una plataforma tecnológica para contribuir a los esfuerzos de restaurar la actividad económica y social del país.

Más allá del corto plazo, la alternativa

Es cierto que una solución tecnológica puede generar muchos “anticuerpos” en ciertos sectores de la población, pero la coyuntura en la que estamos actualmente requiere propuestas y decisiones que nos sacan de nuestra zona de confort social. La alternativa conlleva incontables meses de fricción social y económica. Recordemos que esta propuesta es un componente de una solución macro que podemos utilizar para regresarnos a un “nuevo normal” al que todos aspiramos.