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En Costa Rica nos jactamos de ser un país en el que la educación está en un primer plano. Si bien dicha afirmación tiene un elevado grado de certeza, no podemos dejar de preguntarnos si le estamos dando a la educación la importancia que merece, pues no se puede obviar que, en algunas ocasiones, para una parte de la sociedad, un logro académico no es tan relevante como uno que se gesta en el plano futbolístico.

He aquí un ejemplo de eso. En el año 2014, mientras estaba iniciando mis estudios en la Universidad de Costa Rica, vi una noticia en la que se narraba que un estudiante de Medicina de la UCR, el ahora Dr. Fabricio Sevilla, había logrado un promedio de 10, la nota perfecta, lo que lo llevó a obtener el mejor promedio de grado de dicha casa de enseñanza y, a su vez, diversas distinciones, como el Premio Regional a la Excelencia Académica Rubén Darío, el cual reconoce a los mejores promedios de grado de las Universidades Públicas de Centroamérica y el Caribe.

Recuerdo que cuando vi esa noticia quedé maravillada y atónita pues no entendía cómo un estudiante de la UCR podía obtener una nota perfecta, y mucho menos podía comprender cómo lo había logrado cursando una carrera con un nivel de dificultad tan alto como lo es Medicina. También recuerdo que ese día noté que venía de un pueblo rural y de una familia de escasos recursos económicos y me permití soñar en grande e imaginar lo increíble que sería conseguir algo como lo que había logrado Fabricio.

Aproximadamente cuatro años después, cuando ni siquiera recordaba haber tenido ese sueño, recibí la noticia de que era el mejor promedio de grado de la Universidad de Costa Rica y que había obtenido el Premio Regional a la Excelencia Académica Rubén Darío. ¡Lo había logrado! Con mucho esfuerzo, dedicación y disciplina había conseguido lo que una vez había soñado.

Así las cosas, en el mes de setiembre del año pasado, en Honduras, cinco costarricenses, en representación de cada una de las Universidades Estatales, fuimos condecorados por parte del Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA) con el mencionado premio. Sin embargo, para la que podría denominarse “la selección nacional de nerds” no hubo aplausos dentro del país, más allá de los provenientes de nuestras familias, no hubo apretón de manos con el presidente de la República, ni mucho menos cobertura por parte de los principales medios de comunicación nacional.

De modo que mientras cinco costarricenses estábamos dejando en alto el nombre del país por nuestros logros académicos, la prensa se estaba enfocando en la actuación de Keylor Navas con el Real Madrid, así como en el día a día del fútbol nacional. Esa falta de atención por parte de los ticos se ha replicado con otras delegaciones de estudiantes, quienes han representado al país en diversas competencias académicas y deportivas, sin que ni siquiera nos hayamos enterado.

Mi preocupación radica en el mensaje que se le está enviando a la sociedad costarricense y, sobre todo, a los más jóvenes, a quienes de cierta forma se les da a entender que es necesario aspirar a ser un futbolista de renombre, que forme parte de la selección nacional, para representar con orgullo al país, para ser recibido en la Casa Presidencial o para ser felicitado por sus gestas.

Sin embargo, la realidad indica que Costa Rica es tierra de artistas, de científicos, de investigadores, de médicos y agricultores, de académicos, de periodistas, de profesores… y sí, también de futbolistas. De forma que resulta transcendental transmitirles a los más jóvenes, y a los no tan jóvenes, que Costa Rica cuenta con muchísimas herramientas para permitirles desarrollarse en diversos campos y que la educación es una de las más importantes.

En nuestro país contamos con la enorme ventaja de tener un sistema educativo de calidad que es gratuito desde que los niños están en preescolar hasta que se culmina la etapa de la Educación Diversificada. Asimismo, en Costa Rica existen cinco universidades públicas cuyos sistemas de becas permiten que personas de escasos recursos económicos, cuyas familias no pueden costear un proceso de educación superior, tengan la oportunidad de formarse profesionalmente.

Así que, como sociedad, tenemos la responsabilidad de darles a los niños la opción de elegir como su modelo a seguir a Keylor Navas o Shirley Cruz, pero también a Christiana Figueres, Jorge Jiménez Deredia, Elizabeth Odio, Andrey Amador, Claudia Dobles, Kenneth Tencio, Debi Nova, Kenneth Tencio, Sandra Cauffman o Franklin Chang, por mencionar algunos ejemplos. En otras palabras, necesitamos hacerles saber que en este país tienen la oportunidad de disfrutar de un sistema educativo que les brinda cientos de opciones, y que si se lo proponen van a poder llegar igual o más alto que esos destacados compatriotas.

Para ello es necesario salirse un poco de la burbuja del fútbol y en su lugar resaltar, con mayor ahínco, los éxitos que se cosechan en otras disciplinas; así como también se les debe hacer saber a los jóvenes que soñar y trabajar componen la fórmula del éxito, y que tanto en el deporte como en la educación es necesario ser constante y disciplinado para alcanzar las metas.

Valga aclarar que mi objetivo no es que se deje de dar cobertura a eventos futbolísticos, pues quienes me conocen saben que es prácticamente imposible que me pierda un partido de mi querido Deportivo Saprissa. Por el contrario, lo que busco es que la atención que se le da a ese deporte sea replicada en otros campos, sobre todo, en el educativo, para que de esa manera los modelos a seguir se diversifiquen y existan en el país más casos de motivación como el del Dr. Sevilla, quien, sin saberlo, una vez me inspiró a soñar más alto de lo que ya lo hacía.