No hay nada peor que sentarse a conversar con alguien sobre un tema del cual una entiende poco. Tras de todo, existe una presión, no sé si social o profesional, de que la periodista debe “saberlo más o menos todo”.

Es decir, que cuando una va y hace una entrevista, se espera que maneje el tema para sacar la mejor entrevista posible. Digo, diligentemente una se prepara, lee por aquí y por allá y eventualmente escoge hacer algunas preguntas que sean congruentes con una línea determinada.

Independientemente de esto, puede que sucedan tres cosas: o que la persona entrevistada conozca bien la línea que una preparó y entonces haya un intercambio maravilloso —como el que tuve hace semanas con el ministro de Educación— o que pase lo que me pasó esta semana con Claudia Dobles Camargo, primera dama. La otra cosa que puede pasar se las cuento luego.

En esta ocasión, por más que me preparé leyendo y estudiando la verdad es que el tema me sobrepasó. Descarbonización. Una sola palabra: muchos mat...